Bean-nighe, la mensajera de la muerte escocesa

En Escocia, la «bean-nighe» o la lavandera es vista por viajeros cerca de lagos o fiordo lavando las mortajas de aquellos que estan destinados a morir, cantando o llorando. La bean-nighe se piensa que es el fantasma de una mujer que murió al nacer. El genero femenindo de este espiritu es algo que volvemos a encontrar en la exclusiva forma irlandesa de la «bean-si» o banshee.
La tradición de la bean-nighe acontece en Irlanda y las islas cercanas. Los terminos gaélicos usados más frecuentemente para describir a la Banshee son «bean-si» (un habitante mujer de una shide, o un montículo encantado); «bean chaointe» (una mujer que se lamente, un termino encontrado al este de Munster y Connaught) y «badhb» ( refiriendose al mas peligroso y aterrador espectro) De todas maneras «bean-si» implia el Otro mundo o una existencia mágica; la banshee es una criatura solitaria sin compañero masculino que nunca participa en la comunidad humana ni en la vida social mágica. Especulaciones también asocian a la banshee con la raza mistica de los Tuatha De’ dannan, de quienes descienden todo el folclore mágico.
El duelo por el difunto no un asunto de los familiares vivos en Irlanda. En el pasado, la medida del respeto y el nivel de una persona en su comunidad era visto en el numero de asistentes a su funeral y el grado de su lamento. Lamentadoras profesionales, normalmente ancianas, eran pagadas para beber y llorar en la tumba de figuras prominentes en la comunidad. La Iglesia desaprobaba este arreglo de estas amenudo mujeres alcoholicas y sus servicios funerarios, quizas dando auge a otra teoría de que las banshees eran los fantasmas de lamentadoras profesionales condenadas a vagar como resultado de su llorar no sincero. Es interesante que esto toca con un componente basico de la leyenda de la bean-nighe: que las bean-nighe siguen a ciertas familias. Si las bean-nighe son los fantasmas de las lamentadoras muertas, su acompañamiento es mas un sentido de lealtad que de culpa. mas o menos la bean-nighe ha de ser tomado como el «espiritu de la familia», un espiritu que atiende a la familia en tiempos de transición.
La bean-nighe es descrita como una mujer pequeña con pelo largo blanco, rubio o castaño rojizo que aparece en la vecindad del lugar del nacimiento del que pronto morirá. Cuando son vistas visten las ropas de una campesina, normalmente blancas, a veces grises, marrones o rojas. Los colores antiguos representan los colores del duelo mientras que el rojo es asociado con la magia, las hadas y lo sobrenatural. En algunas ocasiones ella es vista peinandose el cabello a medida que se lamenta.
Ella es oída con mas frecuencia que vista, llorando en la noche tardía o al comienzo de la mañana, a veces encaramada a una ventana 2 o 3 horas o algunos dias antes de la muerte. Cuando se mueve en la oscuridad, los testigos describe un sonido como el que hacen los pajaros volando en la noche. Quizás hay la creencia errónea de que las bean-nighe se manifiestan en aves como el cuervo. La asociación con cuervo son por una confusión de la bean-nighe con la diosa celta primitiva Badb, la diosa de la guerra que aparece frecuentemente en la forma de cuervo.
Las bean-nighe tambien vagan con formas naturales como los arboles, rios y piedras. Algunas rocas con formas son conocidas como «las sillas de las bean-nighe » y las podemos encontrar en Waterford, Monaghan y Carlow. Aparecen mas amenudo las bean-nighe lamentandose por un emigrante en el asentamiento ancestral de su familia en Irlanda. Las historias cuentan de las maldiciones que cayeron sobre hombres que interfirieron en la bean-nighe enfrentandose a ella o quitandoles su peine. En estas historias vemos que el punto de bravuconería venia por parte de cortejar a una mujer, o el empuje de la bebida u horas intempestivas.
El anuncio de la bean-nighe es oido por no familiares y amigos y no normalmente por miembros de la familia cercana del moribundo. Con esta advertencia, los amigos de lejos y cerca pueden viajar con el conocimiento de que es la ultima oportunidad de decir adiós. Una vez avisados del pronunciamiento de la bean-nighe, los miembros de la familia supervivientes pueden admitir el final de la situación y agradecer la ayuda de la comunidad que se ha arremolinado en torno a ellos. La visita de la bean-nighe da la oportunidad a la tribu de hablar abiertamente sobre la muerte con los miembros de la familia y hace mas facil el momento de duelo.
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Scatagh, la Diosa Gurerrera escocesa

Una de las diosas más arcaicas de la mitología celta.
Scatagh, se podría considerar una divinidad de ámbito pan-céltico, pues su influencia y culto fue difundido hacia las costas del continente europeo, llegando hasta los Alpes. Cuando los romanos dominaron las Galias, los galos, asimilando costumbres latinas, erigieron santuarios en honor a esta diosa, si bien su veneración está más documentada en Irlanda y concretamente en el Ulster, donde aparece en diferentes ocasiones en lo que hoy se conoce como las leyendas del ciclo ultoniano o ciclo de las sagas del Ulster.
Conocida como deidad del Mundo Inferior, es considerada una diosa guerrera. Reina de una comunidad de mujeres iniciadas que enseñaban a jóvenes seleccionados variadas Artes que luego un buen número de ellos, abastecían las filas de las Legiones Rojas. La leyenda cuenta que Finn Mac Cumhall fue uno de sus discipulos, así como el hijo del firbolg Daman, llamado Ferdía, gran amigo de Cuchulainn, que por avatares de su vida, posteriormente sería muerto por éste último.
Ella misma es la más hábil y diestra en las Artes del Combate, como en otras, siendo la que inició y enseñó a Cuchulainn durante un año y un día, técnicas de combate, así como hechizos variados para construir armas mágicas y eficaces. Fue ella misma quien le regaló al héroe del Ulster, la famosa y eficiente lanza “Gae Bolga”, que debía ser lanzada con los pies y una vez clavada en cuerpo enemigo soltaba una nueva carga de dardos que destrozaban el interior del cuerpo del enemigo. También lo educó sexualmente iniciándolo a través de sus artes Amatorias.
Aún siendo una reina del Mundo Inferior celta, su morada habitual se situaba en la Isla de Skye (Isla de las Sombras), que es la mayor de las Islas Hébridas interiores, ubicadas en Escocia. La morada de Scatagh estaba protegida por el “Puente de los Saltos”, el cual al ser pisado en uno de sus extremos se alzaba y devolvía al punto de origen al que lo intentara y si se saltaba sobre él se perdía el equilibrio y se caía a un abismo donde criaturas y monstruos le esperaban.
Scatagh, recibió por parte de sus devotos algunos epítetos que indicaban su condición de diosa guerrera, así éstos la llamaron “Scatagh Nuamaind”( La Invencible) o “Scatagh Buanand” ( La Victoriosa).
