Seidkonas, sacerdotisas vikingas

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VÖLVA O SEIDKONA

Una völva (del nórdico antiguo: vǫlva) o vala (del antiguo alto alemán: wala), a veces también mencionada como seiðkona o wicce era una sacerdotisa en la mitología escandinava y entre las tribus germánicas.

La palabra inglesa witch es la forma moderna de wicce. Como las mujeres en general en las sociedades tribales germanas pre-cristianas, las völvas practicaban seiðr (chamanismo en la magia rúnica), el cual era considerado como ergi (que no era para los hombres), a pesar de que había practicantes hombres llamados seiðmaðr (o Wicca en antiguo inglés).

También asociados a las völvas estaban los encantamientos llamados galdrar. Se creía que las völvas poseían tales poderes, y que incluso el padre de los dioses, Odín en persona, consultó una para conocer el futuro de las divinidades, un relato que se preserva en Völuspá.

Ejemplos de völvas en la literatura nórdica incluyen la vidente Heidi (alt. Heith) en la Völuspá, la bruja Gróa en Svipdagsmál y Þórbjörg lítilvölva en la saga de Erik el Rojo.

En la sociedad vikinga, de igual manera que cualquier jefe de una casa podía oficiar los sacrificios a modo de sacerdote, a las mujeres también se las podía considerar sacerdotisas de su propio hogar. De hecho, el telar que había en todas las casas, y que era parte del intransferible mundo femenino, estaba asociado con la buena suerte de la familia. Las mujeres nórdicas tenían rituales o conjuros para casi todas las acciones de la vida.
Pero había otra magia más especializada, como el caso del seidr, que podría definirse como una forma de chamanismo femenino practicado en el norte europeo. La palabra viene de la raíz indoeuropea sed- y, al igual que el sedere del latín, tiene el sentido de sentarse en comunión con los espíritus.
La oficiante, llamada seidkona, acompañándose de un canto llamado vardlokur o galdrakona para entrar en trance, conseguía desarrollar facultades para la sanación física, mental y espiritual, la profecía o la canalización de los dioses y diosas a través de otra persona. También algunos de los actos considerados comúnmente como maléficos, como provocar enfermedades, tormentas o la muerte.

Seidkona, según la descripción hecha en la Saga de Erik el Rojo
En la Saga de Kormak, se cita a una seidkona que realiza el sacrificio de un ganso antes de iniciar una sesión mágica. En otros escritos se mencionan similares sacrificios con animales de pelo negro. En la Saga de Orvar Odds se cita a una seidkona que es ayudada en su trance por un coro de 30 jóvenes de ambos sexos.

En la Saga de Erik el Rojo, una tal Thorbjorg llega a una casa donde es instada a hacer una profecía sobre cuándo acabaría la mala racha por la que estaba pasando Groenlandia. La saga pormenoriza su atuendo, lo que nos da una idea de que tenía que ser muy significativo: capa azul atada con tiras de cuero y adornada con gemas, capucha negra de piel de cordero forrada con piel de gato blanco; de esta misma piel son sus guantes, y no puede faltar una bolsa que cuelgue de su cinturón con todos los elementos que necesita para desarrollar sus facultades.

Para cenar le dan gachas con leche de cabra, que toma con una cuchara de latón, y un plato con corazones de las distintas clases de animales que hay en la granja, que come con un cuchillo de hoja rota con el mango de colmillo de morsa con dos anillos de cobre. Pero aún falta un elemento importante: alguna mujer de la granja que sepa recitar el Vardlokur. Finalmente, puede realizar la profecía sobre el final de la epidemia y del hambre que se habían desatado aquel invierno.

Después, los asistentes acuden a ella de uno en uno, y para todos hay una respuesta. La saga asegura que hubo pocas que no sucedieron tal como ella predijo.

Fuente última parte: Breve historia de los vikingos – Manuel Velasco

 
© Morganna Barcelona.

La leyenda de la Awen.

La iniciación bárdica de la Awen aparece en el mito de las manos de Ceridwen ‘la regenta de los bardos’. La versión de la leyenda en la que aparece registrada es la del cuento de Chwedl Taliesín, manuscrito del s. XVI que contiene material mucho más antiguo, probablemente incluso del siglo IX.

La leyenda dice así:

Ceridwen,  vive en mitad del lago Bala, en Powys (País de Gales), junto a su marido, Tegid Moel (‘hermoso calvo’) y sus tres hijos: Morfran (‘cormorán’); Creirwy (‘huevo de cristal’), la más bella doncella del mundo; y Afagddu (‘total oscuridad’), el menos favorecido de los hombres. Para compensarle su tremenda fealdad, Ceridwen decide hacerle sabio preparándole un brebaje mágico en su caldero de inspiración (es decir, la Awen). El brebaje debe prepararse a lo largo de todo un año y un día, y Ceridwen pone a dos personas a cuidarlo mientras ella sale a recoger hierbas: un ciego llamado Morda (‘buen mar’ o ‘gran bien’), y un niño llamado Gwion Bach (‘pequeño inocente’). Durante el último día, tres gotas del líquido del caldero le salpican, quemándole el dedo. Lo mete en la boca y al instante gana los tres dones de la inspiración poética, la profecía, y el poder cambiar de forma a voluntad.

Con su don de la profecía, Gwion sabe que Ceridwen intentará matarle por haber probado lo que estaba destinado a su hijo, así que usa su don de cambiar de forma para huir en forma de liebre. Ceridwen le persigue en forma de galga, así que él se convierte en pez. Ella se convierte, a su vez, en nutria. El se hace pájaro, ella, halcón. El se convierte en un grano más de trigo entre los del suelo del molino, ella, sin embargo, convertida ya en gallina negra, le engulle.

