Ritual para la última luna negra del año.

 
Incienso de ciprés o pino.
Una turmalina (o mineral de color negro).
Caliz (o copa) con agua.
Caldero (o recipiente de barro) con tierra o/y sal.
Una vela verde oscuro.
Papel.
Boli negro.
Un frasco de cristal vacío.
Tela negra para cubrir el altar.
Flores, frutos secos o semillas como ofrenda.

Antes de empezar el ritual, nos purificarenos física y energéticamente e imaginaremos que todo lo que no nos sirve se va con el agua.
Colocamos todo en el altar y levantamos el círculo de protección.
Invocamos a la Diosa y a los Elementales: con la vela a los de Fuego y con el incienso a los de Aire. A los de Agua tomando el caliz en nuestras manos y a los de Tierra, tomando el caldero también en nuestras manos.
Cogemos el papel y lo pasamos por el humo del incienso. Lo cortamos en varios trozos y en cada uno escribimos nuestros objetivos para el nuevo año, todo lo que deseemos conseguir.
Metemos todos los papelitos en el bote muientras visualizamos nuestros deseos ya conseguidos y pasamos el frasco también por el incienso.
Agradece a la Diosa y a los Elementales su asistencia al ritual y les ofrecemos las flores, frutos secos o semillas.
Nos despedimos de la Diosa y de los elementales y cerramos el círculo para que no entre nada.
El tarro hemos de guardarlo hasta la última Luna Llena del próximo año. Lo abrimos y vemos cuántas de las cosas que hemos pedido se han cumplido. Lo que se ha cumplido lo enterramos en una maceta con una planta para regarlo siempre que reguemos la planta y así mantenerlo en el tiempo. Lo que no se ha cumplido lo quemamos para darle energía y enterramos las cenizas en la misma maceta. Al regarla, daremos vida a esos deseos aún por cumplir.
© Morgana Barcelona.

El origen de la Navidad, del árbol de Navidad y de Papa Noel.