Los celtas la caracterizaron como una mujer guerrera de cuerpo formidable y gran hermosura, curiosamente sin edad, no siendo demasiado alta, pero irradiando una fuerza sobrenatural. De miembros perfectos, con músculos sólidos pero sin perder la feminidad y con cabello rojo ardiente. Usando siempre utensilios y vestimentas de guerra sobre su piel desnuda. Tuvo como rival a su hermana Aoiffe a la que venció en una batalla contando con la ayuda del héroe Cuchulainn, la cual después se convirtió en amante de éste.
Otro de los conocidos moradores en el “Reino de las Sombras” fue una de las hijas de Scatagh, la bella Uatach, nombre que significa “espectro”, cuyo deber en el reino de Scatagh era la de servir la comida de los estudiantes de la academia de su madre. También fue amante de Cuchulainn durante un breve período y antes que Aoiffé. También el reino poseía su propio sanador, un tal Osmiach, gran conocedor de pociones. Aunque el habitante más conocido del Reino de Scatagh, fue sin duda el portero y paladín llamado Cochar Croibhe, maestro en todas las armas y destacado lanzador de lanzas y jabalinas. Éste fue muerto en una disputa a causa de Uatach, por el propio Cuchulainn.
De nuevo, en nuestra rica mitología celta, observamos, una vez más, una arcaica figura Protectora y Forjadora de hechizos como es Scatagh, recordando el Principio femenino tutor. En los que se plasma el Umbral femenino como salvador, educador e iniciador de artes guerreras, conocimientos mágicos y hasta sexuales. Es la Diosa Scatagh, la Maestra que enseña, instruye, educa etc, que tanto puede ser terrible como protectora, ocupando un alto lugar en el panteón celta pagano, antes de que fuera destronada con la introducción de los cultos romanos o los posteriores cristianos.
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Mito celta de la creación

La cosmogonía celta, entendiendo cosmogonía como el conjunto de narraciones e historias ideadas con la intención de dar respuesta al «cómo sucedió la creación del universo, y del hombre mismo», está realmente más relacionada con la formación de un país, Irlanda,  mas no de la tierra y sus criaturas.
En el Leber Gabala Erenn, el libro de las invasiones, se narran historias de guerras, irrupciones y colonizaciones donde explican el nacimiento de una nación y su raza. Muchas de las historias están impregnadas de hechos aparentemente verdaderos, pero la exactitud de los mismos aún está por definirse, dejando de lado la imaginación que impregnaron los celtas a sus relatos.

En el principio, Dios pronunció Su Nombre, y el Manred (la primera sustancia del Universo) fue formado. El Manred era un conglomerado de diminutas partículas indivisibles, cada una de las cuales eran Dios y a la vez parte de Dios. La vida surgió de Annwn (la nada).
Cuenta la leyenda que los primeros en habitar Irlanda fueron los Fomoré, gigantes del mar con poderes sobrenaturales y cuyo aspecto era mitad humanos: poseían sólo una pierna, una mano y un ojo en la frente, así como tres hileras de dientes afilados como cuchillos; sus deformidades hacían gala de las crueldades que eran capaces de hacer: siempre despiadados, grandes guerreros y magos malignos.
Pero estos habitantes tuvieron que enfrentar varias invasiones hasta que se conformó la Irlanda Celta que hasta ahora se conoce:
Llegada de los Partholianos:
Luego del Gran Diluvio llegaron en Beltaine -1 de mayo- Partholan –hijo de Sera- con su esposa Dalny, acompañados por un grupo de 24 hombres y 24 mujeres que provenían de la tierra del Oeste hacia el lado del océano Atlántico: algunos ubican estas tierras en España, pero según la tradición celta provienen de islas lejanas del suroeste, donde se encuentra el mundo de los muertos.
Partholan y su gente, ahora llamados Partholianos, encontraron en su arribo tierras que tan sólo gozaban de tres lagos, nueve ríos y una planicie extensa sin árboles ni hierba; y al tiempo que tuvieron que luchar contra los Fomoré, por casi 300 años, crearon siete lagos más, elaboraron cerveza y trabajaron el metal. Introdujeron leyes y rituales en su sociedad, y tuvieron muchos hijos. Partholan, por su parte,  tuvo cinco mil descendientes;  lo que le convirtió en el dios de la fertilidad.
Cuando Partholan logró vencer al jefe guerrero de los Fomoré, Cichol Gritalla de Mag Ita, aseguró el señorío de Irlanda y la expulsión de sus primeros habitantes quienes se retiraron a la isla de Man, donde esperarían el momento propicio para regresar a una tierra que consideraban propia.
Y fue así que sucedió, pues el reinado de los Partholianos duró poco; reunida la tribu, durante Beltaine, en el Viejo Llano de Senmag para incinerar a los muertos en combate, se inició una epidemia que contagió y dio muerte a todos los pobladores, menos a uno, en tan sólo una semana.
Llegada de los Nemedios:
Tras treinta años de desolación en las tierras irlandesas, arribó la raza Nemed, cuyo nombre viene de su líder Nemed Mac Agnoman. Los Nemedios eran consanguíneos de los Partholianos. Ambos provenían de las regiones misteriosas de los muertos, aunque con la cristianización se dijo que descendían de patriarcas bíblicos provenientes de España, mientras otros decían que se originaban de la lejana Escitia, lugar desde el que Nemed y sus compañeros habían partido para el exilio por el mar Negro, embarcados en 34 naves construidas con pieles de animales convenientemente calefactadas.
No obstante de todas las naves sólo llegó una a territorio irlandés, pues las otras naufragaron en su travesía. La nave de Nemed quien se encontraba acompañado por 4 hombres y 4 mujeres llegó a Irlanda donde crearon nuevas tierras y lagos.
Nemed y sus hombres tuvieron que enfrentarse, así como los Partholianos, contra los Fomoré que se hallaban nuevamente en el norte de la isla. Los Nemedios ganaron las 4 grandes batallas que acontecieron, lo que les dio el derecho de ocupar las tierras. Cuando Nemed murió una nueva plaga se produjo y los Fomoré regresaron, lo que hizo que la mayoría de los Nemedios murieran y aquellos que sobrevivieron cayeron bajo la tiranía de los Fomorianos.
Los Nemedios, en su esclavitud, tuvieron que pagar tributos muy grandes y crueles que fueron exigidos por los reyes Fomorianos Morc, hijo de Delé, y Connan, hijo de Febar, quienes erigieron una torre de cristal en su fortaleza de la isla de Tory, entre acantilados y precipicios en el Atlántico en las costas de Donegal.
El impuesto exigido a los Nemedios era el pago durante el Samhain -1 de noviembre- de dos tercios de los niños nacidos en el poblado durante el año, así como dos tercios de su producción de trigo, vino y leche.