Después de nueve meses, Gwion vuelve a nacer del vientre de Ceridwen, quien no puede contemplar su asesinato ‘debido a su gran belleza’, así que le ata dentro de una bolsa de cuero y le lanza al mar en la víspera de Mayo. El primer día de Mayo por la mañana, la bolsa es descubierta en un apostal de pesca, y abierta. La primera persona en contemplar al hermoso bebé dentro de la bolsa dice ‘”Mirad, una frente radiante!”. Y es así que el niño recibe el nombre de Taliesín, que en galés significa ‘frente radiante’. Taliesín, a pesar de tener tan tierna edad, es capaz de improvisar unos versos perfectos por virtud de la Awen recibida del caldero de Ceridwen. Más tarde logrará la fama como jefe de los Bardos de Gran Bretaña.

Cuando el protagonista del cuento, Gwion Bach, se mete el dedo en la boca, al instante gana los tres dones, el de la inspiración poética, la profecía, y el poder cambiar de forma a voluntad. Las tres gotas del líquido del caldero se convierten en el primer escalón hacia los tres dones de los iniciados celtas.

Así, a lo largo de su viaje iniciático, Gwion encuentra tres recipientes transformadores: el caldero, el vientre, y la bolsa de cuero de la cual finalmente sale como Taliesín. Los tres recipientes representan a una serie de iniciaciones a los tres grados de bardo, vate y druida. La bebida del caldero abre la mente del bardo al don de la Awen, la estancia en el vientre de la diosa da al vate sabiduría para entenderlo, la prueba de ser abandonado al mar dentro de la bolsa de cuero capacita al druida para poder conquistar el último miedo, el de la muerte. Por tanto, los dones concedidos a Taliesín por las gotas mágicas del caldero equivalen a los tres grados de inspiración poética (invocación a las musas) para los bardos, la profecía para los vates, y cambiar de forma para los druidas.

Estos tres grados son descritos por Jean Markale en su libro titulado El cristianismo celta, donde nos dice que la clase druídica incluía las siguientes tres categorías funcionales:

“El lo alto de la jerarquía se encontraban los druidas propiamente dichos: eran los verdaderos sacerdotes, celebraban el culto, impartían justicia, se entregaban a especulaciones filosóficas y teológicas y, por su conocimiento de de las ciencias de la naturaleza, practicaban la medicina. Una segunda categoría era la de los bardos, en primer lugar poetas de la corte, encargados de la alabanza y la reprobación, cronistas oficiales, cantores, árbitros en los conflictos privados, operadores de ese ritual mágico que es la sátira, el encantamiento, el geis irlandés. La tercera categoría es la de los vates, es decir, los adivinos; éstos practican la adivinación, el arte augural, la interpretación de la naturaleza, y son también los sacrificadores”.

El segundo regalo que concede el caldero es el de la profecía mediante la Awen, perteneciente a la tercera categoría de Markale; este tipo de profecía tal y como fue practicada es descrita por Giraldus Cambrensis en su Descripción de Gales, escrita hacia finales del siglo XII:

“Entre los Galeses hay ciertos individuos llamados Awenddion que se comportan como si estuvieran poseídos. Cuando les consultas acerca de algún problema, de inmediato se ponen en trance y pierden el control de sus facultades […] No contestan a la pregunta que uno les hace de manera lógica. Las palabras fluyen de sus bocas de manera incoherente y aparentemente sin sentido, pero aún así bien expresadas, y si escuchas atentamente a lo que dicen recibirás la solución a tu problema. Cuando vuelven en sí, no se acuerdan de nada de lo que hayan dicho mientras tanto […] Parecen recibir el don de la adivinación a través de visiones que ven en sueños. Algunos tienen la impresión que la miel o leche azucarada ha sido frotada en sus labios, otros dicen que una hoja de papel inscrita de palabras es apretada contra sus labios. Nada más salir de su trance y recuperarse de sus profecías, eso es lo que afirman que les ha pasado […]  Si se pregunta por qué intervención sobrenatural tales profecías se hacen posibles, no digo necesariamente que sea por brujería o por la intervención de espíritus malvados. Es cierto que el conocimiento de lo que trae el futuro se dice que es propiedad tan sólo de Dios, porque solamente él puede predecir el futuro por virtud de su omnisciencia, libremente dispensada desde arriba […] No debe de extrañar a nadie  si los que de repente reciben el espíritu de Dios como señal de gracia del cielo parecen durante una temporada haber perdido el uso de su razón.”

En la tradición de los bardos irlandeses, el equivalente más cercano a la Awen es Dan, o Dana, un término que tiene varios significados relacionados, incluyendo ‘un don, tesoro, don espiritual u ofrenda’, ‘arte, ciencia, vocación‘, ‘el arte de la poesía‘, ‘poema’ o ‘canción.’

En Irlanda, el término Aos Dana (literalmente ‘la gente del arte’) denominaba a cualquiera que practicaba las artes bárdicas. Sin embargo, la diosa más asociada con el orden de bardos en Irlanda es Brighid, cuyo nombre significa ‘Doncella,’ o ‘Mujer Bella,’, aunque también se puede interpretar como ‘el Poder del Destino’.

Brighid o Brigantia la exaltada es la diosa de los profetas entre los celtas, y fue asociada por los romanos a Minerva, ya que ambas son diosas de la sabiduría y de la inspiración. Brigid es también la diosa de la sanación, estableciendo un vínculo entre profetas y chamanes, ya que sanar es una de las funciones del chamán.

Pero esta realidad mitológica que acabamos de describir se correspondía a una Irlanda precristiana, ya que los druidas poseedores del Dan habían degenerado mucho antes de la llegada de san Patricio, y según parece, ya no eran más que magos. Este hecho favoreció la aparición de una cuarta categoría, la de los fili, que a modo ‘druidas de transición’, recuperaron a la vez el conocimiento de los druidas y las funciones de los bardos, al haber sido éstos despreciados en época muy temprana.

