Frigg
Frigg es una de las diosas mayores en la mitología nórdica y germánica, esposa de Odín, reina de los Æsir y diosa del cielo. Es la diosa de la fertilidad, el amor, el manejo del hogar, el matrimonio, la maternidad y las artes domésticas. En las Eddas se la menciona como una de las diosas principales, junto a Freyja.
Sus funciones primordiales en los relatos de la mitología nórdica la mencionan como esposa y madre. Tiene el poder de la profecía aunque nunca relata lo que sabe y es la única que junto a Odín tiene permitido sentarse en el trono Hliðskjálf y observar sobre los nueve mundos.
Frigg también participa en la cacería salvaje, Asgardreid, junto a su esposo.
Los hijos de Frigg son Baldr, Höðr y sus hijastros son Hermóðr, Heimdall, Tyr, Vidar y Váli. Thor es mencionado en algunas ocasiones como su hermano o como su hijastro. Frigg es acompañada en ocasiones por Eir, la diosa de las curaciones. Las ayudantes de la diosa son Hlín, Gná y Fulla.
El origen de la Navidad, del árbol de Navidad y de Papa Noel.
Origen de la Navidad
Para los Celtas, el año comienza en Samhain. Las fiestas tradicionales celtas se basan en el calendario agrícola y las estaciones del año. Pero en tiempos remotos, las tradiciones célticas se confundían con las tradiciones paganas de los países nórdicos, donde el año comenzaba el 25 de diciembre con una fiesta que se llamaba la Noche de las Madres. Sin duda, esta fiesta estaba relacionada con diversos aspectos de la gran diosa Madre, en épocas anteriores al patriarcado que se evidencia en el mito de Odín.
La noche de las Madres coincidía con una vieja celebración llamada Yule del viejo inglés jul o jolque (significa “rueda”), aparentemente por una relación con la esfera solar. Esta fiesta ha sido celebrada desde la antigüedad marcando el solsticio de invierno con numerosas manifestaciones concernientes a la abundancia. En las primeras civilizaciones humanas la importancia de Yule era obvia. Como las noches se ponían más oscuras y largas, y los días más fríos y cortos, era importante que el Sol se sintiera atraído nuevamente por la Tierra. La festividad era importante porque los mantenía en sintonía con el ciclo de las estaciones y lo festejaban como el inicio de un Año Nuevo reuniéndose con sus amigos y familiares para adorar a los Dioses y las Diosas con alegría y agradecimiento.
La rueda gira, se marca la pausa del período que muere para dar lugar a un nuevo ciclo y el dios solar Balder renace de la Diosa Frigg. El dios representaba el Sol que vuelve después de la época más oscura del año y renace en la noche más larga para traer otra vez la fertilidad y el calor a la tierra. Yule es el más celebrado de todos los Sabbats porque sus costumbres y tradiciones han invadido las culturas populares, las corrientes religiosas y la cultura en casi todos los pueblos del mundo que, de alguna manera, han festejado el regreso del Sol desde su punto más débil. El antropólogo inglés Wallis Budge afirmaba que Navidad fue celebrada por primera vez como una fiesta religiosa hace 12.000 años.
La Navidad es una festividad que nace en Babilonia, luego es llevada a Roma conocida como la fiesta de «Saturnalia» y posteriormente fue ordenada su celebración en todo el imperio en el siglo V, como un festival oficial en honor a “Jesus”. En rigor, un lindo envoltorio cristiano en donde la masa participa sin cuestionar su origen y llevándolas a un consumismo totalitario.
Conocemos como Yule o Yuletide las fiestas en celebración del solsticio de invierno que se llevaron a cabo en los pueblos germanos paganos, entre ellos los vikingos. En nórdico antiguo se conoció como júl o jól y se trataba de un festival precristiano que duraba alrededor de doce días; una fiesta dedicada tanto a la familia, a los parientes y amigos ausentes como a la fertilidad y que coincidía con el solsticio de invierno, alrededor del 21 de Diciembre.
No sabemos exactamente las fechas entre las que oscilaba; para los vikingos este festival de casi dos semanas habría estado probablemente dentro de los dos meses de su calendario que se correspondían con el final del año, desde mitad de Noviembre hasta mitad de Enero. Se trata de una celebración que se pierde en los albores del tiempo ya que las referencias históricas más antiguas alrededor de esta palabra las encontramos en los primitivos nombres germanos que designaban los meses; Jéola, que significaba “antes de Yule” y Aeftera Jéola, que significaba “después de Yule”. En nórdico antiguo parece ser que ýlir se habría referido a este periodo de tiempo y que jól habría sido el evento concreto según lo que podemos leer en el Skáldskaparmal. La lengua gótica o el inglés antiguo también comparten estas características.
No es una fiesta exclusiva de los vikingos, con sus variantes muchas sociedades paganas han dedicado celebraciones a los cambios de estación ya que la naturaleza y los hombres y mujeres en el mundo pagano formaban un vínculo indesligable. Los hombres imitaban lo que veían. Lo amaban y lo temían. Lo respetaban y lo honraban. Y dentro de estos cambios Yule es la luz y la fertilidad, es el nuevo comienzo de la vida. La importancia de los solsticios en los países septentrionales es indiscutible ya que son países en los que se viven grandes periodos de tiempo bajo el manto de la oscuridad y donde el sol hace fugaces apariciones y especialmente es en ese momento, en esos doce días alrededor del solsticio de invierno, cuando el sol está más escondido, cuando la noche es más profunda y más oscura, antes de que sol comience a dejarse ver un poco más y a hacer los días un poquito más largos.
Parecía que el sol se tomaba un descanso antes de volver a comenzar el ciclo y por ello los días de Yule eran un momento de descanso, una imitación del sol, una vez terminados los trabajos otoñales y antes de comenzar con los del siguiente año. Es por ese motivo que la festividad estaba especialmente dedicada a la fertilidad ya que se pedían buenas cosechas y prosperidad para el año que estaba a punto de comenzar y se bebía “til aar og fred”, para la paz y las buenas cosechas, una máxima en la idiosincrasia vikinga.
¿En qué consistía esta celebración? Como en casi todas las celebraciones que rodearon la vida – y la muerte – de los vikingos, Yule se celebraba con un gran sacrificio o blót que no sabemos exactamente a quién iba dirigido, aunque más que probablemente fuese a los dioses – dísir – relacionados con la fertilidad, las cosechas y la protección, como Frey y Thor. Posteriormente se celebraba un gran banquete, donde se comían los animales que se habían sacrificado y el juilskinka; el jamón de Navidad.
Los vikingos también tenían una característica muy suya para todo tipo de celebraciones, igual que no podía faltar el banquete tampoco podía faltar la cerveza. Éstos fabricaban cervezas especiales para los distintos acontecimientos (un ejemplo de ello son las bodas y su cerveza especial), y en Yule/Jól, se bebía la jólaöl (donde öl es cerveza).