Origen de la Navidad
Para los Celtas, el año comienza en Samhain. Las fiestas tradicionales celtas se basan en el calendario agrícola y las estaciones del año. Pero en tiempos remotos, las tradiciones célticas se confundían con las tradiciones paganas de los países nórdicos, donde el año comenzaba el 25 de diciembre con una fiesta que se llamaba la Noche de las Madres. Sin duda, esta fiesta estaba relacionada con diversos aspectos de la gran diosa Madre, en épocas anteriores al patriarcado que se evidencia en el mito de Odín.
La noche de las Madres coincidía con una vieja celebración llamada Yule del viejo inglés jul o jolque (significa “rueda”), aparentemente por una relación con la esfera solar. Esta fiesta ha sido celebrada desde la antigüedad marcando el solsticio de invierno con numerosas manifestaciones concernientes a la abundancia. En las primeras civilizaciones humanas la importancia de Yule era obvia. Como las noches se ponían más oscuras y largas, y los días más fríos y cortos, era importante que el Sol se sintiera atraído nuevamente por la Tierra. La festividad era importante porque los mantenía en sintonía con el ciclo de las estaciones y lo festejaban como el inicio de un Año Nuevo reuniéndose con sus amigos y familiares para adorar a los Dioses y las Diosas con alegría y agradecimiento.
La rueda gira, se marca la pausa del período que muere para dar lugar a un nuevo ciclo y el dios solar Balder renace de la Diosa Frigg. El dios representaba el Sol que vuelve después de la época más oscura del año y renace en la noche más larga para traer otra vez la fertilidad y el calor a la tierra. Yule es el más celebrado de todos los Sabbats porque sus costumbres y tradiciones han invadido las culturas populares, las corrientes religiosas y la cultura en casi todos los pueblos del mundo que, de alguna manera, han festejado el regreso del Sol desde su punto más débil. El antropólogo inglés Wallis Budge afirmaba que Navidad fue celebrada por primera vez como una fiesta religiosa hace 12.000 años.
La Navidad es una festividad que nace en Babilonia, luego es llevada a Roma conocida como la fiesta de «Saturnalia» y posteriormente fue ordenada su celebración en todo el imperio en el siglo V, como un festival oficial en honor a “Jesus”. En rigor, un lindo envoltorio cristiano en donde la masa participa sin cuestionar su origen y llevándolas a un consumismo totalitario.
Conocemos como Yule o Yuletide las fiestas en celebración del solsticio de invierno que se llevaron a cabo en los pueblos germanos paganos, entre ellos los vikingos. En nórdico antiguo se conoció como júl o jól y se trataba de un festival precristiano que duraba alrededor de doce días; una fiesta dedicada tanto a la familia, a los parientes y amigos ausentes como a la fertilidad y que coincidía con el solsticio de invierno, alrededor del 21 de Diciembre.
No sabemos exactamente las fechas entre las que oscilaba; para los vikingos este festival de casi dos semanas habría estado probablemente dentro de los dos meses de su calendario que se correspondían con el final del año, desde mitad de Noviembre hasta mitad de Enero. Se trata de una celebración que se pierde en los albores del tiempo ya que las referencias históricas más antiguas alrededor de esta palabra las encontramos en los primitivos nombres germanos que designaban los meses; Jéola, que significaba “antes de Yule” y Aeftera Jéola, que significaba “después de Yule”. En nórdico antiguo parece ser que ýlir se habría referido a este periodo de tiempo y que jól habría sido el evento concreto según lo que podemos leer en el Skáldskaparmal. La lengua gótica o el inglés antiguo también comparten estas características.
No es una fiesta exclusiva de los vikingos, con sus variantes muchas sociedades paganas han dedicado celebraciones a los cambios de estación ya que la naturaleza y los hombres y mujeres en el mundo pagano formaban un vínculo indesligable. Los hombres imitaban lo que veían. Lo amaban y lo temían. Lo respetaban y lo honraban. Y dentro de estos cambios Yule es la luz y la fertilidad, es el nuevo comienzo de la vida. La importancia de los solsticios en los países septentrionales es indiscutible ya que son países en los que se viven grandes periodos de tiempo bajo el manto de la oscuridad y donde el sol hace fugaces apariciones y especialmente es en ese momento, en esos doce días alrededor del solsticio de invierno, cuando el sol está más escondido, cuando la noche es más profunda y más oscura, antes de que sol comience a dejarse ver un poco más y a hacer los días un poquito más largos.
Parecía que el sol se tomaba un descanso antes de volver a comenzar el ciclo y por ello los días de Yule eran un momento de descanso, una imitación del sol, una vez terminados los trabajos otoñales y antes de comenzar con los del siguiente año. Es por ese motivo que la festividad estaba especialmente dedicada a la fertilidad ya que se pedían buenas cosechas y prosperidad para el año que estaba a punto de comenzar y se bebía “til aar og fred”, para la paz y las buenas cosechas, una máxima en la idiosincrasia vikinga.
¿En qué consistía esta celebración? Como en casi todas las celebraciones que rodearon la vida – y la muerte – de los vikingos, Yule se celebraba con un gran sacrificio o blót que no sabemos exactamente a quién iba dirigido, aunque más que probablemente fuese a los dioses – dísir –  relacionados con la fertilidad, las cosechas y la protección, como Frey y Thor. Posteriormente se celebraba un gran banquete, donde se comían los animales que se habían sacrificado y el juilskinka; el jamón de Navidad.
Los vikingos también tenían una característica muy suya para todo tipo de celebraciones, igual que no podía faltar el banquete tampoco podía faltar la cerveza. Éstos fabricaban cervezas especiales para los distintos acontecimientos (un ejemplo de ello son las bodas y su cerveza especial), y en Yule/Jól, se bebía la jólaöl (donde öl es cerveza).
Parece ser que los juegos y la diversión no habrían faltado, así como otra de las máximas de la idiosincrasia vikinga; la hospitalidad. Hemos dicho que principalmente Yule era una fiesta familiar donde se reunía la familia y dónde se recordaba a los familiares y a los amigos ausentes. De hecho, ante sus tumbas y en su memoria es donde se ponía la mesa del banquete. Por ello, se hospedaba con la máxima comodidad y cariño a los que venían – siempre con las manos cargadas de regalos, acción que sería compensada con unas manos cargadas de regalos de vuelta, otra característica vikinga, dar y recibir –; se les preparaban baños de vapor para paliar el frío de las travesías en barco, ropas secas con las que vestirse, camas mullidas, fuego y, por supuesto, comida y gran cantidad de bebida.
Era la tradición de encender el leño de Yule, un gran tronco del año anterior, que debía arder toda la noche. Es una versión “indoor” de la hoguera de Litha (el solsticio de verano, la hoguera de San Juan). Espantaba a los malos espíritus, alumbraba toda la velada de reunión y las cenizas se esparcían por los campos bajo la creencia de que así se harían fértiles y darían buenas cosechas para el año siguiente. Esta tradición es de absoluta procedencia pagana y se puede encontrar en muchas culturas europeas, no sólo en la nórdica. Hoy en día es un dulce con forma de tronco, muy similar estéticamente a un brazo de gitano de chocolate.
La cabra de Yule es uno de los símbolos escandinavos de la Navidad por excelencia que hoy en día consiste en decorar las casas con monigotes de cabras hechas de paja trenzada pero que, probablemente, remonte sus orígenes a época pagana, mucho antes incluso de los vikingos. El macho cabrío solía ser el animal que llevaba las ofrendas para los sacrificios y que en muchas ocasiones se sustituía por dos hombres ataviados con las pieles del animal y una cornamenta. Parece ser que con el tiempo disfrazarse así se convirtió en una tradición que consistía pasearse por el pueblo para hacer reír y dar sustos a la gente. Sin embargo, en sus orígenes más primitivos esta tradición debió estar ligada al dios Thor, un dios que muchos sólo asocian a la guerra o a las batallas, pero que también era el dios protector de los hombres, con influencia en el clima, las cosechas, la protección o la justicia. Thor viajaba en un carro tirado por dos machos cabríos mágicos llamados Tanngrisnir y Tanngjóstr que tenían la peculiaridad de que Thor podía cocinarlos para alimentarse y luego revivirlos cubriendo los huesos con la piel y utilizando el poder regenerador de su martillo. En el siglo XIX la cabra se convirtió en la portadora de los regalos en Escandinavia – probablemente como reminiscencia de aquella cabra que habría portado las ofrendas – y con el tiempo acabó derivando en las figuras de San Nicolás, Papá Noel o Santa Claus, que en los países nórdicos se llama Jultomten, Julenisse o Joulupukki.
El jamón de Yule era una tradición ancestral de los pueblos nórdico-germánicos, como hemos visto, ofrecer un blót (un sacrificio) a Frey, el dios de la cosecha y la fertilidad, para luego celebrar un gran banquete. Ello ha llegado hasta el día de hoy como el típico jamón de Navidad. Una cosa realmente curiosa es cómo la Iglesia lo adaptó también y lo convirtió en una prueba de auténtica conversión y fe para los judíos; los marranos – los judíoconversos o los criptojudíos, como se llamó a los judíos que se habían convertido pero seguían practicando sus rituales – lo habrían rechazado, en cambio, los conversos o nuevos cristianos lo habrían comido.
El wasselling consistía en ir de wassai por el pueblo; derivado del anglosajón “waes hael” que significa  “seas sano”. Se recorría el pueblo brindando y cantando con el wassailing bowl, un recipiente de madera con el que se brindaba con las personas, e incluso con los árboles y los elementos de la naturaleza en esa celebración que pedía por la fertilidad y un próspero año nuevo. Con el tiempo se convirtió en la práctica de ir cantando canciones típicas puerta por puerta, los Villancicos, o de ir cantando a las huertas para pedir buenas cosechas.