En la época de san Patricio, estos fili eran todopoderosos, y el acierto de Patricio y sus sucesores fue concluir una verdadera alianza con ellos contra los druidas y los adivinos. Estos fili se convirtieron en su mayor parte y constituyeron el esqueleto de la nueva casta sacerdotal cristiana, llegando a ser incluso obispos.

Tríadas Druídico-Celtas

 

Las Tríadas Druídico-celtas

Los druidas trasmitían sus conocimientos por palabra, nunca escribían y usaban unas sofisticadas estrategias nemotécnicas para trasmitir y memorizar la mas corriente era la triada, sin embargo como los druidas apenas distinguían entre la sabiduría sagrada y secular el mero acto de acuñar conocimientos en una triada estos ya recibían la categoría de enseñanza druídica , a menudo el mensaje de la triada no esta claro y la aportación mas importante estaba en el ultimo elemento.

El tres es el número más importante en la cultura celta, es un número sagrado. Para los celtas, todos los aspectos de la vida van unidos en grupos de tres, así, su concepto del ser humano se agruparía en: cuerpo, alma y espíritu; el del mundo en: tierra, mar y aire; el ciclo de la vida en: nacimiento, muerte y reencarnación; como también algunos de sus dioses se formaban en trinidad. Las diosas se representan de tres en tres , los reyes celtas tienen triples atribuciones, el numero tres refuerza el poder.

Dentro de este pensamiento existen las tríadas druídico-celtas que conforman la sabiduría, leyes y costumbres que servían para regular las comunidades celtas. Hay cientos de tríadas. Pero sólo os pondré unas cuantas:

LA IMAGINACIÓN ES LA LLAVE DE LA SABIDURÍA, LA SABIDURÍA ES EL MAPA HACIA EL CAMINO DEL ESPIRITU, EL ESPIRITU SE REVELA A SI MISMO A TRAVÉS DE LA IMAGINACIÓN; ESO ES EL NUDO ETERNO.

TRES VELAS QUE ILUMINAN TODA OSCURIDAD: VERDAD, NATURALEZA Y CONOCIMIENTO. Lema de vida.

El Awen simboliza en el ser humano las tres virtudes druidas
Coraje.
Hermandad.
Servicio desinteresado.

TRES ACCIONES PRIMARIAS
Antes de hablar, ESCUCHA.
Antes de escribir, PIENSA
Antes de darte por vencido, INTÉNTALO.

Las tres causas del verdadero bien humano son
La verdad.
El honor.
El deber.

Tres desigualdades en el mundo
La belleza.
El amor.
La necesidad.

Tres tipos de hombres
Los de los Dioses que devuelven bien por mal.
Los de la oscuridad que devuelven mal por bien.
Los de este mundo que pagan bien con bien y mal con mal.

Tres tipos de personas
Las que se preocupan hasta la muerte.
Las que trabajan hasta morir.
Las que se aburren hasta la muerte.

Tres cosas que muestran a un verdadero ser humano
Boca silenciosa.
Ojo no curioso.
Rostro sin miedo.

Tres cosas que se aman de una persona
Serenidad.
Sabiduría.
Bondad.

Tres cosas que un hombre es
Lo que él piensa que es.
Lo que los demás piensan que es.
Lo que realmente es.

Tres signos de un mal hombre
La amargura.
El odio.
La cobardía.

Tres cosas detestables en una persona
Su ignorancia.
Sus malas acciones.
La perversidad de su interior.

Tres tendencias malas en una persona
El orgullo sin la generosidad.
La avaricia sin justicia.
La ira sin piedad.

Tres clases de personas que llevan una maldición
Los que trabajan contra las leyes de la naturaleza sin que les importe.
Las que no saben nada de los dioses y no buscan aprender.
Quienes saben mucho y no comparten su conocimiento con otros.

Tres atributos de una persona que puede ejercer el mal
Un rostro airado.
Un espíritu arrogante.
Una codicia insaciable.

Tres maestros de la humanidad
El primero es una actitud: ver y escuchar.
El segundo es la inteligencia, que viene de la reflexión y la meditación.
El tercero es el genio, el individuo, un regalo de los Dioses.

Tres fuentes de la sabiduría
Pensamiento.
Intuición.
Aprendizaje.

Tres seguidores de la sabiduría
Imaginación.
Propósito.
Esfuerzo.

Tres virtudes del saber
Ser consciente de todo.
Soportarlo todo.
Ser despojado de todo.

Tres cosas que obstruyen la sabiduría
El orgullo.
La codicia.
La timidez.

Tres cosas que deben ser controladas
La mente.
El deseo.
La mano.

Tres cosas de las que nunca hay que ser movido
Los juramentos que uno hace.
Los dioses de uno.
La verdad.

Tres formas de perder la excelencia
Ser el sirviente de las propias pasiones.
No aprender del ejemplo de los otros.
Entregarse al exceso.

Tres personas que deben de ser respetadas y admiradas
Los que aman a la naturaleza.
Los niños.
Los verdaderos artistas.

Tres personas con las que es fácil no estar
Las que no benefician a nadie.
Las que no le dan alegría a nadie.
Las que no están en paz con nadie.

Tres cosas que el sabio debe de evitar
Esperar lo imposible.
Llorar por lo irrecuperable.
Temer lo inevitable.

Tres cosas esenciales que el bardo debe conocer
A sus dioses.
A ellos mismos.
Los engaños del mundo.

Las tres virtudes de un bardo
Decir la verdad.
Buscar justicia para los oprimidos.
Ejercer la razón en situaciones difíciles.

Las tres funciones del Bardo
Alentar la celebración de las fiestas de temporada.
Demostrar amabilidad y hospitalidad.
Ayudar a mantener la paz.

Tres cosas que un bardo no debe de revelar
Una verdad injuriosa.
La ignominia de un amigo.
Los secretos druídicos.