Parece ser que los juegos y la diversión no habrían faltado, así como otra de las máximas de la idiosincrasia vikinga; la hospitalidad. Hemos dicho que principalmente Yule era una fiesta familiar donde se reunía la familia y dónde se recordaba a los familiares y a los amigos ausentes. De hecho, ante sus tumbas y en su memoria es donde se ponía la mesa del banquete. Por ello, se hospedaba con la máxima comodidad y cariño a los que venían – siempre con las manos cargadas de regalos, acción que sería compensada con unas manos cargadas de regalos de vuelta, otra característica vikinga, dar y recibir –; se les preparaban baños de vapor para paliar el frío de las travesías en barco, ropas secas con las que vestirse, camas mullidas, fuego y, por supuesto, comida y gran cantidad de bebida.
Era la tradición de encender el leño de Yule, un gran tronco del año anterior, que debía arder toda la noche. Es una versión “indoor” de la hoguera de Litha (el solsticio de verano, la hoguera de San Juan). Espantaba a los malos espíritus, alumbraba toda la velada de reunión y las cenizas se esparcían por los campos bajo la creencia de que así se harían fértiles y darían buenas cosechas para el año siguiente. Esta tradición es de absoluta procedencia pagana y se puede encontrar en muchas culturas europeas, no sólo en la nórdica. Hoy en día es un dulce con forma de tronco, muy similar estéticamente a un brazo de gitano de chocolate.
La cabra de Yule es uno de los símbolos escandinavos de la Navidad por excelencia que hoy en día consiste en decorar las casas con monigotes de cabras hechas de paja trenzada pero que, probablemente, remonte sus orígenes a época pagana, mucho antes incluso de los vikingos. El macho cabrío solía ser el animal que llevaba las ofrendas para los sacrificios y que en muchas ocasiones se sustituía por dos hombres ataviados con las pieles del animal y una cornamenta. Parece ser que con el tiempo disfrazarse así se convirtió en una tradición que consistía pasearse por el pueblo para hacer reír y dar sustos a la gente. Sin embargo, en sus orígenes más primitivos esta tradición debió estar ligada al dios Thor, un dios que muchos sólo asocian a la guerra o a las batallas, pero que también era el dios protector de los hombres, con influencia en el clima, las cosechas, la protección o la justicia. Thor viajaba en un carro tirado por dos machos cabríos mágicos llamados Tanngrisnir y Tanngjóstr que tenían la peculiaridad de que Thor podía cocinarlos para alimentarse y luego revivirlos cubriendo los huesos con la piel y utilizando el poder regenerador de su martillo. En el siglo XIX la cabra se convirtió en la portadora de los regalos en Escandinavia – probablemente como reminiscencia de aquella cabra que habría portado las ofrendas – y con el tiempo acabó derivando en las figuras de San Nicolás, Papá Noel o Santa Claus, que en los países nórdicos se llama Jultomten, Julenisse o Joulupukki.
El jamón de Yule era una tradición ancestral de los pueblos nórdico-germánicos, como hemos visto, ofrecer un blót (un sacrificio) a Frey, el dios de la cosecha y la fertilidad, para luego celebrar un gran banquete. Ello ha llegado hasta el día de hoy como el típico jamón de Navidad. Una cosa realmente curiosa es cómo la Iglesia lo adaptó también y lo convirtió en una prueba de auténtica conversión y fe para los judíos; los marranos – los judíoconversos o los criptojudíos, como se llamó a los judíos que se habían convertido pero seguían practicando sus rituales – lo habrían rechazado, en cambio, los conversos o nuevos cristianos lo habrían comido.
El wasselling consistía en ir de wassai por el pueblo; derivado del anglosajón “waes hael” que significa “seas sano”. Se recorría el pueblo brindando y cantando con el wassailing bowl, un recipiente de madera con el que se brindaba con las personas, e incluso con los árboles y los elementos de la naturaleza en esa celebración que pedía por la fertilidad y un próspero año nuevo. Con el tiempo se convirtió en la práctica de ir cantando canciones típicas puerta por puerta, los Villancicos, o de ir cantando a las huertas para pedir buenas cosechas.
El árbol de Yule: Se colocaba un árbol perenne en la casa – posiblemente un abeto –, que representaba el Yggdrasil, el árbol de la vida o del universo en la mitología nórdica, que adornaban y decoraban. Más que probablemente de aquí venga la tradición del árbol de Navidad.
Otra tradición era llevar a cabo una vigilia nocturna, junto a los familiares y amigos, en un gran banquete y festín esperando la salida del nuevo sol, dejar una vela encendida junto a la ventana o decorar las viviendas con muérdago, que procede del roble, un árbol muy apreciado – y utilizado – por los nórdicos.
¿Cómo se ha llegado de una festividad pagana a una de las mayores festividades cristianas como es la Navidad? Los pueblos paganos fueron muchos, no sólo los vikingos o los germanos, y antes de la llegada del cristianismo existieron otros grandes pueblos paganos como los celtas, los íberos, los griegos o los romanos.
Cuando el cristianismo comenzó a imponerse y extenderse la Iglesia se dio cuenta rápidamente de una cosa, se pueden cambiar ideas, se pueden imponer ideas, pero no se puede cambiar la tradición y no se puede cambiar el ciclo de la vida de las personas. Estos pueblos paganos no sólo celebraban banquetes y libaciones en honor a sus dioses, sus dioses eran la propia tierra, la propia naturaleza y su adoración estaba ligada a ellos y a sí mismos. Celebraban el inicio de las cosechas y su fin, celebraban los solsticios, los cambios de estación, celebraban la vida y celebraban la muerte. ¿Cómo podía la Iglesia cambiar eso? ¿Cómo podía la Iglesia imponer unas nuevas ideas, cultos y celebraciones que no tenían nada que ver con lo que estos hombres y mujeres conocían y sentían? En un alarde de absoluta agudeza la Iglesia comprendió que no podría cambiar las prácticas paganas; aunque de iure se hubiesen convertido, de facto iban a seguir siendo paganos, por ello optó por adaptar y transformar las celebraciones y festividades paganas en festividades y celebraciones cristianas.
Así, el solsticio de invierno se convirtió en la Navidad, el solsticio de verano se convirtió en San Juan, Samhain (el equinoccio de otoño) se convirtió en Todos los Santos y el equinoccio de primavera en la Pascua, por poner unos cuantos ejemplos.
Uno de estos pueblos paganos era el propio Imperio Romano, donde también se celebraba el solsticio de invierno con un significado muy similar al de los vikingos o germanos, “cuando el sol vence a las tinieblas y los días empiezan a alargarse”. Sin embargo, en el año 313 en emperador Constantino I decretaba la libertad de culto en el Imperio y el cristianismo dejaba de perseguirse a través del Edicto de Milán y en el año 380 el emperador Teodosio I promulgaba el Edicto de Tesalónica, por el cual el catolicismo se convertía en la religión única y oficial del Imperio.