El árbol de Yule: Se colocaba un árbol perenne en la casa – posiblemente un abeto –, que representaba el Yggdrasil, el árbol de la vida o del universo en la mitología nórdica, que adornaban y decoraban. Más que probablemente de aquí venga la tradición del árbol de Navidad.
Otra tradición era llevar a cabo una vigilia nocturna, junto a los familiares y amigos, en un gran banquete y festín esperando la salida del nuevo sol, dejar una vela encendida junto a la ventana o decorar las viviendas con muérdago, que procede del roble, un árbol muy apreciado – y utilizado – por los nórdicos.
¿Cómo se ha llegado de una festividad pagana a una de las mayores festividades cristianas como es la Navidad? Los pueblos paganos fueron muchos, no sólo los vikingos o los germanos, y antes de la llegada del cristianismo existieron otros grandes pueblos paganos como los celtas, los íberos, los griegos o los romanos.
Cuando el cristianismo comenzó a imponerse y extenderse la Iglesia se dio cuenta rápidamente de una cosa, se pueden cambiar ideas, se pueden imponer ideas, pero no se puede cambiar la tradición y no se puede cambiar el ciclo de la vida de las personas. Estos pueblos paganos no sólo celebraban banquetes y libaciones en honor a sus dioses, sus dioses eran la propia tierra, la propia naturaleza y su adoración estaba ligada a ellos y a sí mismos. Celebraban el inicio de las cosechas y su fin, celebraban los solsticios, los cambios de estación, celebraban la vida y celebraban la muerte. ¿Cómo podía la Iglesia cambiar eso? ¿Cómo podía la Iglesia imponer unas nuevas ideas, cultos y celebraciones que no tenían nada que ver con lo que estos hombres y mujeres conocían y sentían? En un alarde de absoluta agudeza la Iglesia comprendió que no podría cambiar las prácticas paganas; aunque de iure se hubiesen convertido, de facto iban a seguir siendo paganos, por ello optó por adaptar y transformar las celebraciones y festividades paganas en festividades y celebraciones cristianas.
Así, el solsticio de invierno se convirtió en la Navidad, el solsticio de verano se convirtió en San Juan, Samhain (el equinoccio de otoño) se convirtió en Todos los Santos y el equinoccio de primavera en la Pascua, por poner unos cuantos ejemplos.
Uno de estos pueblos paganos era el propio Imperio Romano, donde también se celebraba el solsticio de invierno con un significado muy similar al de los vikingos o germanos, “cuando el sol vence a las tinieblas y los días empiezan a alargarse”.  Sin embargo, en el año 313 en emperador Constantino I decretaba la libertad de culto en el Imperio y el cristianismo dejaba de perseguirse a través del Edicto de Milán y en el año 380 el emperador Teodosio I promulgaba el Edicto de Tesalónica, por el cual el catolicismo se convertía en la religión única y oficial del Imperio.
Como era de esperar, el pueblo romano no se cristianizó de golpe y siguió celebrando sus festividades ancestrales, por lo que a la Iglesia no le quedó otro remedio que llevar a cabo esa estrategia de absorción de la que hablábamos, transformando las costumbres paganas dándoles un nuevo sentido cristiano.  Si lo que celebraban los romanos era que el sol que vencía a las tinieblas, la Iglesia le dio un nuevo significado; El nacimiento de Jesucristo era ese sol que vencía a las tinieblas.
Y así se adaptaron todas aquellas festividades paganas de muchas sociedades relacionadas con el solsticio de invierno en la Navidad cristiana.
Ya sabemos que la Navidad es una adaptación de las fiestas paganas, pero, ¿por qué el 25 de Diciembre exactamente? Algunos autores creen que es mera coincidencia y que ese día no tiene nada que ver con el paganismo, sin embargo esta teoría carece de bastante sentido cuando somos conscientes de que ninguna otra teoría histórica avala el nacimiento de Jesús como real en esa fecha. No hay evidencias históricas que así lo confirmen.
Otros autores creen que se escogió el 25 de Diciembre para hacerlo coincidir con esa celebración pagana de los romanos del solsticio de invierno de la que hemos hablado. Éstos tenían una festividad llamada Saturnalia, en honor a Saturno, que comenzaba el 17 de Diciembre y duraba siete días. Al final de Saturnalia, el 25 de Diciembre, se celebraba el Natalis Invictis Solis o Deus Sol Invictus, el nacimiento del sol invencible dedicado al dios Apolo. Ese mismo 25 de diciembre también se celebraba la fiesta de Brumalia que coincidía con el solsticio y que estaba dedicada al dios Baco, aunque para otros este nombre significa “fiestas de invierno“, del latín bruma  que significa “el día más corto“, e incluso, “invierno”, porque los brumales caían en esta estación. Durante esos días los romanos descansaban, no guerreaban, intercambiaban regalos e incluso los esclavos recibían prebendas como raciones extras de comida o, incluso, la liberación.
La palabra Navidad proviene de la palabra latina nativitas que significa nacimiento y se refiere particularmente al nacimiento de Jesucristo, sin embargo, en ninguna parte de la Biblia se menciona la fecha exacta de su nacimiento. Los romanos, al cristianizarse, adaptaron estas festividades, unas de las más importantes y que no podían quitarle al pueblo, y las convirtieron en el nacimiento de Jesús y en el día de Navidad en ese mismo 25 de Diciembre.
En el año 336 aparece por primera vez la palabra Natividad y Navidad en el calendario romano, sin embargo el consenso es poco y otros autores dicen que hay que esperar al 379. Lo que sí está claro, sea como sea, es que a partir de mediados del siglo IV dejó de nacer el Sol y comenzó a nacer Jesús.
Como hemos visto antes, estas fiestas duraban varios días. Concretamente se cree que en muchos lugares duraron esos doce días de tinieblas que mencionábamos, por lo que no es en absoluto trivial, ni casual, que si a la noche del 24 al 25 de Diciembre le sumamos esos doce días encontremos otra fecha muy cristiana y que muchos países celebran, la noche del 5 al 6 de Enero, la Epifanía, los Reyes Magos.
Origen del árbol de Navidad
Se enlaza habitualmente con una fecha fundamental en el calendario de los festejos cristianos y católicos. Sin embargo, posee lejanos antecedentes paganos. Aunque el moderno árbol de Navidad se originó en Alemania. Pero los germanos lo obtuvieron de los romanos, quienes lo obtuvieron de los babilonios y egipcios.
Su origen está en los mitos nórdicos, el árbol era el centro del universo. Para los germanos, la vegetación también estaba asociada con la agonía mortal del sol; hecho coincidente éste con las Saturnalias. Los antiguos indo-europeos observaban que hacia la mitad del invierno el sol quedaba inmóvil cerca del oriente meridional y luego se elevaba paulatinamente. A este fenómeno astronómico se lo conoció como el día del solsticio (sol detenido).
Temiendo que la oscuridad de Diciembre venciera al sol y lo ocultase, se decoraban la casa con acebo, hierba, muérdago y laurel, ya que estas hojas perennes, al seguir en el mismo estado aparente después de ser arrancadas, eran símbolo de inmortalidad. Además, se encendían leños; se hacían grandes fogatas y se prendían velas. Esta iluminación durante esa noche actuaba como una especie de magia imitativa que intentaba revivir al sol. Por lo tanto, los árboles iluminados no sólo eran símbolo de fertilidad sino de renacimiento solar.
Si bien existen varias teorías en torno al origen del árbol de Navidad, una de las más extendidas defiende que proviene especifícamente de los celtas de la Europa central, quienes empleaban árboles para representar a varios dioses. Además, coincidiendo con la fecha de la Navidad cristiana celebraban el nacimiento de Frey, dios del Sol y la fertilidad, adornando un árbol. Tenía el nombre de Divino Idrasil (Árbol del Universo) y en su copa se halla el cielo y en las raíces profundas el inframundo.
Entre los años 680 y 754 d.c, San Bonifacio evangelizador de Alemania, entendió que era imposible arrancar de raíz esta tradición pagana, por lo que decidió adaptarla dándole un sentido cristiano. Fue así como cortó con un hacha un roble que representaba al dios Odín y en su lugar plantó un pino, que por ser perenne simbolizaba el amor de Dios, adornándolo con manzanas y velas. Las manzanas representaban el pecado original y las velas, la luz de Jesús.
Ya en la Edad Media, el leño era parte de un impuesto en productos naturales que el vasallo debía pagar a su Señor Feudal. Los cánones exigían que se pagaran productos determinados según las fechas y en evocación a rituales pasados. Así como en Pascua se exigían huevos, en Navidad se exigió un leño. Este no era un leño pequeño sino que consistía en una enorme porción de árbol. Durante la Navidad, el leño se quemaba en el hogar; acto seguido, toda la familia iba a los servicios religiosos dejando el leño encendido. Si la leña ardiente se apagaba por alguna razón, esto era presagio de desgracia.
Posteriormente, con la evangelización de esos pueblos, los cristianos tomaron la idea del árbol para celebrar el nacimiento de Jesús. Se cree que el primer árbol de Navidad, tal y como lo conocemos en la actualidad, apareció en Alemania en 1605.
Lutero fué quien cambio esta costumbre entre los protestantes. Así, en lugar de quemar el leño, se le encendían velas. Dicha costumbre comenzó a difundirse en América para 1761 importada directamente de Alemania.
George III, coronado como soberano de Inglaterra, en 1762, y su mujer, la reina Charlotte, oriunda de Alemania, fueron los primeros en adornar su palacio con un abeto doméstico, aunque no fue hasta medio siglo después, cuando la buena sociedad inglesa cayó hechizada por la idea de reproducir, en sus casas, lo que sus ojos habían visto en el palacio de Windsor habitado, entonces, por la soberana Victoria y su esposo, el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo. Un noble germánico que introdujo el árbol como la última moda en las navidades de la sociedad victoriana, poco después de contraer matrimonio con la Reina, en 1840.