El impuesto era tan terrible que los Nemedios terminaron alzándose en revuelta contra los Fomorios. Al frente de sesenta mil hombres Fergus Lethderg, Ernglann y Semul partieron hacia el norte para atacar la fortaleza de Tory al rey Connan. Tras una ardua batalla Fergus Lethderg dio muerte al Rey. Sin embargo, llegaron los refuerzos enviados por el rey Morc y los Fomorios terminaron venciendo a los Nemedios, de los cuales sólo 30 quedaron con vida.
Vencidos, los 30 supervivientes abandonaron Irlanda. Algunos relatos cuentan que en su exilio los Nemedios murieron, mientras otros narran que algunas familias como la del jefe Britan lograron llegar y establecerse en nuevas tierras del este que más adelante tomarían su nombre “Gran Bretaña”, mientras otros huyeron hacia el norte y tuvieron contacto con los sabios que los iniciaron en el conocimiento druídico, y otros que se fueron a Escitia y luego recorrieron el sur de España y Grecia, lugar en el que fueron esclavizados.
Los sobrevivientes huyeron pero nunca olvidaron. Siempre guardaron con tenacidad el vivo recuerdo del país que habían tenido que abandonar. Sus descendientes lograron regresar años después a Irlanda luego de grandes y largas travesías: los Firbolg (que provenían del sur) y el pueblo de Dana o Tuatha de Dannan (que provenían del norte).
Llegada de los Firbolg:
Los Firbolg, cuyo nombre significa “hombres de las bolsas”, en realidad estaban conformados por 3 razas que surgieron con el transcurrir del tiempo: Fir Bolg (celtas belgas y cuyo rey era Rudraige), Fir Domnann (tribus domnonitas que se hallaban en Gales, era el pueblo más numeroso y tenían tres reyes) y Galioin (que eran galos del continente, cuyo rey era Slane).
Narra la historia que los griegos esclavizaron a los Firbolg y los emplearon en trabajos forzados, haciéndoles llevar sacos llenos de tierra del valle hasta la montaña para cubrir el suelo rocoso con tierra fértil y así poder ararla; de aquí su nombre.
Luego de estar cansados con tanta opresión, los reyes Firbolg dieron la orden de construir naves utilizando las bolsas de cuero con las que trabajaban para llevar la tierra del valle hasta la montaña, y así poder zarpar rumbo a su antigua tierra. Al llegar a la isla, tras una larga jornada, cada uno de los reyes con sus tribus respectivas tomaron Irlanda y la dividieron en cinco regiones: los Fir Bolg ocuparon el norte, llamado Ulster; los Fir Domnnan tomaron Connaught, Munster septentrional y Munster meridional; y los Galioin ocuparon Leinster.
Pero por su carácter servil se sometieron a los Fomoré, a quienes consideraron como dioses. Entre las 3 tribus Firbolg, junto con los Fomoré, se casaron entre sí y se aliaron. Lo mucho que se dice de los Firbolg es que practicaron extraños ritos mágicos, pero por su forma tímida de actuar no se narra mayor cosa de ellos, puesto que no es una característica de la cultura celta y nunca se quiso que perteneciera a ella.
Llegada de los Tuatha de Dannan:
En Beltaine desembarca, oculto por una mágica nube creada por las deidades Morrigu, Badb y Macha, por el noroeste de Irlanda el pueblo de Dana –los Tuatha de Dannan- quienes trajeron consigo la figura del druida a la isla. Se dice que existen vestigios de que los druidas habían estado mucho antes que los mismos Fomoré en Irlanda, justamente por la existencia de monumentos megalíticos como dólmenes, lo que apoya la teoría de que la religión de los druidas era de origen precéltico; y fue el pueblo de Dana quien trajo consigo esta figura a la historia de la Irlanda Celta, tras haberse encontrado con los sabios de los bosques en tierras del norte.
Otras leyendas dicen que los Tuatha de Dannan venían del cielo donde aprendieron ciencias y varios oficios. En todo caso ambas historias relatan que el pueblo de Dana poseía cuatro tesoros mágicos que habían sido adquiridos en diferentes ciudades: en Falias tomaron la piedra llamada Lia Fail o Piedra del Destino, sobre la cual los altos reyes de Irlanda eran coronados; esta piedra producía un grito cuando estaba de acuerdo con la persona que ocuparía el trono. De Gorias tenían la espada invencible de Lugh; de Finias trajeron la lanza mágica y de Murias el caldero mágico de Dagda que tenía la propiedad de poder alimentar a una hueste de hombres sin llegar a quedar vacía, y en la que los muertos podían sumergirse para recobrar la vida, exceptuando aquellos a quienes se les había cortado la cabeza.
Los Tuatha de Dannan, pueblo de ciencia, poesía y magia, al desembarcar en Connacht quemaron sus naves para desechar la posibilidad de huida y construyeron rápidamente una fortificación en Moyrein para protegerse de la amenaza de los Firbolg y los Fomoré.
Cuando los Firbolg se dieron cuenta de la presencia de invasores, enviaron como espía a uno de sus guerreros, llamado Streng. Fue entonces cuando los centinelas de la fortificación de los Tuatha de Dannan descubrieron la presencia del espía, por lo que ordenaron al guerrero Bress hacer también una investigación sobre los pueblos que podían llegar a atacarlos.
Mas los guerreros se encontraron frente a frente. Se observaron atentamente tras los enormes escudos que les protegían. Cada uno de ellos examinó cautelosamente al otro; se hallaban asombrados por las armas que su contrincante poseía: las 2 lanzas de los Danaanos eran ligeras y con las puntas afiladas, mientras que las 2 de los Firbolg eran pesadas y romas. Cuando Bress, el guerrero Danaano decidió finalmente hablar con su oponente Streng, éste último se sorprendió al ver que los invasores hablaban su misma lengua.
Bress propuso al guerrero de los Firbolg una oferta de paz a cambio del control de la mitad de Irlanda y la unión contra todos los posibles invasores. Luego intercambiaron las armas y regresaron a sus respectivos campamentos.
Cuando Streng volvió a Thara, lugar en el que acampaban los Firbolg, dio el mensaje de los Tuatha de Dannan al rey Eochaid Mac Eirc, quien rechazó la oferta y se dispuso a entrar en combate para expulsar a los Danaanos nuevamente al mar. Sin embargo, para iniciar la batalla, dio al rey Nuada de los Danaanos una tregua de ciento cinco días para que cada uno se pudiese preparar.
Cuando Nuada comprobó la contundencia de las enormes lanzas de los enemigos, ordenó a los Tuatha de Dannan abandonar la fortaleza para buscar un lugar más seguro. Sin embargo Eochaid ya había puesto en marcha a su ejército e interceptó al pueblo de Dana en el camino.
Fue así como el primer día de la sexta semana, durante el Solsticio de Verano, se presentó la primera batalla en la llanura de Moytura, cuyo significado es la “Llanura de las torres” o los “monumentos sepulcrales”, en el sur del condado de Mayo, cerca al punto llamado Cong.