Como era de esperar, el pueblo romano no se cristianizó de golpe y siguió celebrando sus festividades ancestrales, por lo que a la Iglesia no le quedó otro remedio que llevar a cabo esa estrategia de absorción de la que hablábamos, transformando las costumbres paganas dándoles un nuevo sentido cristiano. Si lo que celebraban los romanos era que el sol que vencía a las tinieblas, la Iglesia le dio un nuevo significado; El nacimiento de Jesucristo era ese sol que vencía a las tinieblas.
Y así se adaptaron todas aquellas festividades paganas de muchas sociedades relacionadas con el solsticio de invierno en la Navidad cristiana.
Ya sabemos que la Navidad es una adaptación de las fiestas paganas, pero, ¿por qué el 25 de Diciembre exactamente? Algunos autores creen que es mera coincidencia y que ese día no tiene nada que ver con el paganismo, sin embargo esta teoría carece de bastante sentido cuando somos conscientes de que ninguna otra teoría histórica avala el nacimiento de Jesús como real en esa fecha. No hay evidencias históricas que así lo confirmen.
Otros autores creen que se escogió el 25 de Diciembre para hacerlo coincidir con esa celebración pagana de los romanos del solsticio de invierno de la que hemos hablado. Éstos tenían una festividad llamada Saturnalia, en honor a Saturno, que comenzaba el 17 de Diciembre y duraba siete días. Al final de Saturnalia, el 25 de Diciembre, se celebraba el Natalis Invictis Solis o Deus Sol Invictus, el nacimiento del sol invencible dedicado al dios Apolo. Ese mismo 25 de diciembre también se celebraba la fiesta de Brumalia que coincidía con el solsticio y que estaba dedicada al dios Baco, aunque para otros este nombre significa “fiestas de invierno“, del latín bruma que significa “el día más corto“, e incluso, “invierno”, porque los brumales caían en esta estación. Durante esos días los romanos descansaban, no guerreaban, intercambiaban regalos e incluso los esclavos recibían prebendas como raciones extras de comida o, incluso, la liberación.
La palabra Navidad proviene de la palabra latina nativitas que significa nacimiento y se refiere particularmente al nacimiento de Jesucristo, sin embargo, en ninguna parte de la Biblia se menciona la fecha exacta de su nacimiento. Los romanos, al cristianizarse, adaptaron estas festividades, unas de las más importantes y que no podían quitarle al pueblo, y las convirtieron en el nacimiento de Jesús y en el día de Navidad en ese mismo 25 de Diciembre.
En el año 336 aparece por primera vez la palabra Natividad y Navidad en el calendario romano, sin embargo el consenso es poco y otros autores dicen que hay que esperar al 379. Lo que sí está claro, sea como sea, es que a partir de mediados del siglo IV dejó de nacer el Sol y comenzó a nacer Jesús.
Como hemos visto antes, estas fiestas duraban varios días. Concretamente se cree que en muchos lugares duraron esos doce días de tinieblas que mencionábamos, por lo que no es en absoluto trivial, ni casual, que si a la noche del 24 al 25 de Diciembre le sumamos esos doce días encontremos otra fecha muy cristiana y que muchos países celebran, la noche del 5 al 6 de Enero, la Epifanía, los Reyes Magos.
Origen del árbol de Navidad
Se enlaza habitualmente con una fecha fundamental en el calendario de los festejos cristianos y católicos. Sin embargo, posee lejanos antecedentes paganos. Aunque el moderno árbol de Navidad se originó en Alemania. Pero los germanos lo obtuvieron de los romanos, quienes lo obtuvieron de los babilonios y egipcios.
Su origen está en los mitos nórdicos, el árbol era el centro del universo. Para los germanos, la vegetación también estaba asociada con la agonía mortal del sol; hecho coincidente éste con las Saturnalias. Los antiguos indo-europeos observaban que hacia la mitad del invierno el sol quedaba inmóvil cerca del oriente meridional y luego se elevaba paulatinamente. A este fenómeno astronómico se lo conoció como el día del solsticio (sol detenido).
Temiendo que la oscuridad de Diciembre venciera al sol y lo ocultase, se decoraban la casa con acebo, hierba, muérdago y laurel, ya que estas hojas perennes, al seguir en el mismo estado aparente después de ser arrancadas, eran símbolo de inmortalidad. Además, se encendían leños; se hacían grandes fogatas y se prendían velas. Esta iluminación durante esa noche actuaba como una especie de magia imitativa que intentaba revivir al sol. Por lo tanto, los árboles iluminados no sólo eran símbolo de fertilidad sino de renacimiento solar.
Si bien existen varias teorías en torno al origen del árbol de Navidad, una de las más extendidas defiende que proviene especifícamente de los celtas de la Europa central, quienes empleaban árboles para representar a varios dioses. Además, coincidiendo con la fecha de la Navidad cristiana celebraban el nacimiento de Frey, dios del Sol y la fertilidad, adornando un árbol. Tenía el nombre de Divino Idrasil (Árbol del Universo) y en su copa se halla el cielo y en las raíces profundas el inframundo.
Entre los años 680 y 754 d.c, San Bonifacio evangelizador de Alemania, entendió que era imposible arrancar de raíz esta tradición pagana, por lo que decidió adaptarla dándole un sentido cristiano. Fue así como cortó con un hacha un roble que representaba al dios Odín y en su lugar plantó un pino, que por ser perenne simbolizaba el amor de Dios, adornándolo con manzanas y velas. Las manzanas representaban el pecado original y las velas, la luz de Jesús.
Ya en la Edad Media, el leño era parte de un impuesto en productos naturales que el vasallo debía pagar a su Señor Feudal. Los cánones exigían que se pagaran productos determinados según las fechas y en evocación a rituales pasados. Así como en Pascua se exigían huevos, en Navidad se exigió un leño. Este no era un leño pequeño sino que consistía en una enorme porción de árbol. Durante la Navidad, el leño se quemaba en el hogar; acto seguido, toda la familia iba a los servicios religiosos dejando el leño encendido. Si la leña ardiente se apagaba por alguna razón, esto era presagio de desgracia.
Posteriormente, con la evangelización de esos pueblos, los cristianos tomaron la idea del árbol para celebrar el nacimiento de Jesús. Se cree que el primer árbol de Navidad, tal y como lo conocemos en la actualidad, apareció en Alemania en 1605.
Lutero fué quien cambio esta costumbre entre los protestantes. Así, en lugar de quemar el leño, se le encendían velas. Dicha costumbre comenzó a difundirse en América para 1761 importada directamente de Alemania.
George III, coronado como soberano de Inglaterra, en 1762, y su mujer, la reina Charlotte, oriunda de Alemania, fueron los primeros en adornar su palacio con un abeto doméstico, aunque no fue hasta medio siglo después, cuando la buena sociedad inglesa cayó hechizada por la idea de reproducir, en sus casas, lo que sus ojos habían visto en el palacio de Windsor habitado, entonces, por la soberana Victoria y su esposo, el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo. Un noble germánico que introdujo el árbol como la última moda en las navidades de la sociedad victoriana, poco después de contraer matrimonio con la Reina, en 1840.