Alberto de Sajonia (nacido en Coburgo) llevó consigo a Inglaterra la memoria de un país en el que ya, en torno al siglo XVII, se empiezan a reunir las familias alrededor de un árbol de Navidad. Es así que en aquel entonces algunas familias alemanas, después de buscar alguna excusa para que los niños salieran de casa, aprovechaban la ausencia de éstos para decorar el árbol con frutos y juguetes el mismo día 24 de diciembre.
La antigua creencia germánica era hacer un árbol gigantesco, el que sostenía al mundo y el que soportaba (esto explica la costumbre de poner luces a los árboles), en sus ramas, el peso de la luna, el sol y las estrellas. Un árbol que era, además, el símbolo de la vida ya que, en invierno, cuando casi toda la naturaleza aparecía muerta, éste no perdía su verde follaje.
Ya para 1850, por primera vez, en Nueva York comenzaron a iluminarse los árboles a gas. En España, concretamente, parece ser que la primera vez que se colocó un árbol de Navidad fue en Madrid, durante las navidades del año 1870. Y en el Vaticano en 1982 a petición de Juan Pablo II.
La decoración del árbol ha ido evolucionando hasta nuestros días pero los elementos más característicos siguen siendo la estrella (pentagrama) colocada en la cima, las esferas de colores, que al inicio fueron manzanas, las luces como iluminación divina y los lazos como símbolo de unión. A pesar de que la religión cristiana y católica lo rechazó durante muchos siglos por considerarlo un ritual pagano finalmente acabó aceptándolo y hoy en día es, sin duda, uno de los elementos más simbólicos de la Navidad.
El Papa Benedicto XVI dijo lo siguiente:  “En las próximas semanas el árbol de Navidad será motivo de alegría […] Su forma en punta, su color verde y las luces de sus ramas son símbolos de vida. Además, nos remiten al misterio de la Nochebuena. Cristo, el Hijo de Dios, trae al mundo oscuro, frío y no redimido, al que viene a nacer, una nueva esperanza y un nuevo esplendor. Si el hombre se deja tocar e iluminar por el esplendor de la verdad viva que es Cristo, experimentará una paz interior en su corazón y será constructor de paz en una sociedad que tiene mucha nostalgia de reconciliación y redención”
El Origen de Santa Claus
El mito de “Santa Claus” ciertamente proviene de una transformación de los antiguos mitos nórdicos de Odín y de la fiesta de Yule a los que se le agregan varias leyendas medievales de San Nicolás de Bari, distribuyendo regalos.
Odín era un dios que vivía en una estrella. Además, tenía una larga barba blanca, con un ojo y un extraño sombrero. Los teutones creían que, después de la fiesta del sol, el 25 de diciembre, Odín cabalgaba con las almas de los difuntos hasta el 6 de enero. El ventarrón que levantaban tras su paso atraía las semillas: de esta manera fertilizaba la tierra. Relacionado con esto, se efectuaba el ritual de poner por la noche heno en las botas y zuecos bajo la creencia de que los caballos necesitaban alimento, especialmente el caballo gris de Odin, llamado Sleipnir. En lugar del heno, Odín dejaría oro.
Odín es todo poderoso y a menudo es asociado con la guerra, la brujería, la muerte, la sabiduría y casi todo lo demás que se puede atribuir a una deidad.
Cuando Odín quería viajar entre los mortales sin que se notara, asumía la apariencia de un viajero y a menudo se hacía referencia de él como «Odín el Vagabundo” representándolo como un anciano con una larga barba, de un solo ojo y un sombrero de ala ancha, llevando un bastón.
También en el solsticio, Odin se sabe que entraba en las casas a través de agujeros de fuego (chimeneas) y recompensaba a los leales del bien que luchaban contra el mal. Los niños podrían poner sus zapatos cerca de la chimenea y Odin los llenaría de dulces y golosinas.
«Odín se aventuró hasta el pozo de Mimir, cerca de Jötunheim, la tierra de los gigantes bajo la apariencia de un caminante llamado Vegtamr. Mímir, que vigilaba el pozo, para permitirle beber de éste le pidió que sacrificara su ojo izquierdo, siendo esto un símbolo de su voluntad por obtener el conocimiento»
La mitología de San Nicolás está fuertemente inspirada en el dios Odín. Por ejemplo, se representa a Odín acompañado por su caballo Sleipnir y por dos cuervos que lo ven todo, así como en numerosas representaciones de San Nicolás, éste está acompañado de su caballo y de dos pierrots negros.
Nacido en el siglo IV en Patara, ciudad del sud-oeste de la actual Turquía, Nicolás fue sucesor de su tío el obispo de Myra. Desde su niñez, Nicolás destacó por su bondad y generosidad con los más pobres, preocupándose siempre por el bien de los demás. Siendo todavía muy joven, el muchacho perdió a sus padres, presas de una epidemia de peste, y se convirtió en el heredero de una gran fortuna. A sus 19 años, Nicolás decidió dar toda su riqueza a los más necesitados y marcharse a Myra con su tío para dedicarse al sacerdocio. Allí fue nombrado obispo y se convirtió en santo patrón de Turquía, Grecia y Rusia. La figura de San Nicolás difiere bastante del actual Santa Claus, empezando por su vestimenta, ya que este vestía en muchas ocaciones de verde.
El emperador Dioclesano que reinaba entonces en toda Asia menor persiguió cruelmente a los cristianos. Ello condujo al aprisionamiento de Nicolás que fue obligado a vivir cierto tiempo en el exilio.
En 313 el emperador Constantino restableció la libertad religiosa y Nicolás pudo retomar su cargo de obispo. Nicolás murió en Diciembre entre 343 a 345 d.c seguramente víctima de persecuciones religiosas del Imperio Romano. Fue enterrado en Myra, pero sus restos fueron robados en 1087 por mercaderes italianos que los llevaron a Bari, en Italia. Puesto que esa fecha está muy próxima a la Navidad, se decidió que este santo era la figura perfecta para repartir regalos y golosinas a los niños en el Día de Navidad.
Luego de su muerte, la iglesia de Roma lo elevó a los altares y desde ahí que pasó a ser “San Nicolás o Santa Claus”, a quien todos los niños esperaban ansiosamente, para recibir los regalos en época navideña. Más tarde, este “San Nicolas” adoptó el nombre de “Papá Noel” de la raiz francesa que a su vez deriva del latín “Natalis, natal”, osea “padre de la navidad”.
Este Papa Noel trascendió hasta occidente y ya en época contemporánea, fue introducido en diversas historias que hablaban de su origen, relacionándolo con el polo norte, con la participación de gnomos y renos que lo trasladaban en su tarea de repartir “regalos” por todo el mundo.
Posteriormente, en el siglo XII, la tradición católica de San Nicolás creció por Europa, y hacia el siglo XVII emigrantes holandeses llevaron la costumbre a Estados Unidos, donde se suele dejar galletas o pasteles caseros y un vaso de leche a Santa Claus. Por cierto, como curiosidad, el nombre Santa Claus se creó a raíz del nombre del santo en alemán, San Nikolaus.
En el siglo XVII, en Holanda, era conocido como «Sinterklaas» y fue retratado como un hombre viejo con una barba larga. En este momento, Sinterklaas se asoció con la antigua fiesta pagana de Yule. En algún momento alrededor del solsticio de invierno (que está a pocos días de la Navidad moderna) Sinterklaas montaría por el cielo en su blanco caballo de ocho patas y celebraría la derrota del mal. Con los años, el caballo de ocho patas de Sinterklaas se convirtió en ocho renos voladores.
El mito llega a Norteamérica con los colonos alemanes y holandeses. San Nicolás, Sankt Niklaus o Sinterklaas se deforma en “Santa Claus” por las malas pronunciaciones, y de este personaje se desprenden connotaciones religiosas originales y forma parte, en principio, de la cultura popular y comercial norteamericana.
Los inmigrantes holandeses que fundan la ciudad de Nueva Amsterdam, después llamada New York, llevaron con ellos sus costumbres y también su santo patrono San Nicolás (Sinterklaas) cuya fiesta se celebra en Holanda entre el 5 y el 6 de diciembre.
Mas adelante, hacia 1863, el dibujante alemán Thomas Nast crea la conocida figura de gordo barbudo y bonachón, para sus tiras navideñas en Harper’s Weekly. A mediados del siglo XIX, el Santa Claus estadounidense llega a Inglaterra y de allí pasa a Francia, donde se funde con Bonhomme Noël, el origen del actual Papá Noel, quien tenía parecido físico con Santa Claus, pero vestía de blanco con vivos dorados. También a finales del siglo XIX, se crea la tradición de que Papá Noel procedía del Polo Norte y se popularizan los renos como medio de transporte de Santa Claus, a partir de un anuncio estadounidense de la Lomen Company.
El mito actual cuenta que “Santa Claus” vive en el Polo Norte y que la noche del 24 al 25 de diciembre parte en un trineo mágico y volador tirado por renos guiados por el reno Rodolfo que conoce el camino. Esta imagen tiene una fuerte influencia de Yule y de la cabalgata nocturna de Odin montando el caballo de ocho patas “Sleipnir”. El trineo de “Santa Claus” está repleto de regalos y juguetes que los niños han pedido a través de cartas.  Este se desliza por una chimenea o por una ventana para distribuir los regalos si los niños han sido buenos y obedientes.
En 1920 Papá Noel apareció por primera vez en un anuncio de Coca-Cola publicado en The Saturday Evening Post. De aspecto serio, este primer Santa Claus fue creado por el ilustrador Thomas Nast, y durante algunos años Coca-Cola usó en su publicidad diferentes diseños de este personaje desarrollados por otros ilustradores.
Sin embargo fue en 1931, cuando Coca-Cola puso en marcha una campaña de publicidad y de marketing navideña siendo Santa Claus la figura principal, y para darle un empujón más, la marca decidió otorgarle los colores corporativos (rojo y blanco) los cuales siguen hasta la actualidad.
 