Los Firbolg estaban liderados por su rey Eochaid, mientras que los Danaanos eran liderados por el rey Nuada. Tal como en las guerras de los pueblos antiguos, los enfrentamientos se hacían en diferentes batallas y con grupos de campeones en igual número en cada uno de los bandos.
Los Tuatha de Dannan vencieron en repetidas ocasiones. La guerra estaba por llegar a su fin cuando el rey Eochaid fue muerto al cuarto día de hostilidades, por un grupo de guerreros Danaanos que lograron llegar a él al acabar con su guardia personal. Este hecho hizo que los Firbolg pidieran una última contienda entre 300 campeones de cada uno de los bandos.
El rey Nuada Argatlam, durante la contienda perdió una de sus manos al luchar contra Streng, mas Diancecht realizó un hechizo que hizo que le creciera una nueva mano pero esta vez de plata, la cual podía mover igual que si fuese real. El guerrero Bress perdió su vida durante esta batalla.
Los Danaanos ganaron gracias a las artes curativas y mágicas. Nuada al ver que había obtenido la victoria, ofreció a los Firbolg la paz a cambio del control de las provincias más ricas de Irlanda y entregarles a los Firbolg tan sólo la quinta parte de las tierras de la isla. Los Firbolg escogieron las tierras de Connacht, y así los Danaanos tomaron Thara, la capital, y otras tierras.
Como tradición de los Tuatha de Dannan, ningún rey que los liderara podía presentar imperfección alguna, Nuada, el de la mano de plata, tuvo que abdicar a ser el gobernante de los Danaanos por su mutilación. Fue así que el pueblo de Dana eligió a Bress como gobernante (no es el guerrero del que se habló anteriormente). Bress era hijo de una mujer llamada Eri, pero su padre era desconocido. El nuevo líder se mostró de acuerdo con su elección y contrajo matrimonio con Brigid, hija de Dagda –uno de los jefes de los Tuatha- con quien tuvo 4 hijos que harían parte de la historia del pueblo de Dana: Ruadan, el espía, Brian, Iuchar y Iucharba, los poetas conocidos más adelante como los hijos de Tuirenn.
Bress, a pesar de que era fuerte y de apariencia agradable, no tenía dotes de mando. Había prometido abdicar si en algún momento su forma de gobierno no gustaba a los Danaanos, pero al poco tiempo demostró que no cumpliría con sus promesas, actuando de la misma forma en que lo hacían los Fomoré: con el habitual despotismo y ambición, imponiendo tasas de impuestos muy duras al pueblo de Dana.
Durante su reinado decayeron el arte, la música y la poesía, lo que provocó un sentimiento de rebeldía de los Danaanos contra su reinado. Fueron muchas las penurias que el pueblo de Dana tuvo que vivir durante el tiempo en que Bress fue el gobernante, quien por demás rebajó las cuotas de comida y leña de los Tuatha y obligó a Dagda a erigir fuertes y ciudades para los Fomorios.
Así mismo, Bress no sólo era avaro y despiadado con el pueblo al que gobernaba. Incluso su falta de generosidad y hospitalidad era practicada con sus mismos huéspedes, a quienes  trataba con descortesía. Cuando el bardo Corpry fue a visitarle, fue tratado con una alimentación y un alojamiento horribles: con una habitación pequeña, oscura, sin fuego, ni muebles, donde le eran servidos pasteles secos sin cerveza.
Debido a ello, al partir Corpry de la casa de Bress le jugó una broma cubriendo su piel con forúnculos rojos y compuso una estrofa lírica sobre su anfitrión:

    “Sin comida servida rápidamente,
    Sin leche de vaca en que una cría puede crecer,
    Sin una morada adecuada para un hombre bajo la noche oscura,
    Sin forma de entretener a una compañía barda,
    Ésta es la condición de Bress.”

Esta situación, junto con la estrofa que se hizo de dominio público, convirtieron al rey en el hazmerreír del pueblo.
Entre tanto Diancecht, el médico mago, reunido con el hábil metalúrgico Creidné trabajaron afanosamente durante 7 años para fabricar una mano de bronce dotada de todas las funciones naturales para Nuada, y así lograr que éste volviera al trono. Sin embargo, Nuada comenzó a tener problemas con la mano de plata a causa de una grave infección. Por ello intervinieron de inmediato el hijo y la hija de Diancecht, Miach y Airmid, quienes mediante métodos mágicos, le devolvieron al brazo su anterior mano cortada, haciendo, de este modo, que el rey se viese entero de nuevo.
En cuanto Nuada mostró su mano restaurada a la asamblea de los Tuatha en Thara, el pueblo de Dana se sublevó contra Bress y lo expulsaron del reino.
Bress, entre su ira y resentimiento, pidió a su madre que le contara de su linaje y le diera consejo. Fue entonces cuando Eri le relató que su padre era el rey de los Fomoré, Elatha, quien se había acercado en forma secreta a ella desde el mar. Elatha había obsequiado un anillo a Eri, el cual debía ser sólo entregado en un futuro a la persona que lo valiera. Fue así como Eri puso en el dedo de Bress el anillo, junto a la playa donde ella se encontraba con su amante Fomoriano. Bress y su madre huyeron juntos hacia la tierra de Elatha.
A la llegada de Bress a tierras de su padre, Elatha reconoció de inmediato el anillo y entregó a su hijo una armada para volver a conquistar Irlanda. Así mismo, pidió el apoyo del rey Balor, el del “Ojo Diabólico”, pues con una ojeada de su único ojo podía asesinar como un rayo a los que él dirigía su terrible mirada. No obstante, Balor se hallaba muy viejo y débil, razón por la que el gran párpado de su ojo le era muy pesado para poder levantarlo; debido a ello, era necesario que entre varios hombres usaran una polea y una cuerda para poder ayudarlo a abrir el ojo y, así, utilizarlo contra los enemigos.
Cuenta la historia que el rey Balor, muchos años atrás había oído una profecía de un druida quien decía que el rey sería asesinado por su nieto. Razón por la que su única descendiente Ethlin fue alejada de él y encerrada en una torre alta que hizo construir en un escarpado: el Tor Mor en la isla de Tory. La niña estuvo a cargo de doce matronas quienes tenían como orden no dejar nunca que Ethlin viese la cara de algún hombre y nunca conociera la existencia de seres similares a ella pero de diferente sexo. Ethlin creció en cautiverio, y como toda leyenda celta de princesas secuestradas, tuvo una belleza inigualable.