Alberto de Sajonia (nacido en Coburgo) llevó consigo a Inglaterra la memoria de un país en el que ya, en torno al siglo XVII, se empiezan a reunir las familias alrededor de un árbol de Navidad. Es así que en aquel entonces algunas familias alemanas, después de buscar alguna excusa para que los niños salieran de casa, aprovechaban la ausencia de éstos para decorar el árbol con frutos y juguetes el mismo día 24 de diciembre.
La antigua creencia germánica era hacer un árbol gigantesco, el que sostenía al mundo y el que soportaba (esto explica la costumbre de poner luces a los árboles), en sus ramas, el peso de la luna, el sol y las estrellas. Un árbol que era, además, el símbolo de la vida ya que, en invierno, cuando casi toda la naturaleza aparecía muerta, éste no perdía su verde follaje.
Ya para 1850, por primera vez, en Nueva York comenzaron a iluminarse los árboles a gas. En España, concretamente, parece ser que la primera vez que se colocó un árbol de Navidad fue en Madrid, durante las navidades del año 1870. Y en el Vaticano en 1982 a petición de Juan Pablo II.
La decoración del árbol ha ido evolucionando hasta nuestros días pero los elementos más característicos siguen siendo la estrella (pentagrama) colocada en la cima, las esferas de colores, que al inicio fueron manzanas, las luces como iluminación divina y los lazos como símbolo de unión. A pesar de que la religión cristiana y católica lo rechazó durante muchos siglos por considerarlo un ritual pagano finalmente acabó aceptándolo y hoy en día es, sin duda, uno de los elementos más simbólicos de la Navidad.
El Papa Benedicto XVI dijo lo siguiente: “En las próximas semanas el árbol de Navidad será motivo de alegría […] Su forma en punta, su color verde y las luces de sus ramas son símbolos de vida. Además, nos remiten al misterio de la Nochebuena. Cristo, el Hijo de Dios, trae al mundo oscuro, frío y no redimido, al que viene a nacer, una nueva esperanza y un nuevo esplendor. Si el hombre se deja tocar e iluminar por el esplendor de la verdad viva que es Cristo, experimentará una paz interior en su corazón y será constructor de paz en una sociedad que tiene mucha nostalgia de reconciliación y redención”
El Origen de Santa Claus
El mito de “Santa Claus” ciertamente proviene de una transformación de los antiguos mitos nórdicos de Odín y de la fiesta de Yule a los que se le agregan varias leyendas medievales de San Nicolás de Bari, distribuyendo regalos.
Odín era un dios que vivía en una estrella. Además, tenía una larga barba blanca, con un ojo y un extraño sombrero. Los teutones creían que, después de la fiesta del sol, el 25 de diciembre, Odín cabalgaba con las almas de los difuntos hasta el 6 de enero. El ventarrón que levantaban tras su paso atraía las semillas: de esta manera fertilizaba la tierra. Relacionado con esto, se efectuaba el ritual de poner por la noche heno en las botas y zuecos bajo la creencia de que los caballos necesitaban alimento, especialmente el caballo gris de Odin, llamado Sleipnir. En lugar del heno, Odín dejaría oro.
Odín es todo poderoso y a menudo es asociado con la guerra, la brujería, la muerte, la sabiduría y casi todo lo demás que se puede atribuir a una deidad.
Cuando Odín quería viajar entre los mortales sin que se notara, asumía la apariencia de un viajero y a menudo se hacía referencia de él como «Odín el Vagabundo” representándolo como un anciano con una larga barba, de un solo ojo y un sombrero de ala ancha, llevando un bastón.
También en el solsticio, Odin se sabe que entraba en las casas a través de agujeros de fuego (chimeneas) y recompensaba a los leales del bien que luchaban contra el mal. Los niños podrían poner sus zapatos cerca de la chimenea y Odin los llenaría de dulces y golosinas.
«Odín se aventuró hasta el pozo de Mimir, cerca de Jötunheim, la tierra de los gigantes bajo la apariencia de un caminante llamado Vegtamr. Mímir, que vigilaba el pozo, para permitirle beber de éste le pidió que sacrificara su ojo izquierdo, siendo esto un símbolo de su voluntad por obtener el conocimiento»
La mitología de San Nicolás está fuertemente inspirada en el dios Odín. Por ejemplo, se representa a Odín acompañado por su caballo Sleipnir y por dos cuervos que lo ven todo, así como en numerosas representaciones de San Nicolás, éste está acompañado de su caballo y de dos pierrots negros.
Nacido en el siglo IV en Patara, ciudad del sud-oeste de la actual Turquía, Nicolás fue sucesor de su tío el obispo de Myra. Desde su niñez, Nicolás destacó por su bondad y generosidad con los más pobres, preocupándose siempre por el bien de los demás. Siendo todavía muy joven, el muchacho perdió a sus padres, presas de una epidemia de peste, y se convirtió en el heredero de una gran fortuna. A sus 19 años, Nicolás decidió dar toda su riqueza a los más necesitados y marcharse a Myra con su tío para dedicarse al sacerdocio. Allí fue nombrado obispo y se convirtió en santo patrón de Turquía, Grecia y Rusia. La figura de San Nicolás difiere bastante del actual Santa Claus, empezando por su vestimenta, ya que este vestía en muchas ocaciones de verde.
El emperador Dioclesano que reinaba entonces en toda Asia menor persiguió cruelmente a los cristianos. Ello condujo al aprisionamiento de Nicolás que fue obligado a vivir cierto tiempo en el exilio.
En 313 el emperador Constantino restableció la libertad religiosa y Nicolás pudo retomar su cargo de obispo. Nicolás murió en Diciembre entre 343 a 345 d.c seguramente víctima de persecuciones religiosas del Imperio Romano. Fue enterrado en Myra, pero sus restos fueron robados en 1087 por mercaderes italianos que los llevaron a Bari, en Italia. Puesto que esa fecha está muy próxima a la Navidad, se decidió que este santo era la figura perfecta para repartir regalos y golosinas a los niños en el Día de Navidad.
Luego de su muerte, la iglesia de Roma lo elevó a los altares y desde ahí que pasó a ser “San Nicolás o Santa Claus”, a quien todos los niños esperaban ansiosamente, para recibir los regalos en época navideña. Más tarde, este “San Nicolas” adoptó el nombre de “Papá Noel” de la raiz francesa que a su vez deriva del latín “Natalis, natal”, osea “padre de la navidad”.
Este Papa Noel trascendió hasta occidente y ya en época contemporánea, fue introducido en diversas historias que hablaban de su origen, relacionándolo con el polo norte, con la participación de gnomos y renos que lo trasladaban en su tarea de repartir “regalos” por todo el mundo.