Tres condiciones por las cuales un druida puede ser depuesto
Por llevar a cabo un asesinato o una guerra.
Por mentir.
Por desvelar un secreto.

Tres claves del saber druídico
Saber.
Atreverse.
Guardar silencio.

Tres cosas que hacen necesario el renacimiento para el hombre
Su fracaso en la obtención de la sabiduría.
Su fracaso en alcanzar la independencia.
Su apego a su ser superior.

Tres seres hermosos del mundo
El correcto.
El hábil.
El razonable.

Tres cosas que se asemejan entre ellas
Una espada brillante que se oxida por estar mucho tiempo en la vaina.
El agua cristalina que apesta por estar mucho tiempo estancada.
La sabiduría que está muerta por haber pasado largo tiempo en desuso.

Tres cosas que es mejor hacer rápido
Atrapar una pulga cuando la sientas.
Evitar el camino de un perro rabioso.
Suavizar las contiendas.

Tres funciones del habla
Recitar.
Discutir.
Contar cuentos.

El loco se ríe de tres cosas
De lo bueno.
De lo malo.
De lo que no entiende.

Tres falsedades que harán creer a una persona lo que no debe
La falsedad en el discurso.
La mentira del silencio.
El engaño de la conducta.

Tres cosas que demuestran poca sabiduría
La vanidad.
La codicia.
Los chismes.

Tres objetivos para el retorno de las almas a este mundo
Para recoger en el alma las propiedades de todo ser.
Para adquirir conocimientos de todas las cosas.
Para adquirir el poder para vencer el caos.

Tres cosas entre las cuales hay una gran diferencia
Lo que es alabado y lo que es perdonado.
Lo que es perdonado y lo que es sufrido.
Lo que es sufrido y lo que no es castigado.

Tres maravillas
Perdonar un malhechor.
Modificar todo lo posible.
Abstenerse de la injusticia.

Tres partes en el mundo
Tres principios y tres fines, tanto para el hombre como para el roble.

Tres reinos de Merlín
Con frutos de oro.
Con flores brillantes.
Con niños que ríen.

Tres cosas sin las cuales uno no es todo
Un compañero(a).
Un hogar.
Un oficio.

Tres cosas que ganarán los que ejercen el mal
Penuria.
Mala reputación.
Mala conciencia.

Tres tipos de personas detestables
El mentiroso.
El ladrón.
El avaro.

Tres derechos inalienables
La vida.
La libertad.
La búsqueda de la felicidad.

Tres cosas excelentes para cualquier persona
El valor.
El aprendizaje.
La discreción.

Tres cosas excelentes en cualquier persona
Diligencia.
Sinceridad.
Humildad.

Tres cosas difíciles de atrapar
Un ciervo en la montaña.
Un zorro en el bosque.
La moneda del avaro.

Tres regalos de los Dioses para cada uno de nosotros
Amor en nuestros corazones.
Conocimiento en nuestras mentes.
Verdad en nuestras palabras.

Tres cosas que arruinan la sabiduría
La ignorancia.
El conocimiento erróneo.
El olvido.

Los tres pasos del razonamiento
Tesis.
Antítesis.
Síntesis.

Tres ramas del saber
La poesía de los bardos.
El conocimiento de los ovates.
La sabiduría de los druidas.

Tres atributos de los que buscan el consejo de los antiguos espíritus
Iluminación.
Sabiduría.
Claridad.

Tres hermanos aprensivos
«¡Silencio!»
«¡Alto!»
«¡Escucha!»

Tres formas de complacer a los Dioses
Amando todo lo vivo con todo el corazón.
Amando todo lo bello con todas las fuerzas.
Buscando todo el conocimiento con toda la comprensión.

Tres raíces de todos los males
La codicia.
La mentira.
La arrogancia.

Tres tipos de conocimiento
La naturaleza de algo.
La causa de algo.
La influencia de algo.

Tres cosas en las que cada persona debe reflexionar
De dónde vienen.
Dónde están.
Hacia dónde irán.

Tres premios para los que aprenden a templar sus emociones
Experiencia.
Fortaleza.
Introspección.

Tres cosas de las que todos somos capaces y sin las que nada puede ser
Fuerza del cuerpo.
Sabiduría como fortaleza de la mente.
Amor a la sabiduría intuitiva.

Tres cosas excelentes entre los asuntos mundanos
Odiar la tontería.
Amar la excelencia.
Esforzarse constantemente por aprender.

Tres remedios infalibles en todas las enfermedades
La naturaleza.
El tiempo.
La paciencia.

Hay tres cosas que los crueles obtendran
La tortura de su conciencia.
El menosprecio de los sabios.
La ira de los Dioses.

Tres normas de trabajo
De cada desorden encontrar la simplicidad.
De la discordia encontrar la armonía.
En medio de la dificultad reside la oportunidad.

Tres cosas necesarias para desempeñar alguna tarea
Conocimiento.
Aptitud.
Propósito.

Tres cosas que engañan al mundo
Las promesas de los «líderes».
Las vestiduras de los sacerdotes.
Las mentiras de los traidores.

Tres cosas que agreden sólo a los más débiles
La hostilidad de las personas.
El enriquecimiento impropio.
La soberbia.

Cuando uno «muere», hay sólo tres cosas que quedarán en este mundo
Lo que has enseñado a los demás.
Lo que has creado con tus manos.
La cantidad de amor que has entregado.

Tres cosas que hay que hacer para conseguirlo
Aprender más y más con el fin de enseñar los valores de sabios.
Trabajar más y más para dejar cosas en este mundo.
Amar, amar a la gente de alrededor, porque la luz del amor lo cura todo.

Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo.
El éxito es fácil de obtener. Lo difícil es merecerlo.
Nadie me ofende impunemente.
Tu corazón es libre, ten el valor de hacerle caso.
Si no sabes el camino, camina despacio.
Quien vive sin disciplina, muere sin honor.
Obrar sin actuar y enseñar sin pronunciar palabra.
Un buen comienzo es la mitad del trabajo.
Puedo crear mi propia realidad con mis pensamientos, sentimientos y acciones.
Hagas lo que hagas, sea bueno o malo, volverá de nuevo a ti tres veces.
El cuerpo enferma porque el espíritu busca. Las respuestas necesitan de la pregunta del dolor… Gracias os doy por la enfermedad que nos permite crecer…
Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida.
Me levanto… Por la fuerza de los cielos… Amanezco… Por la fuerza secreta y divina que me guía….
La magia es el estudio del mundo de forma que lo que nos es desconocido pueda ser entendido. Algunos podrían decir que esto es ciencia. La Ciencia, sin embargo, se enfoca solamente al mundo material, con las relaciones entre los objetos físicos y las fuerzas que los influencian. Pero hay mucho más en este mundo que eso y es a través de este acercamiento que el mundo puede ser completamente comprendido.

Seres de luz que iluminan mi camino. Bellas criaturas de la noche y del día les pido bendiciones en mi destino y que llenen de magia mi vida..

A parte de las Tríadas, también daban importancia a los grupos de cuatro.

Cuatro son las fases de la luna: Llena, Menguante, Nueva y Creciente.
Cuatro son los animales primarios totémicos: Jabalí, Ciervo, Águila y Salmón.

Cuatro son las edades del Hombre: Infancia, Juventud, Madurez y Vejez.
Cuatro son los tesoros míticos de los celtas: La Lanza de Lugh, la Espada de Nuada, el Caldero de El Dagda y la Piedra Lia Fáil.
Cuatro son las ciudades míticas de los celtas: Gorias, Finnias, Murias y Fálias.
Cuatro son los maestros druidas legendarios: Morias, Sénias, Urias y Arias.
Cuatro son los puntos cardinales básicos: Norte, Sur, Este y Oeste.
Cuatro son las festividades Mayores: Samhain, Imbolc, Beltane y Lughnasadh
Y Cuatro son las festividades Menores: Alban Arthan (Yule). Alban Eilir, (Ostara), Alban Heruin (litha) y Alban Elfed (Mabón)