Entre tanto, en tierra firme habían tres hermanos: Kian, Sawan y Goban,  el Herrero. Kian poseía una vaca mágica que daba leche en cantidades abundantes, tanto que el mismo Balor deseaba robarla. Un día Kian y su hermano Sawan decidieron ir a la herrería de su hermano Goban para que les hicieran unas armas con un acero fino. Pero Kian dejó a Sawan encargado de la vaca mientras él ingresaba en la herrería, lo que aprovechó Balor, convirtiéndose en un niño pelirrojo, para realizar su conspiración y lograr tener el mágico animal. Balor se acercó a Sawan y le dijo que sus dos hermanos estaban tramando usar absolutamente todo el acero para sí mismos y que le dejarían un metal común para hacer sus armas. Sawan, en su afán y con ira, le entregó al niño pelirrojo (Balor) la cuerda de la vaca y entró en la herrería para acabar con el plan. Fue entonces cuando Balor se robó la vaca y la llevó a la isla de Tory.
Kian asombrado por la actuación de Sawan y furioso con Balor por lo acontecido, decidió tomar venganza para lo que pidió ayuda a la druida Birog, quien le aconsejó vestirse de mujer y le acompañó en su viaje hasta Tory, lugar al que llegaron y se presentaron ante las guardianas de Ethlin diciendo que eran dos mujeres nobles pidiendo refugio, pues intentaban escapar de un secuestrador. Fue así que Kian logró conocer a Ethlin y mientras sus guardianas dormían bajo los efectos de un hechizo realizado por Birog, Kian sedujo a Ethlin dejándola embarazada. Birog y Kian escaparon, las guardianas se convencieron de que todo había sido un sueño y no comentaron lo acontecido.
De este embarazo nacen 3 niños, razón por la que Balor se enteró del descuido de las matronas y lleno de rabia y  miedo mandó ahogar a los bebés en un remolino de agua. El mensajero encargado de la misión envolvió a los 3 niños y cuando iba de camino para realizar su trabajo, uno de los pequeños cayó en la bahía llamada desde ese día Port na Delig o Refugio del Alfiler. Los otros dos pequeños fueron ahogados y el mensajero nunca comentó la pérdida del tercer niño a Balor.
El niño que cayó en el Refugio del Alfiler fue rescatado por la druida Birog, quien llevó al pequeño a casa de su padre, Kian. Éste decidió entregar al niño en adopción a su hermano el herrero, quien le educó en su arte y en muchos otros oficios. El niño tuvo como nombre Lugh.
Al crecer, Lugh fue puesto a cargo de Duach, “El Oscuro”, rey del Gran Llano (país encantado o Tierra de los Muertos), lugar en el que alcanzó su condición de hombre.
Entre tanto, mientras Nuada –quien aún no había actuado contra los Fomoré- celebraba su vuelta con un gran banquete en Thara; Lugh llegó al palacio con el fin de servirle al rey. Éste llevaba consigo el barco de Mananan, hijo de Lir el dios del mar, que conocía el pensamiento del hombre y que viajaba por donde quisiera; el caballo de Mananan, que podía viajar tanto por tierra como por mar, y la espada Fragarach (La Garante), que podía cortar cualquier cosa. Así, equipado, se acercó a las puertas de la ciudad y solicitó permiso para entrar. Sin embargo, el guardián del palacio le preguntó qué podía hacer.
Lugh inicialmente respondió: “carpintero”.
A lo que el guardián respondió: “no necesitamos ningún carpintero, tenemos uno excelente en Luchta, hijo de Luchtaine”.
Lugh dijo: “también soy herrero”.
El guardián respondió: no necesitamos ninguno mientras tengamos a Ogma”.
Entonces Lugh comenzó a nombrar todas las ocupaciones y artes en que tenía entrenamiento: “soy poeta, tocador de arpa, hombre de ciencia, médico, brujo, copero, guerrero…”
Pero siempre recibió la misma respuesta: “un hombre de gran talento en esa arte ya está instalado en la corte de Nuada”.
“Entonces pregúntale al Rey si tiene a su servicio algún hombre que tenga gran talento en todas estar artes, y si es así no me quedaré más tiempo ni intentaré ocupar su lugar.” Dijo Lugh.
Ante esta respuesta el guardián avisó a Nuada, quien sin estar impresionado le envió al mejor jugador de fidhchell (antiguo juego irlandés) para que le retase. Lugh ganó todas y cada una de las partidas, razón por la que el Rey le admitió en Thara; cuando en la asamblea le vieron aparecer se sintieron como si estuvieran observando la salida del sol en un caluroso día de verano. Nuada hizo que Lugh ocupara el puesto destinado para el sabio. Se le concedió el nombre de Ildánach, que significa “El de todas las Artes”, príncipe de todas las ciencias; mas siempre se le conoció como Lugh el del Brazo Largo.
Sintiéndose aún más protegidos con la llegada de Lugh, los Danaanos decidieron no pagar más impuestos y atacar a los Fomorianos. Todos fueron asesinados menos nueve, quienes fueron enviados de regreso a su tierra para que le dijeran a Balor que los Tuatha le desafiaban y que no pagarían más impuestos.
Fue así como Balor se preparó para la batalla y ordenó a sus capitanes que, cuando hubieran sometido a los Tuatha, ataran la isla con cables a sus barcos y la remolcaran hacia las regiones Fomorianas del Norte, donde el hielo y la penumbra reinarían en la isla y ya no les molestarían más.
Lugh, por su lado, también se preparaba para la gran batalla con el apoyo de muchos héroes, dioses y ciudadanos del pueblo de Dana. Fue así como Diancecht se dispuso a preparar pociones mágicas para sanar con las que llenó el Caldero Mágico de Dagda traído de Murias; el herrero Goibniu se puso al servicio para fabricar cuantas armas y escudos fuesen a ser necesarios; el broncista Creidné ofreció fabricar remaches mágicos para toda arma y escudo que necesitasen; Luchtaine, el carpintero, suministró todas las astas de lanzas y escudos necesitados.
El gran dios guerrero Ogmé ofreció a Lugh hacer frente a la tercera parte de los atacantes. Dagda ofreció usar su mazo y su arpa mágicos en contra de los Fomorianos. Y aquellos dioses magos no combatientes, brujos y druidas prometieron ocultar los ríos y lagos, y usar las fuerzas de la naturaleza para confundir a los Fomoré.
Los preparativos para la guerra tomaron siete años y ambos ejércitos estuvieron listos para la batalla el día de Samhain, abriendo la estación invernal, en la llanura de Moytura, también llamada Mag Tuiredh.
Durante todo ese tiempo que duró la planificación, Lugh envió mensajeros por toda Irlanda para convocar a los Tuatha. Kian, su padre, uno de los mensajeros, fue muerto por los tres hermanos Tuirenn, con quien su familia había tenido desavenencias. Lugh encontró el cuerpo y supo de inmediato quienes habían sido sus asesinos. Pidió el pago en sangre a través de unas peligrosísimas tareas que los tres hombres tendrían que realizar y a las que él sabía que no podrían sobrevivir:
Relata la leyenda que Lugh envió a su padre Kian para convocar a los luchadores de su pueblo en Ulster. Durante el trayecto, al cruzar el Llano de Murthemney, cerca de Dundalk, se encontró Kian con los tres hermanos: Brian, Iuchar e Iucharba, llamados los hijos de Tuirenn –son los mismos hijos de Bress con la diosa Brigid-, con los cuales su casa estaba enemistada.