Posteriormente, en el siglo XII, la tradición católica de San Nicolás creció por Europa, y hacia el siglo XVII emigrantes holandeses llevaron la costumbre a Estados Unidos, donde se suele dejar galletas o pasteles caseros y un vaso de leche a Santa Claus. Por cierto, como curiosidad, el nombre Santa Claus se creó a raíz del nombre del santo en alemán, San Nikolaus.
En el siglo XVII, en Holanda, era conocido como «Sinterklaas» y fue retratado como un hombre viejo con una barba larga. En este momento, Sinterklaas se asoció con la antigua fiesta pagana de Yule. En algún momento alrededor del solsticio de invierno (que está a pocos días de la Navidad moderna) Sinterklaas montaría por el cielo en su blanco caballo de ocho patas y celebraría la derrota del mal. Con los años, el caballo de ocho patas de Sinterklaas se convirtió en ocho renos voladores.
El mito llega a Norteamérica con los colonos alemanes y holandeses. San Nicolás, Sankt Niklaus o Sinterklaas se deforma en “Santa Claus” por las malas pronunciaciones, y de este personaje se desprenden connotaciones religiosas originales y forma parte, en principio, de la cultura popular y comercial norteamericana.
Los inmigrantes holandeses que fundan la ciudad de Nueva Amsterdam, después llamada New York, llevaron con ellos sus costumbres y también su santo patrono San Nicolás (Sinterklaas) cuya fiesta se celebra en Holanda entre el 5 y el 6 de diciembre.
Mas adelante, hacia 1863, el dibujante alemán Thomas Nast crea la conocida figura de gordo barbudo y bonachón, para sus tiras navideñas en Harper’s Weekly. A mediados del siglo XIX, el Santa Claus estadounidense llega a Inglaterra y de allí pasa a Francia, donde se funde con Bonhomme Noël, el origen del actual Papá Noel, quien tenía parecido físico con Santa Claus, pero vestía de blanco con vivos dorados. También a finales del siglo XIX, se crea la tradición de que Papá Noel procedía del Polo Norte y se popularizan los renos como medio de transporte de Santa Claus, a partir de un anuncio estadounidense de la Lomen Company.
El mito actual cuenta que “Santa Claus” vive en el Polo Norte y que la noche del 24 al 25 de diciembre parte en un trineo mágico y volador tirado por renos guiados por el reno Rodolfo que conoce el camino. Esta imagen tiene una fuerte influencia de Yule y de la cabalgata nocturna de Odin montando el caballo de ocho patas “Sleipnir”. El trineo de “Santa Claus” está repleto de regalos y juguetes que los niños han pedido a través de cartas. Este se desliza por una chimenea o por una ventana para distribuir los regalos si los niños han sido buenos y obedientes.
En 1920 Papá Noel apareció por primera vez en un anuncio de Coca-Cola publicado en The Saturday Evening Post. De aspecto serio, este primer Santa Claus fue creado por el ilustrador Thomas Nast, y durante algunos años Coca-Cola usó en su publicidad diferentes diseños de este personaje desarrollados por otros ilustradores.
Sin embargo fue en 1931, cuando Coca-Cola puso en marcha una campaña de publicidad y de marketing navideña siendo Santa Claus la figura principal, y para darle un empujón más, la marca decidió otorgarle los colores corporativos (rojo y blanco) los cuales siguen hasta la actualidad.
Fuente: Varios libros de mitología nórdica y celtismo.
Los 9 mundos de la mitología nórdica
ASGARD
Asgard (nórdico antiguo: Ásgarðr; que significa “Recinto de los Æsir”) es la ciudad de los Æsir, que está rodeada por una muralla incompleta atribuida a un Hrimthurs de nombre desconocido, amo del caballo semental Svadilfari, de acuerdo a Gylfaginning. Valhalla se encuentra dentro de Asgard. Odín y su esposa Frigg son los gobernantes de Asgard.
Tras la guerra con los Vanir, sus murallas se vieron destruidas, quedando vulnerable al ataque de los gigantes. Para reconstruirlas, los Æsir contrataron los servicios de un gigante que acordó reparar las murallas en un tiempo muy corto, y los dioses aceptaron influidos por Loki, que si esto era así, le cederían en pago por su trabajo al Sol, a la Luna, y a la diosa Freyja. Ahora bien, el arquitecto poseía un caballo maravilloso capaz de transportar en un instante masas increíbles de roca llamado Svadilfari; tanto y tan bien actuó que, pocos días antes del plazo fijado, el palacio se aproximaba a su perfección.
Los dioses, que habían establecido el pacto porque creían que el gigante no era capaz de cumplirlo, sintieron miedo, y se les ocurrió crear una yegua maravillosa (que era, de hecho, Loki disfrazado), a la que pusieron en el camino del caballo. Éste abandonó su trabajo para perseguirla, y el gigante fue incapaz de terminar el trabajo como había prometido. Furioso por su derrota, el gigante quiso lanzarse contra los dioses, pero Thor lo derribó.
JÖTUNHEIM
Jötunheim es el mundo de los gigantes de dos tipos: Roca y Hielo, llamados colectivamente Jotun. Desde aquí amenazan a los humanos deMidgard y a los dioses de Asgard (De los cuales están separados por el río Iving). La ciudad principal de Jotunheim es Utgard. Gastropnir, hogar de Menglad y Prymheim, hogar de Pjazi, estaban ubicadas en Jotunheim, que era gobernado por el rey Prymr. Glæsisvellir era el lugar dentro del Jotunheim donde vivía el gigante Gudmund, padre de Höfund.
NIFLHEIM
Niflheim (También conocido como ‘Nylfheim’ o ‘NielHeim’) significa Hogar de la niebla, que en la mitología nórdica es el reino de la oscuridad y de las tinieblas, envuelto por una niebla perpetua. En él habita el dragon Níðhǫggr que roe sin cesar las raíces del fresno perenne Yggdrasil. Después del Ragnarök el dragón se dedicará a atormentar las almas que queden en el mundo.
En uno de los mitos cosmogónicos, Niflheim es la materia fría, lo opuesto al Muspelheim o materia caliente. El mundo nació del choque de éstas en el espacio mágico, llamado Ginnungagap.
Una de las partes más oscuras y tenebrosas del enorme y gélido Niflheim es Helheim, donde reina la diosa o gigante Hela hija de Loki.
MUSPELHEIM
El Muspelheim, también llamado Muspel, es el reino del fuego en la mitología nórdica. Es el hogar de los Gigantes de Fuego, de los cuÆsirales Surt era el más poderoso. Muspelheim significa mundo del fuego u hogar del fuego, siendo Muspel fuego y Heim, hogar o mundo.
Se cree que el Muspelheim era el más elevado de todos lÆsiros reinos, y se encontraba por encima de Asgard, el hogar de los Æsir. Más al norte se encontraba Niflheim, el reino del hielo.