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LOS DRUIDAS: LOS MISTERIOSOS FILÓSOFOS DE LA GALIA

Magos y brujos en el imaginario colectivo, los druidas eran en realidad filósofos y teólogos. Gracias a su larga y exigente educación, adquirieron un prestigio sin igual en la antigua Galia.
En la Galia existen filósofos y teólogos respetados a un grado máximo, llamados “druidas” […] Se les considera como los hombres más justos […] A menudo reflexionan acerca de los astros y su movimiento, del tamaño del mundo y de la Tierra, del poder de los dioses inmortales y sus aptitudes; transmiten a la juventud todo este saber». Con estas palabras de admiración se refería a los druidas galos uno de los mayores sabios de la Antigüedad, el filósofo Posidonio de Apamea. Tras haberlos conocido de primera mano en un viaje que realizó a la Galia en el año 100 a.C., Posidonio redactó un informe en el que describía a los druidas con palabras griegas inequívocas, como «filósofo» o «teólogo», lejos de la confusa y hoy en día popular imagen que ve a los druidas como sacerdotes de una religión ancestral, magos o incluso hechiceros. Esta opinión no tiene nada de excepcional. Desde el siglo IV a.C., diversos autores griegos utilizaron el mismo término de «filósofos» para referirse a los druidas de la Galia, dándoles de este modo el mismo estatus que tenían los «magos» para los persas. Incluso se preguntaban si los druidas no estaban más avanzados en cuanto a sabiduría. ¿Acaso practicaron la filosofía antes que ellos?
En esa época, el término «druida» ya se conocía en las orillas orientales del Mediterráneo: servía para referirse a «aquellos que mejor ven y perciben lo que vendrá; los que adivinan». En Grecia se comparaba a los druidas con los pitagóricos, los discípulos del gran filósofo y matemático Pitágoras; ambos grupos conformaban, en cierto modo, sectas cerradas, elitistas, que cultivaban el secretismo y prohibían poner por escrito sus enseñanzas, transmitidas oralmente. Al igual que los pitagóricos, los druidas creían en la existencia de un alma inmortal, llamada a reencarnarse perpetuamente. Compartían la predilección por el estudio del universo y los números. Las dos escuelas profesaban una filosofía cuyo objetivo era lograr que las relaciones entre los hombres fueran más armoniosas, dato que presagiaba su intervención en asuntos políticos. Algunos creían que los druidas fueron alumnos del mismo Pitágoras, y otros que éste fue alumno suyo. Lo más probable es que ni Pitágoras ni los druidas hayan tenido jamás contacto, aunque es posible que los colonos foceos establecidos en Marsella hubieran servido de intermediarios entre ambas escuelas. Con todo, los sabios galos fueron considerados grandes intelectuales tres o cuatro siglos antes de la conquista romana de la Galia.
¿Cómo pudieron aparecer los druidas de forma tan precoz en ese mundo galo que nos parece tan oscuro y arcaico? La comparación con las demás civilizaciones de las orillas del Mediterráneo nos aporta una explicación. Aquí y allá hubo entonces hombres que se dedicaron al estudio astronómico, probablemente con una finalidad adivinatoria. Lo mismo hicieron los druidas, que muy pronto pudieron crear un calendario basado en el doble recorrido del sol y de la luna. Tal realización fue el resultado de una constante observación de los astros durante siglos, una práctica que los familiarizó primero con el cálculo, luego con la geometría y, por último, con las ciencias en general. Todos estos conocimientos hicieron que, en un mundo dominado por unas élites aristocráticas ocupadas en hacer la guerra, se considerara a los druidas como grandes sabios que debían ser respetados y escuchados. Fue así como, a partir del siglo V a.C., los druidas alcanzaron una posición preeminente en los asentamientos galos. Así lo atestiguaba el filósofo Dion Crisóstomo: «Los druidas dominan el arte adivinatorio así como todas las ciencias. Los reyes no pueden tomar decisiones sin su consentimiento. También cabe decir que ellos son los que mandan y que los reyes son sus ministros, los servidores de su sabiduría; éstos se sientan sobre tronos de oro, viven en hermosas casas y gozan de suntuosos banquetes».
Entre el siglo V y II a.C., el paisaje de la Galia se transformó por completo. Carreteras y vías fluviales la atravesaron en todas direcciones, y la agricultura y la ganadería se desarrollaron de forma espectacular, así como la artesanía sobre madera y la metalurgia. En este desarrollo tuvo mucho que ver la influencia griega, a través de los comerciantes y colonos que llegaron a las costas de la Galia, hasta tal punto que los galos llegaron a ser conocidos por sus vecinos como «filohelenos». Fue una «edad de oro» en la historia de la Galia, una época mítica en la que los sabios druidas gobernaban la comunidad si no políticamente, sí espiritualmente.
Aquélla fue precisamente la razón de que el filósofo y científico griego Posidonio de Apamea quisiera visitar la Galia en torno al año 100 a.C. Posidonio llevó a cabo una serie de investigaciones geográficas, históricas y meteorológicas, pero sobre todo afirmó haber conocido a los druidas, de los que dejó una descripción muy precisa. Aunque no se ha conservado el original de su obra, ésta fue copiada o resumida por Julio César, Diodoro de Sicilia y Estrabón. Sabemos así que, además de los druidas, existían otras dos órdenes de religiosos que se ocupaban de los asuntos sagrados. De las dos, los bardos eran los más conocidos. En su origen, estos poetas inspirados cantaban sus obras mientras tocaban una lira de siete cuerdas que producía una cautivadora música melódica. Su palabra era sagrada, incluso se consideraba que estaba directamente inspirada por los dioses, y disponían de un poder considerable sobre la población.
Los bardos actuaban como auténticos censores de la sociedad, dedicaban elogios a algunos personajes y les ayudaban a ocupar cargos políticos, mientras que a otros les dirigían crueles sátiras que podían acabar con sus carreras. Los druidas, que reivindicaban el conocimiento exclusivo de los dioses y del universo, los consideraban sus rivales y se enfrentaron a ellos, al parecer con cierto éxito: cuando Posidonio viajó a la Galia, los bardos ya no eran más que bufones a sueldo de unos cuantos aristócratas adinerados. Los vates, por su parte, llamados «ovates» o «eubagos», constituían una tercera orden religiosa entre los galos. De origen muy antiguo, practicaban la adivinación mediante el sacrificio de animales e incluso a veces de seres humanos. Pero los druidas también los fueron suplantando progresivamente. Es probable que los vates se dedicasen más tarde a oficiar el culto público.
Así pues, los druidas pretendían ser los únicos intermediarios entre los hombres y los dioses. Como inventores del calendario, eran ellos quienes decidían las fechas de las fiestas religiosas; como teólogos, sólo ellos podían conocer la naturaleza de los dioses, sus deseos y la manera de honrarlos. Esa posición clave en la práctica del culto les permitió impulsar una profunda reforma de la vida religiosa en la Galia antes de la conquista romana.
Con los druidas, la religión ya no se limitó a la esfera privada, sino que adquirió una función social y política. Sus conocimientos en astronomía y geometría les permitieron levantar majestuosos santuarios para la comunidad, equivalentes a los templos griegos y romanos. Los fieles dejaron de ser simples individuos para convertirse en comensales que compartían la carne con los dioses en el marco de grandes banquetes. Muy apreciados por los guerreros, estos festines revestían una forma tanto religiosa como política. Así, se invitaba a los guerreros a ofrecer a los dioses la mayor parte del botín de guerra y, a cambio, los druidas los declaraban ciudadanos de pleno derecho. Los druidas convencieron a los galos de que abandonaran los sacrificios humanos; en el caso de los criminales, eran ejecutados después de procesos en los que los druidas actuaban como jueces. En cuanto a las ofrendas a los dioses, adoptaban dos formas: el sacrifico de animales domésticos – buey, cerdo, cordero– y la ofrenda de armas y objetos preciosos. También cambió la imagen de los dioses, la concepción del universo y el destino del hombre. El extraño panteón de los galos que nos transmite Julio César en su Guerra de las Galias, en un pasaje copiado sin duda de Posidonio, es el de los druidas tal como éstos lo expusieron al viajero griego: «La divinidad que más adoran es Mercurio… Luego vienen Apolo, Marte, Júpiter y Minerva, de los cuales tienen una concepción semejante a la de las otras naciones». Estos dioses prodigaban sus virtudes a los hombres para hacerlos más sociables y acogedores con los extranjeros y, sobre todo, con los mercaderes.
Según los relatos de Posidonio, los druidas profesaban una forma de panteísmo: identificaban la divinidad con el cosmos entero y los hombres participaban en el ciclo perpetuo de la naturaleza. Sólo importaba la pureza del alma. Todo lo demás, la vida terrenal y sus muestras materiales, carecía de valor alguno. Por ello, los galos nunca dejaron monumentos u obras de arte que testimoniasen su ingenio.
Los druidas pusieron su talento al servicio del conocimiento en ámbitos muy variados. Posidonio nos revela que se dedicaban principalmente a la «fisiología», es decir a las ciencias naturales, la física, la química, la geología, la botánica y la zoología. Como los griegos, los druidas especulaban sobre la composición de la materia y trataban de aislar sus principales componentes: el aire, el agua y el fuego. Imaginaron un fin del mundo que se produciría por la separación de estos tres elementos y acabaría con el dominio absoluto del fuego y del agua. Sin embargo, este fin del mundo se inscribía en un ciclo perpetuo de renacimiento y destrucción. Según Plinio el Viejo, los druidas clasificaron las especies vegetales y animales y estudiaron los usos que el hombre podía darles. En cuanto a la farmacopea, cabe destacar que los galos atribuyeron al muérdago numerosas propiedades, y las investigaciones actuales han demostrado que esta planta posee grandes poderes terapéuticos, sobre todo en el tratamiento de ciertos tipos de cáncer. Los druidas destacaron también en el campo del arte. En particular, las composiciones del llamado estilo plástico revelan una espiritualidad que sólo podía provenir de una élite intelectual que reflexionaba acerca del papel de la imagen. Por otra parte, su saber también tuvo aplicaciones prácticas. En el campo de la agricultura desarrollaron, por ejemplo, el abono con estiércol, mientras que en el de la metalurgia cabe atribuirles la invención del hierro forjado y de la hojalata.
Los druidas estaban muy implicados en la vida política de su sociedad. Eran los únicos que poseían los recursos intelectuales y técnicos suficientes para  llevar a buen término negociaciones y redactar tratados, entre otras cosas. Establecieron las primeras leyes y prepararon las constituciones de algunos pueblos galos, como es el caso de los eduos, entre quienes los druidas supervisaron el nombramiento de sus magistrados. Gozaban asimismo de un estatus cívico privilegiado: no tenían que pagar impuestos ni cumplir con ningún tipo
de obligación militar. Además, su influencia no se limitaba sólo a los distintos pueblos-Estado, sino que se extendó al conjunto del territorio que progresivamente se fue convirtiendo en una realidad geográfica y política: la Galia.
Muy pronto, los druidas repartidos por la región céltica y por Bélgica se federaron. Cada año se reunían en una gran asamblea y debatían sobre cuestiones teológicas, pero también sobre los últimos avances científicos. Se elegía a un Gran Druida, el equivalente a un jefe político, que conservaba dicho título honorífico hasta su muerte. El lugar de la asamblea se situaba en el centro de la Galia; en el siglo II a.C. –el momento en el que la Galia alcanzó su extensión máxima, desde la desembocadura del Rin hasta los Pirineos, desde el océano hasta el extremo de la meseta suiza– los druidas se reunían en tierras de los carnutos, cerca de la actual ciudad de Orleans. En el curso de esta gran asamblea, los druidas impartían justicia; y los pueblos que se comprometían a acatar las decisiones tomadas a un nivel superior, ya nacional, acudían allí a exponer sus desavenencias.
El extraordinario prestigio que rodeó a los druidas no duró eternamente. Su misma implicación en los asuntos políticos, diplomáticos y judiciales les hizo perder su carisma espiritual ante sus compatriotas. Pero lo que les afectó más profundamente fue la creciente influencia de la cultura romana. La invasión de productos de lujo a través de los comerciantes romanos cambió los hábitos de la aristocracia indígena y fue erosionando las creencias tradicionales de los galos, incluida la fe en el poder de los druidas. Es característico el caso del eduo Diviciaco, único druida cuyo nombre conocemos. Como primer magistrado de su ciudad colaboró activamente en la conquista romana y se hizo amigo de César, pero puso el mayor empeño en ocultarle su oficio; al contrario que sus lejanos predecesores, probablemente no se enorgullecía de él, pese a que su educación druídica le había permitido convertirse en un experto de la adivinación a través de los números.
Con la conquista romana, los adversarios de César fueron eliminados y gran parte de la nobleza asimiló los valores de Roma. Los últimos druidas auténticos acabaron desapareciendo. Los que reivindicaron ese título algunas décadas o siglos después no eran ya sino adivinos o brujos de poca monta. Ninguno  había recibido la estricta educación oral que había sido el secreto de los druidas: veinte años de estudios en los que los aspirantes a druida adquirían el inmenso conocimiento de sus mayores.
Fuente: almacendeclasicas.blogspot.com
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El Nemeton.