Fuente: Varios libros de mitología nórdica y celtismo.

Finn MacCumhail y el Salmón del Conocimiento.

 
Cuenta la leyenda que antes de que los Tuatha De Dannan llegaran a Irlanda, los duendes del bosque (el pueblo de Sidhe) escondieron toda la sabiduría de la Tierra en siete avellanos, para protegerla del demonio Formors.
Para guardar los Árboles de la Sabiduría crearon un pozo en el que una bestia mágica vivía encargado de su protección.
Años más tarde, una niña llamada Sinnan quiso coger avellanas de allí, pero en cuanto se acercó a uno de los árboles, la bestia la agarró y la lanzó lejos de allí creando un gran surco del pozo hasta el mar.
El río que se formó fue llamado Sinnan, y es el que hoy se conoce por Shannon.
Una de las avellanas cayó al río, donde un salmón se la comió, convirtiéndose así en el ser más sabio de la Tierra.
Todos los hombres de Erin se afanaron en pescar al salmón, pues quien lo comiera adquiriría su saber, pero el pez era demasiado listo para dejar que le cogieran.
Una profecía decía que el salmón sólo sería consumido por un elegido, cuyo nombre era Finn.
Demna MacCumhail era un joven príncipe de unos diez años edad, que respondía al apodo de Finn, cuando fue en busca del ermitaño Finegas para que lo tomara como aprendiz.
Finegas estaba ocupado en la búsqueda del salmón cuando acogió a Finn, y estando con él, finalmente lo atrapó.
Finegas creyó que se trataba de él mismo, y no desconfió de un joven llamado Demna.
Le encargó que lo cocinara, pero que no se le ocurriera probarlo. Finn no sabía que se trataba del Salmón de la Sabiduría, así que obedeció y lo asó diligentemente.
Estaba el pescado chisporroteando en el fuego, cuando una gota de grasa saltó en el pulgar de Finn.
Él se lo chupó, y se convirtió entonces en el ser más sabio de la Tierra.
Cuando Finegas se dio cuenta y Finn le hubo revelado su apodo, le dejó terminar con él.
Desde entonces, cada vez que Finn tenía que tomar una decisión, se chupaba el pulgar.
Finn MacCumhail se convirtió después de algunos años en el capitán de los Fianna (fina), una orden de caballería parecida a la de la Tabla Redonda, que fue la más poderosa de su tiempo, y se ocupaba de guardar las costas de Irlanda.
Los caballeros de esta compañía no eran héroes tipo estándar, sino hombres normales sin armaduras y con cualidades específicas.