En la mitología nórdica la creación se inicia del contactÆsiro entre el fuego y el hielo en el inmenso vacío inicial conocido como Ginnungagap, creándose el agua. Los objetos brillantes del cielo nocturno, como planetas, cometas y estrellas surgieron de las chispas del Muspelheim.
En el Ragnarök, los cielos se abrirán y Surt saldrá del Muspelheim seguido de todos sus gigantes, marchando hacia Asgard y destruyendo a su paso el puente Bifrost.
ALFHEIM
En la mitología nórdica, Alfheim o Álfheimr (en nórdico antiguo: Ālfheimr; hogar de los elfos) el hogar de los Elfos .
Por ejemplo, en la Edda menor (Gylfaginning, 16) se menciona como el sitio donde habitan los elfos de la luz o Ljósálfar.
Sin embargo, en la Edda poetica (Grímnismál, 5) este lugar es la residencia del dios Freyr y no está clara su relación con el anterior.
En los textos ingleses equivale a Elphame, Elfland o Elfenland.
Svartálfaheim
Otro de los nombres que posiblemente adopta éste es Niðavellir, en otros manuscritos Niðavellir es la región donde habitan los enanos (muy parecidos a los Svartalfar) siendo una parte de Svartálfaheim. En él habitaban los Elfos oscuros, denominados también Svartalfar, y, muy posiblemente, los Enanos nordicos, según Snorri Sturluson.
MIDGARD
En la mitología nórdica, el Midgard (en nórdico antiguo Miðgarðr) es el mundo de los hombres creado por los dioses Odín y sus hermanos, Vili y Ve tras el combate con el gigante primigenio Ymir. La etimología del nombre deriva de mið/mid (“medio, centro”) y garðr/gard (“asentamiento, residencia rural”). El vocablo nórdico garðr se relaciona a dos palabras escandinavas modernas: gård (“patio”, “granja”, “residencia rural aislada”, cf. “yard” en inglés) y gärd (“corral”, “campo cultivado rodeado por valla o cerco”). En ese sentido, Midgard representa la tierra asentada por los hombres, un “asentamiento/residencia en el centro del mundo conocido”, de allí el término común de “Tierra del Medio”.
Tras la batalla, Odín y sus hermanos Vili y Ve tomaron el cadáver del gigante Ymir y lo llevaron al gran abismo para comenzar la creación de un mundo habitable. Así, con su piel crearon la tierra, con su sangre y sudor los océanos, con sus huesos las rocas y las montañas, con su vello la vegetación, con sus dientes los acantilados, donde también colocaron las cejas del gigante para hacer de frontera con el mar. Para concluir la obra los Dioses pensaron cerrar este mundo con la bóveda craneana del derrotado encargando a cuatro enanos su sujeción. Estos se llamaban Norðri, Suðri, Austri y Vestri y simbolizaban los cuatro puntos cardinales. Al colocar la bóveda del cielo con el cráneo del vencido, sus sesos se esparcieron por el aire dando lugar a las nubes.
Sin embargo, aún este nuevo territorio estaba oscuro, así que los dioses decidieron ir a Muspelheim para robar las centellas de la espada de Surtr. Con las dos más grandes crearon el Sol y la Luna y con el resto las estrellas. El Sol y la Luna fueron colocadas sobre dos carros que girarían sin parar sobre Midgard, turnándose en el firmamento para crear el día y la noche. Para mantener vivo el giro perpetuo de las carrozas hicieron que los lobos Sköll y Hati las persiguieran, tratando de alcanzarlas sin conseguirlo, salvo en ocasiones excepcionales, cuando se producen los eclipses. Los dos lobos simbolizaban la “repulsión” y el “odio” respectivamente. La carroza del Sol era tirada por el blanco corcel Skin, que con su trotar producía la brillante luz del día, mientras que el otro carruaje era tirado por Hrim, caballo negro que a su paso producía el rocío y las escarcha.
Una vez que los dioses contemplaron su obra, tan solo añadieron las estaciones de invierno y verano y pensaron que estaba lista para recibir a los primeros humanos.
HELHEIM
Helheim, es uno de los nueve mundos del Yggdrasil, en la mitología nórdica. Es conocido como el reino de la muerte y se encontraba en la parte más profunda, oscura y lúgubre de Niflheim, otro de los nueve mundos. Estaba gobernado por Hela, monstruosa hija de Loki, y la entrada era custodiada por un perro conocido como Garm. Helheim y Niflheim suelen relacionarse como el mismo mundo, pero esto no es así: Niflheim es el reino del frío, el hielo y la oscuridad, principalmente, y, aunque también son propias en él la muerte y la perdición, donde se dan estas dos últimas específicamente es en Helheim, la capital de la muerte (por decirlo de alguna manera).
En este mundo terminaban los que habían muerto por enfermedad o vejez, y una vez se entraba en él ni siquiera los dioses podían salir, a causa del interminable, inagotable e intransitable río Gjöll, que lo rodeaba.
Por supuesto todos los criminales irán al Helheim, pero para estos hay unas áreas especiales dentro del Helheim.
El Nastrand (playa de cadáveres) también conocido como Naströnd y Nastrandir es una sala dentro del reino de Hel donde irán las almas de las personas viles, los asesinos, los perjuros y los mentirosos notorios. También en Nastrand como en el resto del Helheim el sol nunca brilla y los puertos de la sala se abren todos hacia el norte. Las paredes están cubiertas con serpientes que miran todos hacia adentro, escupen sin parar veneno así que esto fluye en torrenciales por la sala y llena todo con vapores venenosos. Se supone que el Nastrand fue el modelo por la representación cristiana de su infierno.
El término “Hell” (infierno en inglés) es un derivado de Hel o Helheim.
VANAHEIM
Vanaheim o Vanaheimr es el hogar de los Vanir, uno de los dos clanes de dioses en la mitología nórdica aparte de los Æsir. Los Vanir son los dioses menores.
© Morgana Barcelona.
Galdr
Las Völvas o Seidkonas eran sacerdotisas paganas que se especializaron en cantar galdrs.
Galdr (galdrar plural) en nórdico antiguo significa «encantamiento»; estos se realizan generalmente en combinación con ciertos ritos.
Los encantamientos fueron compuestos en un metro llamado galdralag especial. Este medidor fue similar a la de seis líneas en ljóðaháttr pero añade una séptima línea.
Un galdr práctico para las mujeres fue uno que hacía el parto más fácil. Pero también se utilizan, sobre todo, para llevar la locura a otra persona. Dicen que también los utilizaban para provocar tormentas, hacer barcos indestructibles, hacer espadas, armaduras y decidir la victoria o la derrota en las batallas.