 
 
La palabra gala nemeton o nemeto- designa el santuario, el lugar específico en el que los celtas practicaban el culto, bajo la dirección de los druidas. El equivalente gaélico es Nemed que significa «sagrado». En britónico, se encuentra nyfed y neved en bretón en el sentido de «santuario ». Estrabón refiere que el nombre del santuario de los gálatas de Anatolia era Drunemeton (Libro XII.I).
 

 

Estos lugares sagrados se encuentran en le mundo celta, también en Gran Bretaña, en Hungría, en Alemania, en Suiza, en la República Checa, etc., y evidentemente en Galia, donde la arqueología ha demostrado la riqueza y la abundancia de estos sitios. A título de ejemplo, se pude citar el importante nemeton del bosque de Nevet (palabra que proviene del bretón neved, plural nevedoù, ‘santuario’, del que proviene el céltico nemeton), en Locronan (departamento de Finisterre) en Bretaña, el recuerdo de cuyos rituales druídicos se perpetua en nuestros días en la forma cristiana de la Troménie.
En las épocas más antiguas, el culto tenía lugar al aire libre, en lugares consagrados, determinados por los druidas, y no es descabellado pensar que sitios megalíticos fueran «recuperados» con fines religiosos.
Los recintos y las construcciones aparecieron tardíamente, en la primera mitad del siglo III a. C., y fueron utilizados hasta la invasión romana. Por consiguiente, su construcción y su empleo estuvo limitada en el tiempo. Se puede citar a título de ejemplo: Gournay-sur-Aronde en el departamento de Oise y Mirebeau-sur-Bèze en el de la Côte-d’Or, en Francia, Navan Fort en Irlanda del Norte, (capital mítica del reino del Úlster , conocida en la literatura épica con el nombre de Emain Macha, residencia del también mítico rey Conchobar Mac Nessa), Holzgerlingen o Felbach-Schmieden en Alemania, Mšecké Žehrovice y Oppidum Závist en Bohemia, Ludéřov en Moravia.