Kian intentó esquivarlos transformándose en un cerdo y juntándose con una piara que estaba en la llanura, pero los hermanos lo detectaron y Brian le hirió con su lanza. Kian, al saber que iba a morir, pidió regresar a su apariencia humana antes de ser asesinado.
“Yo preferiría matar a un hombre antes que a un cerdo”, dijo Brian, que era el cabecilla de aventuras de los hermanos. Fue así como Kian se apareció como hombre, con la sangre de la lanza de Brian brotando de su pecho. “He sido más listo que vos”, gritó, “pues si hubierais asesinado a un cerdo no pagaríais más que la eric de un cerdo, pero ahora pagaréis la eric de un hombre; nunca hubo mayor eric que la que vosotros pagaréis; y las armas que me asesinarán contarán la historia a los vengadores de sangre.”
“Entonces tendréis que ser asesinado sin armas”, dijo Brian, y él y sus hermanos le mataron a pedradas y le enterraron a la profundidad de la altura de un hombre.
Pero Lugh pasó poco después por esa zona y oyó cómo las piedras le gritaban y le contaban sobre el asesinato de su padre a manos de los hijos de Tuirenn. Él desenterró el cuerpo y, gritando venganza, volvió a Thara. Allí acusó a los hijos de Tuirenn ante el alto rey, y se le permitió ejecutarlos o que designara el impuesto que aceptaría en remisión de la sentencia.
Lugh eligió obtener el tributo pidiendo: tres manzanas, la piel de un cerdo, una lanza, 7 cochinillos, un asador y, finalmente, dar tres gritos en una montaña. Los tres hermanos se comprometieron a pagar la multa, y en ese momento Lugh explicó el motivo de todo:
Las tres manzanas son de las que crecen en el jardín del Sol.
La piel de cerdo es mágica y cura cualquier herida o enfermedad, si puede ser puesta sobre el paciente, y la posee el rey de Grecia.
La lanza es un arma mágica propiedad del rey de Persia.
Los siete cochinillos pertenecen al rey Asal de los Pilares de Oro, y pueden ser matados y comidos cada noche y así encontrados enteros al día siguiente.
El asador pertenece a las ninfas del mar de la hundida isla de Finchory.
Y  los tres gritos deben ser dados en la montaña del guerrero Mochaen, quien, con sus hijos, tienen el voto de no permitir que nadie alce la voz en esa colina.
Cumplir cualquiera de estas empresas era casi una tarea imposible, y los hermanos deberían conseguirlas todas antes de quitarse de encima la condena por la muerte de Kian.
Fue así como los hijos de Tuirenn emprendieron su camino y cumplieron con cada una de las tareas, pero cuando estaba conseguido todo a excepción del asador y los tres gritos en el monte de Mochaen, Lugh, mediante artes mágicas, hizo que se olvidaran de las 2 últimas tareas y regresaran a Irlanda con los tesoros, los cuales ayudarían a Lugh a combatir contra los Fomoré, en especial la piel de cerdo y la lanza.
Pero la venganza no estaba completa y al recibir los tesoros Lugh les recuerda a los hermanos que aún no habían conseguido pagar completamente su condena. Los hombres con gran postración comprendieron que Lugh estaba jugando con ellos. Sin embargo, se fueron a cumplir lo que les faltaba.
Tras deambular durante mucho tiempo, descubrieron que la isla de Finchory no estaba encima sino debajo del agua. Brian con un traje marino mágico se lanzó al agua y vio a tres veces quince ninfas en su palacio y agarró el asador de oro de su hogar.
Sólo les faltaba conseguir la última prueba, la de la montaña de Mochaen, donde tras un desesperado combate que termina con el asesinato de Mochaen y sus hijos, los hermanos, heridos mortalmente, elevaron sus voces en tres gritos desmayados.
Y fue así que la multa quedó saldada. Sin embargo, los tres hermanos aún quedaban con vida, aunque gravemente heridos; fue así que al llegar a Irlanda y al implorar su padre a Lugh que le prestara la piel de cerdo para curarles, éste implacablemente se negó y los tres hermanos murieron.
Fue entonces, justo antes de la batalla, cuando Dagda se hallaba reconociendo el terreno y se encontró con la diosa guerrera Morrigan que se hallaba bañando en el río. Morrigan ofreció su habilidad con las armas para diezmar al enemigo y dar la victoria a los Danaanos, a cambio de que Dagda yaciera con ella.
Así se inició la guerra y los enfrentamientos entre los pueblos. Y al terminar la primera jornada de lucha los dos ejércitos procuraron reponer sus armas deterioradas. Pero el pueblo de Dana contaba con la magia de sus artesanos y dioses, lo que los hacía capaces de reemplazar todas las armas por otras nuevas durante la noche, así como curar a sus heridos.
Los Fomoré veían cómo sus enemigos lograban reponerse de las heridas y volvían a armarse igual de bien que al inicio de la confrontación; mientras que ellos habían perdido parte de su ejército y su eficacia para restaurar las armas, durante las noches de tregua.
Entonces Bress viendo la necesidad de conocer lo que los Danaanos estaban haciendo para poder recuperarse tan rápidamente, envió al único hijo que le quedaba, Ruadan, al campamento enemigo para que, con el pretexto de unirse a ellos por apoyar al pueblo de su madre, lograra obtener toda la información necesaria.
Fue así como los Tuatha de Dannan permitieron que Ruadan ingresara en sus filas y se moviera con libertad dentro del campamento. Ruadan logró observar cómo los ágiles dioses artesanos trabajaban: Goibniu daba tres golpes del martillo y hacía una lanza o espada; Luchtaine colocaba el mango y éste se pegaba inmediatamente; y Creidné movía los remaches con sus tenacillas tan rápido como los hacía. Así, las armas ya reparadas volaban hasta sus puestos.
Con estas noticias Ruadan fue nuevamente hasta donde su padre y Bress, analizando la situación, ordenó a su hijo asesinar al herrero Goibniu. Entonces Ruadan regresó y visitó a los artesanos con el pretexto de solicitarles la sustitución de su arma. Esperó pacientemente a que estuviera afilada para arrojarla, una vez estuviera en sus manos, contra Goibniu. Sin embargo, al darle el golpe sólo logró herir al herrero, pues la magia de la lanza sabía contra quién podía atacar. Goibniu, herido, reaccionó de forma inmediata y sacó la lanza que yacía enterrada en su pecho y dio muerte a Ruanda. De inmediato Diancecht y Airmid corrieron en auxilio de Goibniu y lo sumergieron en el caldero mágico de Dagda.
Por fin los dos ejércitos se aprestaron para el combate final sin que los Fomoré pudiesen neutralizar la ventaja de los Danaanos quienes, a pesar de la magia de sus armas, también sucumbían ante los poderes de los enemigos.