También se menciona en varios de los poemas de la Edda poética, y por ejemplo en el Hávamál, donde se dice que Odin sabe 18 galdrar. Por ejemplo, Odin domina el galdrar contra el fuego, la espada, flechas, grilletes y las tormentas. Con los galdar también puede evocar a los muertos y hablar con ellos. Hay otras referencias en Skírnismál, donde Skirnir utiliza un galdrar para forzar a Gerðr a casarse con Freyr como se relata en la siguiente estrofa:
34. Heyri jötnar,
hrímþursar Heyri,
synir Suttungs,
sjalfir ásliðar,
HVE ek fyrbýð,
HVE ek fyrirbanna
maná Glaum mani,
maná nyt mani.
Traducción:
34. “prestad atención, gobernantes,
oídlo, los gigantes.
Hijos de Suttung,
Y los dioses, vosotros también,
¿Cómo te prohíbo
y cómo me prohibiría
El encuentro de los hombres con la criada,
La alegría de los hombres con la criada?”.
Una referencia notable del uso de los galdrar es el poema eddic Oddrúnargrátr, donde Borgny no pudo dar a luz hasta que Oddrun cantó un «galdrar morder»:
7. Thaer hykk mæltu
fleira þvígit,
gekk KNE fyr leve
meyju en sitja;
ríkt gól Oddrun,
rammt gól Oddrun,
Bitra Galdra
en Borgnýju.
8. Knátti mær bien Mogr
Sporna moldveg,
Börn Thau en blíðu
bana við Hogna;
nam que al Maela
mær fjörsjúka,
SVA en hon Ekki Kvad
Ord se fyrra:
9. «SVA hjalpi Ther
véttir hollar,
Frigg bien Freyja
ok fleiri Dios,
sem Jue feldir mér
Lejos höndum af. «
Traducción:
6. A continuación, sólo
hablaron, me parece;
Entró en las rodillas
de la mujer a sentarse;
Con Oddrun magia
y poderosamente Oddrun
Cantado por Borgny
encantos potentes.
7. Por fin nacieron
un niño y una niña,
Hijo e hija
del asesino de Hogni;
Habló entonces la mujer
muy débil comenzó,
Tampoco dijo nada
antes de esto habló ella:
8. «Así puede el santo
te ayuda,
Frigg y Freyja
y favorecido por los dioses,
Como tú me has salvado
del dolor ahora. «
© Morganna Barcelona.
Seidhr
ORÍGENES
El chamanismo es una tradición que se ha mantenido alrededor del mundo y que tiene probablemente raíces prehistóricas. Desde la publicación de Jakob Grimm sobre socio-linguística,Deutsches Wörterbuch (p. 638) en 1835, los eruditos han encontrado una relación bálto-finesa con el seid, relacionando su representación descrita en las sagas y en otros lugares con el noaidde, practicado por los chamanes lapones. Sin embargo el origen indoeuropeo también es posible (ver Hall 2004, 121-22). Cabe notar que la palabra seita (finés) o sieidde (sami), es utilizada para describir una figura de hombre formada por un árbol o una piedra grande de forma extraña y no está relacionada con la «magia» o la «brujería»; sin embargo es posible que estas palabras si deriven de seiðr (Parpola 2004).
Seidhr es una cosa vieja. Seidhr (nórdico antiguo: seiðr) un término para un tipo de hechizos o brujerías que fue practicado por los nórdicos paganos. La expresión también puede ser utilizada para referirse a reconstrucciones del neopaganismo moderno o a emulaciones de dichas prácticas.
En prácticas del norte de Europa de misterios religiosos, hay varias deidades asociadas con la magia.
Los dos más conocidos son Odin y Freya. Por lo general, es Odín que está asociado con la magia rúnica: un sistema basado en símbolos, signos y palabras. Como dios de la poesía, la guerra y el conocimiento, este es un sistema ideal para Odin para conectarse al Seidhr. Por otra parte, está muy en las manos de Freyja… una diosa que está asociada con la belleza, el amor, la guerra y la fertilidad. Por lo que es lógico pensar que ella está interesada en estos misterios también.
En la actualidad, las dos prácticas a menudo se cruzan entre sí y los curiosos de las runas se meten de lleno como expertos. Y no saben el arduo trabajo que conlleva cononcer la runas. La mayoría, las ven como una adivinación oracular sin pararse en la base histórica. Hay al menos una referencia literaria sólida sobre este tipo de práctica en la saga de Erik el Rojo, donde un pueblo pidió a una Seidkona que les ayudara a averiguar por qué estaban sufriendo hambruna con sus runas.
Es algo más que esto. Incorporó a base de hierbas curativas, la adivinación, bendiciones, maldiciones, el trabajo con los espíritus de la tierra, los espíritus de la casa, y los espíritus ancestrales.
En resumen, puede ser visto como una especie de brujería, con una profundidad que en la práctica puede ser de utilidad para la gente de vez en cuando, pero es algo que se teme por igual, ya que se valora. Es una práctica difícil de precisar, ya que es en gran medida una práctica vivencial, lo que significa que no es algo que se aprende en los libros, y no está muy enfocada en los tipos de aprendizaje que se suelen practicar en la vida cotidiana.
El seid involucraba el encantamiento con hechizos, a diferencia del galðrar que era más práctico, más chamánico y se enfatizaba en trances extáticos. Los practicantes de seid eran predominantemente mujeres (völva, o seiðkona, lit. «mujer que ve»), aunque también había practicantes masculinos (seiðmaðr (sjåmadhr), lit. «hombre que ve»). En la edad vikinga el seid tenía connotaciones de ergi («poco viril o afeminado») para los hombres, ya que sus aspectos manipuladores iban en contra del ideal de hombre franco, de conducta sincera.
Freyja y quizás algunas de las otras diosas de la mitología nórdica eran practicantes de seid, así como lo era Odín, un hecho que algunos creen que le avergonzaba, ya que Loki en Lokasenna lo acusó de practicante de seid como una forma de insulto. Sin embargo, otros creen que por ser el más importante de todos los dioses, estaba por encima de esas leyes morales, así como los dioses en las religiones politeístas de otros pueblos indoeuropeos. Los anglosajones tenían palabras que al parecer eran sinónimos de seiðr: siden y sidsa, ambas utilizadas en contextos que sugieren que eran usadas por elfos (ælfe); estas al parecer tenían un significado similar a seiðr. Entre las palabras en inglés antiguo para designar a los practicantes de magia estaban las palabras wicca o wicce, etónimos de la palabra en inglés moderno witch (bruja) pero sin conexión alguna entre wiccan y siden o sidsa.
Tal como describe Snorri Sturluson en su saga Ynglinga (sec. 7), el seid incluía tanto adivinaciones como magia manipuladora. Al parecer el tipo de adivinación practicada por seid era generalmente distinto, debido a su naturaleza más metafísica, que los augurios cotidianos realizados por las videntes.