Leyenda Celta de la Calavera

Érase una vez un granjero que solo tenía un hijo, el cual murió y el padre no quiso ir al entierro ya que había tenido una disputa con él. Pasado un tiempo murió un vecino y él fue a su entierro y después de la ceremonia encontrándose aun el granjero en el Campo Santo, mirando distraídamente una fosa vio una calavera, la cogió indolente y le preguntó pensativo: -Debiste ser una persona apuesta en tu juventud y me gustaría saber algo más de ti.
Y la calavera habló y esto fue lo que le dijo: – Mañana iré a pasar la noche contigo, si tú vienes a pasar otra noche conmigo. Así lo haré, dijo el granjero. En el camino de vuelta se encontró con el cura y le comentó lo sucedido. El párroco le dijo que debería de haber soñado ya que las calaveras no hablaban. Y el granjero le citó a la próxima noche junto con la visita de la calavera, a la que el sacerdote accedió también a ir.
Así, que a la siguiente noche estaba el granjero junto con el cura esperando a la calavera. Al poco tiempo llamaron a la puerta y apareció la calavera. Se subió a la mesa y se comió toda la cena que sobre ella había. Después de eso volvió a salir y desapareció. – ¿Por qué no le ha hablado? inquirió el granjero al cura. – ¿Por qué no lo hiciste? , respondió el clérigo. A la noche siguiente tal como había convenido con la calavera, el granjero acudió al cementerio, y al no ver nada descendió tres peldaños que estaban junto a la Iglesia.
De pronto se encontró en medio de un campo, lleno de hombres que luchaban entre sí con palas y hoces. Al ver al granjero le preguntaron por si buscaba al cráneo, al asentir este le dijeron: – Se acaba de ir al campo de al lado. Y en el otro campo vio a hombres y mujeres que luchaban entre sí. ¿Está buscando un cráneo?, le preguntaron, Pues bien se acaba de ir al campo de al lado.
Y el granjero fue al campo de al lado y en él vio una gran casa, después de entrar en ella vio un fuego en un hogar y en la habitación había una dama y una criada. Y la dama caminaba de un lado a otro de la habitación, y cada vez que se acercaba al fuego a calentarse, la criada la apartaba de él. También le preguntaron si buscaba un cráneo y que si era así que fuera a una puerta a la izquierda de la habitación, que entrara por la misma y que allí hallaría el cráneo, y así lo hizo el granjero.
Al entrar en la habitación contigua se encontró con la calavera y esta le preguntó si quería cenar, al asentir el granjero, la calavera lo condujo a la cocina, en ella estaban tres mujeres y la calavera le pidió a una de ellas que le sirviera cena, y esta cogió pan moreno y una jarra de agua y se lo sirvió al hombre, el cual desistió de comer aquello.
A continuación el cráneo le pidió a la segunda mujer que hiciera lo mismo, y aquella mujer aun sirvió peor al granjero por lo que este de nuevo desistió de cenar. Por fin la calavera le pidió a la tercera mujer que sirviera al granjero y esta sirvió al granjero una opípara cena con profusión de viandas y esplendorosos vinos. Después de cenar el granjero le preguntó al cráneo que significaba todo lo que había visto y este le respondió: -Los hombres que viste en el primer campo solían luchar entre si cuando estaban vivos, porque tenían tierras cerca unos de otros y acostumbraban a mover las estacas y ahora tienen que luchar entre sí por siempre jamás. Los hombres y las mujeres que viste eran parejas casadas que solían pelear entre si y ahora deberán de seguir peleando siempre. La señora que viste en la casa no dejaba en vida que la criada se acercase al fuego cuando volvía mojada y con frío y quería calentarse, y ahora la criada le hace lo mismo a ella y eso seguirá hasta el día del Juicio Final.
En cuanto a las tres mujeres de la cocina -añadió- esas eran mis tres esposas. Cuando le pedía a la primera que me preparara la cena solo me daba pan moreno y agua. Cuando le pedía comida a mi segunda esposa aún era peor como has visto. Pero la tercera a mis ruegos me servía el banquete que tú has cenado. La calavera miró lúgubremente al granjero y le dijo: -En cuanto a ti, has sido traído hasta este lugar por no querer ir al funeral de tu hijo por haber estado enfadado en vida con él, sin embargo si fuiste al entierro de un vecino. Así que ahora te sugiero que si te quieres salvar vayas hasta donde está enterrado tu hijo y pídele perdón, quizás lo obtengas, y no dejes de olvidar que desde que saliste de casa hasta llegar aquí han transcurrido setecientos años.
El granjero, quedó petrificado, y como despertando de un sueño se vio caminando hacia el cementerio, por los lugares que el antes circulaba y que habían cambiado de fisonomía por el tiempo transcurrido. Al fin llegó al cementerio, y pese a lo cambiado que estaba, pudo localizar la tumba de su hijo, allí se arrodilló y se arrepintió y pidió perdón. El perdón de su hijo. Hasta que por último surgió una mano de la tumba y cogió la suya, y él y su hijo subieron juntos al cielo…
 
 