Llegando Balor a la batalla, dio muerte con su mirada a varias filas de guerreros dioses entre quienes se encontraba el rey Nuada. Pero Lugh, tomando la oportunidad cuando el párpado se inclinó por el cansancio, se acercó a su abuelo -Balor-, y cuando empezaba a levantarse de nuevo le lanzó una gran piedra que se hundió hasta el cerebro del rey Fomoriano, cayendo muerto tal como se había relatado en la profecía que un druida había hecho años atrás.
Cuando los Fomoré vieron caído a su rey Balor aceptaron su derrota. El dios guerrero Ogmé tomó la espada mágica de Tethra, rey supremo de los Fomoré, como símbolo de su victoria en el mundo de los vivos y los Fomorios comenzaron su retirada por siempre de la isla, hacia su patria de origen: las Islas Más Allá del Océano, donde se halla el reino de los muertos.
No obstante, en su retirada los Fomoré robaron del arpa mágica de Dagda, para poder desde tierras lejanas usarla contra sus enemigos. Debido a ello, salieron en su persecución Lugh, Ogmé y Dagda quienes lograron dar alcance a los Fomorios.
Refugiados en una fortaleza para comer, los Fomoré habían colgado el arpa mágica en una pared para que permaneciera a la vista de todos. Sin embargo, los tres dioses héroes penetraron en el lugar donde se hallaba el arpa y, sin dar tiempo a sus enemigos, Dagda la llamó a viva vos:

    “Ven dulce murmuradora,
    ven cuerpo de armonía con cuatro ángulos,
    ven verano,
    ven invierno,
    de las bocas de arpas y bolsas y gaitas.”

Y fue así que el arpa regresó volando a manos de su dueño. De ésta salía música que evocaba la emotividad de los hombres y los dioses. Una de las melodías era capaz de exaltar la vida y la alegría, lo que hacía que quienes la escucharan rieran sin descanso. Otra de sus melodías era una combinación armónica que sumía el espíritu, de quien la escuchaba, en la más profunda melancolía y hacía que a sus escuchas  las lágrimas les brotaran. Y la tercera melodía proporcionaba un estado tan profundo de paz y descanso que motivaba a sus oyentes a caer en un profundo sueño.
Dagda interpretó las tres melodías que de inmediato obraron en los Fomoré, y cuando éstos estuvieron dormidos, en profundo sueño, los héroes aprovecharon para escapar del campamento.
Entonces los Fomorios regresaron a las Islas del Reino de los Muertos; aunque no todos, pues  el jefe Bilé y el jefe Tethra se negaron a recluirse en el reino de las sombras y emprendieron su viaje por el mundo de los vivos, lejos de Irlanda.
Desde entonces los Fomorios serían temidos por todos los mortales por el resto de los siglos y serían objeto de cultos sangrientos para apaciguar sus acciones nefastas entre los vivos, pues ellos continuaron con su eterna lucha contra los Tuatha de Dannan.
Así mismo, cuenta la leyenda que los dioses Fomoré desde el Reino de los Muertos comenzaron a reclamar la vida de los jóvenes guerreros, con la promesa de lograr alcanzar a una joven y bella doncella a quien enviaban como mensajera para seducirlos. Cuando los guerreros contemplaban la hermosura de la joven se lanzaban en combate con una temeridad inusitada, conociendo la feliz recompensa de su valor. Pero siempre quedarían sus familiares que llorarían por la pérdida y muerte del joven.
Para los celtas, cuando la muerte no se asocia a la gloria del guerrero, la bella doncella se transforma en un pájaro negro, habitualmente el cuervo o la corneja, que sobrevuela sobre el futuro difunto anunciando su trágico final. Estos pájaros son vistos como  las encarnaciones de los Fomoré, que como dioses de las sombras visitan el mundo de los vivos para traer la muerte y la desgracia.
Tras finalizar la última batalla contra los Fomoré, Morrigu y Badb subieron a lo alto de las montañas más elevadas para proclamar la victoria de los Tuatha de Dannan. Mas Badb profetizó que el fin del gobierno, de los dioses de la luz en tierras Irlandesas, llegaría.
Lugh fue proclamado rey y ejerció el poder con sabiduría durante cuarenta años. Luego lo sucedió Dagda durante 80 años, seguido por Delbaeth que sólo duró 10 años, al igual que su hijo Fiancach Findgil. Cuando este último abandonó el trono, Irlanda fue dividida entre tres hijos: MacGrené, MacCecth y MacCuill, nietos de Dagda.
Llegada de los Milesianos:
Bilé, uno de los jefes Fomoré, al negarse retornar a la Tierra de los Muertos comienza un largo camino por tierras aledañas a la Isla de Irlanda, por todo el continente europeo, lo que da origen a la historia de los pueblos célticos en el continente.
Incluso, cuando los romanos entraron en contacto con los celtas Bilé era considerado como el dios supremo e iniciador de la raza de los galos. Su hijo Milé, se asentó definitivamente al noroeste de España.
La leyenda cuenta que Ith, hijo de Breogán y nieto de Milé, quienes ya eran más humanos que dioses o Fomoré, se deleitaba contemplando el mar desde una torre alta que su padre había construido en la costa norte de Galicia. Y una noche de invierno logró divisar la costa Irlandesa.
Sintiendo una profunda atracción por las tierras lejanas pidió a su padre barcos y hombres para emprender una expedición marítima para navegar hacia el norte. A lo que Breogán concedió tres naves para iniciar la empresa. Ith embarcó con 90 guerreros y llegó a Corcadyna, en el suroeste. Ante su asombro no encontró a nadie en los entornos, por lo que junto a sus compañeros inició un viaje de exploración hacia el norte.
En esa época, Irlanda estaba gobernada por los tres reyes nietos de Dagda: MacGrené, MacCecth y MacCuill. Quienes estaban casados con Eriu, Fohla y Banba, respectivamente.
Ith y sus compañeros no hallaron obstáculo alguno durante su avance por la isla de sur a norte. Cuando llegaron a Ailech encontraron que se estaba celebrando una asamblea entre los reyes Danaanos, quienes se encontraban debatiendo el cómo iban a dividir las tierras.
Al principio lo recibieron bien y con cordialidad, y le preguntaron cómo realizar la repartición del reino. Ith les dio su opinión ante la cual los tres reyes aceptaron de buen grado el juicio del desconocido. Al terminar de decir su opinión, Ith comenzó a exponer su admiración por el nuevo país descubierto: “Actuad”, dijo, “según las leyes de la justicia, pues el país que habitáis es bueno, es rico en frutos y miel, en trigo y pesca, y su temperatura es maravillosa.”
Debido a su discurso, los Danaanos tuvieron motivos para pensar que Ith tenía intensiones sobre su tierra y luego de agasajarlo debidamente lo invitaron a que abandonara la isla con sus compañeros.