En la saga de Erik el Rojo, la völva Þórbjörg lítilvölva en Groenlandia usaba un manto azul y llevaba en su cabeza una piel de cordero negro adornado con piel de gato blanco. También llevaba consigo una rueca simbólica (seiðstafr), que a veces era enterrada con ella; y se sentaba en una plataforma alta. En la saga de Örvar-Oddr, sin embargo, el manto era negro, si bien la völva llevaba consigo una rueca. Que tanto la elaborada descripción de la saga refleja la práctica pre-cristiana o cuanto aportó el autor, cristiano, con su imaginación, es algo difícil de determinar.
El galdr y su contraparte en inglés antiguo, gealdor, han evolucionado en la palabra inglesa actual yell (gritar) (escandinavo moderno: gala), y hay numerosos kenningars que comparan el sonido de la batalla con los cánticos del seid. Es muy probable que este sonido fuera muy agudo.
La diosa Freyja es identificada en la saga Ynglinga como una adepta a los misterios de seid, y se dice también que fue ella quien enseñó a Odín: Dóttir Njarðar var Freyja. Hon var blótgyðja. Hon kenndi fyrst með Ásum seið, sem Vönum var títt («La hija de Njörðr era Freyja. Ella presidía sobre los sacrificios. Fue ella quien primero puso a los Æsir en conocimiento del seiðr, que era una costumbre entre los Vanir»).
En el Lokasenna Loki acusa a Odín de practicar seid, condenándolo como un arte impropio de un hombre. Una justificación para esto puede encontrarse en la saga Ynglinga donde Snorri opina que quien practicase el seid era considerado como débil e impotente.
Un posible ejemplo de seid en la mitología nórdica es la visión profética que le da a Odín en la Völuspá la völva, vala, o profetisa de la cual el poema lleva su nombre. Su visión no está conectada explícitamente con la práctica de seiðr, sin embargo la palabra se encuentra en el poema en relación al personaje llamado Heiðr (que tradicionalmente es asociado con Freyja, pero también puede ser la völva: ver McKinnell 2001). Hay una fuerte similitud entre la völva en este relato y las nornas (las parcas de la mitología nórdica).
Otro notable practicante mitológico de seiðr era la bruja Groa, que intentó asistir a Thor, y que fue convocada desde su tumba en Svipdagsmál.
La magia vikinga o Seidr incluía el encantamiento con hechizos, que también podía ser llamado galdrar o galðrar, y el encantamiento con runas «atadas» (superpuestas de un modo concreto) o bindrunes. Los practicantes de Seidr eran predominantemente mujeres (seidkonur; también völvur), aunque asimismo había practicantes masculinos que se asociaban a un cierto afeminamiento (seiðmaðr; literalmente «hombre seid»). Como decimos, en la era vikinga el Seidr tenía connotaciones de constituir algo ergi («poco viril») para los varones, ya que sus aspectos manipuladores iban en contra del ideal de hombre franco, de conducta sincera, que da la cara al enemigo en todo momento. Freyja y quizás algunas de las otras diosas de la mitología nórdica eran practicantes de Seidr, así como Ódinn (un hecho que algunos pensaban que le avergonzaba, ya que Loki lo acusó de practicante de magia como una forma de insulto). Sin embargo, otros creían que por ser el más importante de todos los dioses estaba por encima de esas leyes morales.
© Morganna Barcelona.
Seidkonas, sacerdotisas vikingas
VÖLVA O SEIDKONA
Una völva (del nórdico antiguo: vǫlva) o vala (del antiguo alto alemán: wala), a veces también mencionada como seiðkona o wicce era una sacerdotisa en la mitología escandinava y entre las tribus germánicas.
La palabra inglesa witch es la forma moderna de wicce. Como las mujeres en general en las sociedades tribales germanas pre-cristianas, las völvas practicaban seiðr (chamanismo en la magia rúnica), el cual era considerado como ergi (que no era para los hombres), a pesar de que había practicantes hombres llamados seiðmaðr (o Wicca en antiguo inglés).
También asociados a las völvas estaban los encantamientos llamados galdrar. Se creía que las völvas poseían tales poderes, y que incluso el padre de los dioses, Odín en persona, consultó una para conocer el futuro de las divinidades, un relato que se preserva en Völuspá.
Ejemplos de völvas en la literatura nórdica incluyen la vidente Heidi (alt. Heith) en la Völuspá, la bruja Gróa en Svipdagsmál y Þórbjörg lítilvölva en la saga de Erik el Rojo.
En la sociedad vikinga, de igual manera que cualquier jefe de una casa podía oficiar los sacrificios a modo de sacerdote, a las mujeres también se las podía considerar sacerdotisas de su propio hogar. De hecho, el telar que había en todas las casas, y que era parte del intransferible mundo femenino, estaba asociado con la buena suerte de la familia. Las mujeres nórdicas tenían rituales o conjuros para casi todas las acciones de la vida.
Pero había otra magia más especializada, como el caso del seidr, que podría definirse como una forma de chamanismo femenino practicado en el norte europeo. La palabra viene de la raíz indoeuropea sed- y, al igual que el sedere del latín, tiene el sentido de sentarse en comunión con los espíritus.
La oficiante, llamada seidkona, acompañándose de un canto llamado vardlokur o galdrakona para entrar en trance, conseguía desarrollar facultades para la sanación física, mental y espiritual, la profecía o la canalización de los dioses y diosas a través de otra persona. También algunos de los actos considerados comúnmente como maléficos, como provocar enfermedades, tormentas o la muerte.
Seidkona, según la descripción hecha en la Saga de Erik el Rojo
En la Saga de Kormak, se cita a una seidkona que realiza el sacrificio de un ganso antes de iniciar una sesión mágica. En otros escritos se mencionan similares sacrificios con animales de pelo negro. En la Saga de Orvar Odds se cita a una seidkona que es ayudada en su trance por un coro de 30 jóvenes de ambos sexos.
En la Saga de Erik el Rojo, una tal Thorbjorg llega a una casa donde es instada a hacer una profecía sobre cuándo acabaría la mala racha por la que estaba pasando Groenlandia. La saga pormenoriza su atuendo, lo que nos da una idea de que tenía que ser muy significativo: capa azul atada con tiras de cuero y adornada con gemas, capucha negra de piel de cordero forrada con piel de gato blanco; de esta misma piel son sus guantes, y no puede faltar una bolsa que cuelgue de su cinturón con todos los elementos que necesita para desarrollar sus facultades.
Para cenar le dan gachas con leche de cabra, que toma con una cuchara de latón, y un plato con corazones de las distintas clases de animales que hay en la granja, que come con un cuchillo de hoja rota con el mango de colmillo de morsa con dos anillos de cobre. Pero aún falta un elemento importante: alguna mujer de la granja que sepa recitar el Vardlokur. Finalmente, puede realizar la profecía sobre el final de la epidemia y del hambre que se habían desatado aquel invierno.
Después, los asistentes acuden a ella de uno en uno, y para todos hay una respuesta. La saga asegura que hubo pocas que no sucedieron tal como ella predijo.
Fuente última parte: Breve historia de los vikingos – Manuel Velasco
© Morganna Barcelona.