La leyenda de Charís y Taliesin

Taliesin
Elphin de Gwyddno, hijo del rey de Gwynedd, es considerado por todo el clan como el ser más desafortunado que jamás haya existido, nada en lo que él participe alcanza el éxito. Pero en Beltane, antigua fiesta celta, su padre lo escoje para que recoja la pesca del salmón, quiere probar que no existe maleficio alguno y asegura que traerá abundante captura. Pero lo que Elphin encuentra durante su captura, le cambia la vida, un bebé envuelto en una piel de foca. Al volver al Caer, Hafgan, el druida exclama al ver al niño, «¡Mirad, Taliesín el de la faz resplandeciente!». Elphin se casa con una pariente de su madre, Rhonwyn, que acababa de perder un bebé, para que críe a Taliesín. Hafgan educa a Taliesín, lo inicia en el mundo de los druidas, convirtiendolo en un gran bardo-druida. Pero durante un periodo de guerras todo Gwynedd abandona el Caer en busca de un lugar en paz donde vivir, llegan así hasta Ynis Avallach donde Taliesín conoce a la hermosa Chirís y comienza otra historia…
Charís, la Dama del lago
Joven atlante, alta y esbelta, con una gracia que sobrepasa la simple belleza, Dorada hija del rey Sol, Reina de las hadas, dama del lago, sus apelativos proliferaban con el transcurso del tiempo. Vivía en la dorada Atlántida, en un periodo de paz y prosperidad, su vida transcurría con todas las comodidades. Pero cuando nadie creyó a los magos, Chirís sí los escuchó, Throm profetizó la destrucción de la Atlántida, por lo que Chirís reunió a su padre y hermanos y huyeron en 3 barcos. Llegaron hasta las costas bretonas, un mundo muy diferente pero en el que tienen que empezar una nueva vida. El rey Avallach construye un maravilloso palacio pero Chirís no es feliz, vaga melancólica por los pasillos y cabalga por los campos de palacio. Pero todo cambia cuando los habitantes de Gwynedd llegan pidiendo cobijo y con ellos el joven bardo Taliesín.
Ávalon, Taliesin y Charís
Es en Ynis Avallach, es decir, Ávalon, donde Taliesin conoce a una bella dama llamada Charís, y éste es el comienzo de otra historia. Chirís era una joven atlante (habitante de la Atlántida, misterioso continente desaparecido, mundo de misterio), una princesa alta y esbelta, con una gracia que sobrepasaba la simple belleza. Era la dorada Hija del Rey Sol, Reina de las Hadas, Dama del Lago, y sus apelativos iban en aumento con el paso del tiempo.
Ella vivía en la dorada Atlántida, durante un período de paz y prosperidad, al tiempo que su vida transcurría con todas las comodidades. Pero cuando nadie creyó en los Magos, la joven y bella Chirís sí los escuchó. Uno de ellos, llamado Throm, había profetizado que se avecinaba la destrucción de la Atlántida, por lo que Chirís se reunió con su padre y sus tres hermanos, y huyeron en tres barcos.
Fue así que llegaron hasta las costas bretonas, siendo éste un mundo muy diferente, y en el cual deberán comenzar una nueva vida. Desde la cumbre de la civilización de la Atlántida, se desencadena su caída y destrucción total, debido a un gran maremoto, del cual sólo se salvan unos pocos de barcos que huyendo desesperadamente, consiguen llegar a una tierra envuelta en nieblas y brumas, una tierra donde se instalarán y donde comprobarán que no son los únicos habitantes, y que cambiará sus vidas y con el tiempo las antiguas costumbres de su civilización perdida. Esta tierra nueva encontrada se trata de Gales, y en ésta época es un lugar azotado por la guerra y donde está llegando con gran fuerza una nueva religión en el lugar, conocida como el Cristianismo, que tendrá un papel clave. Los atlantes se instalarán en un lugar solitario y apartado de esta nueva tierra, y allí construirán un reflejo de lo que fue su reino; su nuevo hogar se llamará Ynis Avallach, El rey en Avallach construye un maravilloso palacio, pero Chirís no es feliz allí, suele vagar melancólica por los pasillos o cabalga triste por los campos de palacio.
Mas todo cambia cuando los habitantes de Gwynedd llegan pidiendo refugio, y junto a ellos, el joven bardo Taliesin.
Elphín ap Gwyddno y su gente regresan a su poblado después de una dura batalla pero Gwynedd ha sido arrasada por los bárbaros, ya no volverán a estar seguros por lo que abandonan el Caer en busca de Paz.
Viajan todo el otoño y durante la primavera, al cruzar el canal de Mor Hafren, empiezan a oír historias sobre un extraño pueblo, el de «Los Seres Fantásticos». Se dice que estas gentes están dotados de todas las gracias por lo que Elphín y los demás deciden ir al encuentro del rey de aquellas gentes pensando que podrá ayudarles.
A los pies del Palacio se encuentran con dos hombres que resultan ser sacerdotes del rey Avallach, de este modo son conducidos ante el rey, siendo bien recibidos.
Los peregrinos pasan la noche en palacio acogidos por Avallach, y cuando Chirís llega al gran salón, observa a los extranjeros con curiosidad, su extraño modo de vestir, sus joyas y como los hombres llevan largas melenas y poblados bigotes. Pero en medio de todos ellos Chirís posa sus ojos en un apuesto joven, alto y rubio. También Taliesin se fija en la hija del rey, en aquella joven de cabellos dorados, sus miradas se encuentran.
Tras la cena Chirís regresa a sus aposentos pero al oír las claras notas de un arpa y la voz melodiosa de un cantor regresa a los salones y desde la puerta observa como los «Cymry» están reunidos alrededor de uno de ellos, el joven de cabellos rubios, para oír uno de sus relatos. Jamás había oído una voz tan dulce.
En un principio Chirís se siente reacia a acercarse al joven, por su diferencia de culturas y por la tristeza que siente aún en un lugar al que no termina de adaptarse. Pero poco a poco comienza a nacer el amor, la atracción mutua crece a medida que pasan más tiempos juntos. Mas cuando deciden hacer público su amor, el rey Avallach no aprueba su relación, no consentirá que con su unión se pierda la pureza de su raza. Debido a esto Taliesin y Chirís deciden huir, Dafyd el sacerdote bendice su matrimonio y permanecerán alejados de Ynis Avallach hasta que ella descubre que espera un hijo. Su padre al enterarse del nuevo nacimiento, arrepentido, les pide que vuelvan pero el fatídico destino hace que Taliesin muera, asesinado por una flecha enemiga. Chirís siente morir con él pero ahora tiene que luchar por la nueva vida que ha engendrado: Merlín.

Runas de las brujas.