 

Con el término alemán Viereckschanze,los arqueólogos designan un espacio cuadrangular, rodeado de un foso y de un terraplén, rematado con una empalizada de madera. Sin embargo, el uso de este término técnico no está restringido al nemeton, que es únicamente un tipo de Viereckschanze.
El importante sitio de Gournay-sur-Aronde, por ejemplo, es un recinto cuadrado de 40 metros de lado, que consta de un foso de 2 m de profundidad y de una anchura de 2,5 m, cruzado por una entrada situada en la fachada este. Este acceso estaba enfrente de un edificio rectangular.

 

Los sitios que han sido excavados tienen huesos de animales en grandes cantidades, esqueletos humanos y numerosas armas neutralizadas (rotas o retorcidas). Ello revela la práctica de sacrificios. Se tiene constancia de sacrificios de prisioneros de guerra, pero parecen limitados. Los restos humanos pueden ser osarios de guerreros, honrados con una ceremonia.
Se puede suponer que los recintos sirvieron para las prácticas druídicas, como la justicia, la magia, la adivinación, etc.
  • Uno de los antiguos nombres de Clermont-Ferrand era Augustonemetum.
  • Los de Arras eran Nemetocenna, después Nemetacum Atrebatum, con el sufijo -acum de localización.
  • El nombre de Nanterre refleja directamente la evolución fonética de Nemetoduru(m), dicho de otra manera, «puerta» o «lugar del templo».
  • Los topónimos del tipo Nonant (cf. Nonant-le-Pin) procedente de *Novionemeto-, de noviios, nueve, nuevo, es decir «nuevo santuario».
Wikipedia.
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Caldero de Gundestrup


Se trata de un recipiente ritual hallado en Himmerland, Dinamarca, en 1891, en el lecho seco de una turbera, desmontado en cinco piezas rectagulares y largas, siete más cortas y una redonda. Cada placa rectangular estaba realizada en plata casi pura (97%) y repujada con variados motivos; animales, vegetales y antropomórficos.
Sophius Muller reconstruyó las piezas para lograr el caldero tal como se ve en la actualidad; el recipiente mide 42 cm de altura con un diámetro de 69 cm.
Se trata de la mayor pieza arqueológica en plata de la Edad del Hierro europea, por este motivo ha despertado el interés de numerosos estudiosos; fascinados por su iconografía. Ha sido fechado en torno al siglo II a. C. y se lo relaciona con las culturas célticas de Europa Central.
Se encuentra depositado en el Museo Nacional de Dinamarca, en Copenhague, la capital de Dinamarca, siendo una de las más célebres piezas arqueológicas depositadas en dicho Museo. Existen al menos tres reproducciones del caldero en distintos museos franceses; el Galoromano de Fourvière en Lyon, el de la civilización céltica de Bibracte (Saona y Loira) y en el Arqueológico de Dijon.

Iconografía

El caldero está cubierto con numerosos motivos ornamentales basados en la mitología celta, como por ejemplo una representación de Cernunnos, otra de Taranis, u otras más del dios Dagda sumergiendo a los guerreros muertos en un caldero para efectuar su resurrección. En la mitología celta, el caldero mágico puede, según afirman las leyendas, alimentar a un millar de hombres, como es el caso del caldero de la abundancia de Dagda, u otorgar el saber universal a quien ingiera su contenido, o incluso tiene a veces el poder de resucitar a los muertos. Esos poderes deben ser puestos en relación con circunstancias similares predicadas de determinados manantiales o fuentes dotados de poderes especiales. El Grial de las leyendas medievales sería, para algunos investigadores, una representación cristianizada del mismo caldero mágico evocado por esta pieza arqueológica.
En el Caldero de Gundestrup pueden verse igualmente representaciones de animales exóticos como, por ejemplo, leones o delfines, lo que indicaría que los artesanos que fabricaron el caldero tenían vínculos con el mundo mediterráneo. Este hecho ha llevado a considerar que es una obra de factura tracia.
Ciertos investigadores, por su parte, observan en él la imagen de Lakshmi (otros dicen Shiva3 ) y sus dos elefantes, signo de buena suerte, por lo que lo consideran una obra de artesanos indios. Al respecto, sin embargo, la arqueóloga especializada en la cultura céltica; Miranda Green observa que:
«…estas conjeturas ignoran los estrechos vínculos existentes entre el arte religioso en él representado y el de la Europa celta.»

El Caldero Mágico

El caldero es el lugar de las transmutaciones mágicas y místicas, de las prácticas rituales y alquimistas, simboliza el cambio, la resurrección, la renovación, la consagración.
El famoso caldero celta que hace alusión a la abundancia, llena gran número de historias populares y epopeyas, en todas ellas aporta el bienestar a su dueño y a los puros de corazón, pero a los que no lo son y prueban de su contenido, les es indiferente, en el mejor de los casos.
En ocasiones es un caldero que puede ofrecer comida abundante, sin poner nada en su interior, para miles de gentes; en otras, devuelve la vida.
Su sucesor en las epopeyas de la Edad Media es, como puede suponerse, el Grial, que alimenta a José de Arimatea, encargado de su custodia, durante varios meses en el foso de un castillo donde es mantenido sin comida, ni agua.
El caldero es un elemento simbólico de gran importancia entre la tradición celta. El gran caldero que suministra de forma inagotable hidromiel, cerveza y carne de cerdo aparece en la literatura irlandesa en las descripciones de los festines celebrados en el mas allá , en el relato “ Mala batalla de ith tuiried«.
El dios Dagda posee un caldero con el que nadie se siente insatisfecho.
En la tradición Galesa el caldero es un símbolo funerario: el caldero tiene el poder de resucitar a los muertos.
En la época del bronce final se usaban los calderos como elementos rituales y se han hallado calderos gigantes, de capacidades enormes, de hasta 400 l.
Se cree que el mito del grial, es una cristanizacion del mito celta del caldero sagrado.