Son un tipo de runas modernas, supuestamente creadas por un Coven del cual se desconoce su procedencia.
Originalmente se compone de 8 símbolos, aumentado a 13 posteriormente. Pueden ser una mezcla de las runas gitanas.
Estas runas se echan cateándolas. Es decir, como los dados, las coges entre tus manos, las agitas y las lanzas sobre la mesa, el tapete de adivinación o lo que utilices. Se leen solamente las que quedan boca arriba.
Significados:

El Sol:
Progreso, exito. Para una pregunta directa tipo Si/no, puede ser leída como Si. Si es la runa dominante en la tirada (la que esta mas cerca de ti) es la runa de resultado.
La Luna:
Cambios. Las X del dibujo, representan las 4 fases de la luna. Así que puede expresar cambios dentro de los 28 días siguientes. Es una runa femenina, así que normalmente aparece como respuesta a problemas femeninos. Esta runa es un mensajero, te avisa de grandes cambios que están por venir, que cambiaran tu vida. Consulta las runas adyacentes para determinar si los cambios son positivos o negativos.
Los Anillos:
Amor, relaciones. Cuando esta runa es dominante es una respuesta positiva a tu pregunta. Puede indicar compromiso, boda o una nueva o renovada relación. También puede indicar un acercamiento en una relación existente.
Cruce de lanzas:
Discusiones, negatividad. es como la carta de la torre en el tarot. No tiene por que ser del todo mala. Junto a una runa positiva, significa fin de de una pelea y sanación, especialmente junto a los anillos. Puede significar promoción en el trabajo o una rápida mejoría en una enfermedad.
Las Olas/Onda:
Amigos, familia, viaje. Su significado varia dependiendo de las runas próximas. Un viaje al extranjero si el Sol está cerca. Un viaje de una persona cercana si esta junto a la Luna. Si está cerca de los Anillos es una relación de vacaciones o a distancia.
Los Pájaros:
Noticias inesperadas, cambios. Si es la runa dominante, una noticia que cambiará tu vida. Normalmente son cambios positivos pero hay que ver las otras runas. Noticias de gente de la que no sabias hace tiempo.
La Espiga/Cosecha:
Buena suerte, éxito. Abundancia y riquezas. Muy positiva sobre la pregunta. Junto a los Anillos significa un prospero matrimonio. Junto al Sol, éxito en el trabajo y junto a la Ola, éxito en el extranjero.
La Runa Negra/Oz:
Dificultad, dolor. Influencias negativas, pero todas como parte de un aprendizaje en tu camino. Consultar siempre las runas adyacentes. Si sale junto a una runa positiva, indica que el dolor de esta experiencia liderará un cambio positivo.
Posteriormente se añadieron:
El Ojo:
Perspectiva. Las cosas las puedes cambiar tu mismo, gracias a tu poder interior. Espera lo inesperado.
La Mujer:
Runa femenina. sucesos positivos y tranquilos.
El Hombre:
Runa masculina. Defender los propios intereses. Permanecer fuerte y actuar. Persona con un gran interior o energía, en tu vida.
La Estrella:
Como el Sol, luz verde para actuar frente a una situación, para alcanzar tus sueños.
El romance:
Amor erótico. Atracción sexual. Bajos instintos con una persona muy diferente a lo que normalmente te interesa.
 
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Las runas.

Según cuenta la leyenda las runas fueron un regalo del dios nórdico Odín a los mortales.
Se cree que el origen de la palabra runa puede venir de la antigua palabra europea “ru”, que significa secreto o de la antigua palabra germánica “runa”, que significa susurro.
En la antigüedad las runas eran consultadas por reyes y príncipes cuando tenían que tomar decisiones importantes y transcendentales. También se empleaban los signos rúnicos por sacerdotes y sabios, para confeccionar amuletos, talismanes, conjuros, etc.
El conjunto de runas modernos incluye 24 letras de Futhark y una runa en blanco conocida con el nombre de Wryd.
Pueden usarse para recibir mensajes y ayudarnos a tomar decisiones, ya que pueden ser una herramienta para ponernos en contacto con nuestro yo superior y con el Universo.
Al consultar las runas sabremos las razones de lo que nos está sucediendo, nos ayudarán a comprender mejor nuestra vida y nos pueden dar una orientación sobre el camino a seguir pero la decisión, como siempre, es nuestra.
Las runas no nos van dar una respuesta negativa o positiva, no toman decisiones. Son una guía que nos mostrará las diferentes posibilidades y nosotros tomamos nuestras decisiones.
 
Significado breve de las runas
Runa en blanco: esta runa es la nada y el todo. Guarda la fuerza de lo que ha sido, es y será.
Othila: indica lazos familiares, patrimonio familiar y herencia, vínculos de sangre.
Dagaz: esta runa se asocia con despertar a la vida. Indica el equilibrio entre el ciclo día-noche.
Inguz: representa la fertilidad, la vida contenida en la semilla.
Laguz: su significado esta asociado al agua. Es la unión entre la vida y la muerte.
Mannus: simboliza el deseo de cambiar y la capacidad de auto-análisis.
Ehwaz: simboliza un caballo y significa la estrecha relación existente entre caballo y jinete.
Teiwaz: representa la espada que corta lo viejo, lo feo y lo que sobra, sin detenerse por los apegos.
Berkana: es la runa del despertar, del crecimiento y de la fertilidad.
Algiz: esta runa significa protección.
Sigel: significa sol y representa el éxito y la victoria.
Perth: algo oculto, secreto.
Eihwaz: se asocia con el tejo, árbol que posee un gran valor chamánico.
Isa: esta runa hace referencia la hielo. Se asocia con traición, trampas, emboscadas, ardides, etc.
Jera: significa cosecha y el crecimiento a través del ciclo de las estaciones del año.
Hagalaz: significa granizo y es una runa que nos habla de tiempos duros y difíciles.
Nauthis: significa la necesidad de aprender las lecciones y aprender a manejar nuestras limitaciones.
Wunjo: es la runa del esplendor y la alegría. El tiempo difícil ya ha pasado.
Gebo: significa dar. Hay que actuar con generosidad.
Kano: se relaciona con el conocimiento, las revelaciones y la guía luminosa de la inteligencia.
Raido: nos habla del tránsito del espíritu hacia sus respectivas metas. Pero también significa mudanzas, etapa de vacaciones y renovación y traslados.
Thurisaz: indica una fuerza maléfica, el poder del caos destructivo.
Anzus: está asociada al dios Odín y significa la comunicación.
Uruz: significa uro, una especie de bisonte de gran tamaño.
Fehu: es una runa positiva que anuncia riquezas.
 
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