Sin embargo, el temor de que pudiera hacerse fuerte en algún punto del camino donde tropas que hubiese traído consigo pudiera estarlo esperando, o que en su regreso a su patria relatara lo que había visto para regresar con grandes ejércitos, les hizo tomar la decisión de acabar con Ith y sus compañeros antes de que alcanzaran sus naves.
Fue así como Ith fue asesinado junto con la mayor parte de los tripulantes que lo acompañaban, pero algunos lograron escapar y llevaron el cuerpo de Ith hasta su patria. Cuando Breogán tuvo delante de él el cuerpo de su hijo juró invadir la isla donde le habían dado muerte para vengarlo. A lo que se le unieron sus hermanos, todos hijos de Milé.
Concluido el invierno, una poderosa flota partió desde Galicia hacia Irlanda para proceder a la invasión. Tras una penosa navegación por el océano alcanzaron, en Beltaine, la costa en el mismo lugar donde anteriormente había desembarcado Ith.
Se dice que cuando el Druida Supremo de los Milesianos, Armegin, puso el pie en las tierras de Irlanda, cantó una extraña y mística balada:

    Yo soy el viento que sopla sobre el mar;
    yo soy la ola del océano;
    yo soy el murmullo de las olas;
    yo soy el buey de los siete combates;
    yo soy el buitre en las rocas;
    yo soy el rayo del Sol;
    yo soy la más mágica de las plantas;
    yo soy un jabalí en valor;
    yo soy un salmón en el agua;
    yo soy un lago en la llanura;
    yo soy el artesano de los artífices;
    yo soy palabra de ciencia;
    yo soy la punta de lanza que presenta batalla;
    yo soy el dios que crea en la cabeza del hombre el fuego del pensamiento;
    ¿Quién, sino yo, ilumina la asamblea en la montaña?;
    ¿Quién, sino yo, decía las edades de la Luna?
    ¿Quién, sino yo, mostró el lugar donde el Sol se va a descansar?
    Invoco a la tierra de Irlanda,
    Radiante, radiante mar;
    Fértil, fértil montaña;
    ¡Clara, clara madera!
    ¡Abundante río, abundante en agua!
    ¡Lago abundante de peces!

Al igual que Ith, los Milesianos comienzan su expedición de sur a norte sin encontrar oposición. Únicamente salen a su encuentro las esposas de los tres reyes Danaanos. La primera fue la reina Bamba, esposa de MacCuill quien les dice:
“Si habéis venido a conquistar Irlanda vuestras intenciones no son justas.”
Armegin le replica:
“Ciertamente a eso hemos venido”.
La reina conociendo que había llegado su tiempo responde:
Si es así, permitid al menos que la isla lleve mi nombre.”
A lo que Armegin contesta:
“La isla llevará vuestro nombre.”
Siguiendo la ruta hacia el norte les salió al paso la reina Fohla, esposa de MacCetch. Lo mismo que la anterior, la reina al conocer que era inevitable la nueva invasión, solicitó la promesa de que la isla llevara su nombre en el futuro. A lo que el supremo druida empeñó también su palabra.
La tercera de las reinas era Eriu, esposa de MacGrené. Con la misma certeza de la invasión de la isla y el futuro de su raza, solicitó también al Armegin que la isla llevase su nombre. Y el druida nuevamente aceptó.
Por esta razón la isla tomó los tres nombres de las esposas de los reyes Danaanos. Sin embargo, el nombre con el que más se le conoció fue Eriu.
Cuando los Milesianos llegaron a Thara, sus jefes entraron en negociaciones con los reyes de los Tuatha de Dannan. La propuesta era simple: venían a conquistar la isla y eso se realizaría pacíficamente o por la fuerza de las armas. Los Danaanos solicitaron una tregua para reflexionar y pidieron a Armegin que diera su opinión, pronunciándose el primer juicio visto en Irlanda.
Armegin decidió que los Milesianos no debían tomar por sorpresa a los Danaanos y que deberían alejarse a una distancia de nueve olas de la orilla para luego volver y, si al regresar entonces conquistaban la tierra del pueblo de Dana, la isla sería suya por derecho de guerra.
Los Milesianos aceptaron la decisión y se embarcaron de nuevo. Pero al llegar a la distancia acordada, una niebla y una tormenta se desataron gracias a la magia de los Danaanos. La costa de Irlanda se escondió ante su vista y ellos se dispersaron por el mar.
Para constatar que la tempestad proviene de la naturaleza y no de la magia, los Milesianos ordenan a Aranan subir al palo mayor a ver si el viento también estaba soplando en la isla. Aranan es apresado por los fuertes vientos que lo lanzaron al aire, pero mientras caía gritó: “¡No hay tormenta allí arriba!” y muere.
Armegin comenzó entonces a usar su magia para contrarrestar el ataque de los Danaanos. Y realizó un encantamiento a la tierra de Erin. El viento amainó y la proa se encaminó nuevamente y con alegría hacia la costa.
Pero el hijo mayor de Milé, Eber Donn, dominado por la soberbia amenazó con matar a todos los habitantes de la isla en cuanto desembarcaran. Tan rápido como cesó la tormenta, los vientos y la tempestad se presentaron nuevamente y con mayor turbulencia.
Fue así que las naves se dispersaron por el océano y una gran cantidad de ellas, incluyendo la de Eber Donn, naufragaron. Aquellas naves que lograron sobrevivir llevaron a buen puerto a sus tripulantes, en Irlanda.
Alterados los Tuatha de Dannan del regreso de los Milesianos, quienes se encontraban debilitados, decidieron presentarles batalla. Una gran guerra se presentó en Teltin. Los tres reyes y las tres reinas fueron asesinados, y los hijos de Milé –el último de los invasores míticos de Irlanda- consiguieron la soberanía de la isla.
Pero el pueblo de Dana no se rindió. A través de sus artes mágicas se pusieron un velo de invisibilidad, que podían ponerse o quitarse cuando lo quisieran. Desde entonces existen dos Irlandas: la espiritual y la terrenal.

Los Tuatha de Dannan habitaron entonces la Irlanda espiritual, que está dividida entre ellos por su gran dios Dagda. Los lugares en que se encuentran son los verdes túmulos y murallas, las reliquias de fortalezas destruidas o sepulcros, el submundo, donde se erigen palacios mágicos. Gustan de refugiarse en el mar, el viento, las montañas, los bosques, los ríos y los lagos. Siempre invisibles ante los hombres, alimentados por un eterno brillo y comidas y bebidas mágicas que les dan eterna juventud y belleza. Y de cuando en cuando se mezclan con los hombres para el amor o la guerra.
Varias fuentes.
© Morgana Barcelona

El origen de la Navidad, del árbol de Navidad y de Papa Noel.

Origen de la Navidad
Para los Celtas, el año comienza en Samhain. Las fiestas tradicionales celtas se basan en el calendario agrícola y las estaciones del año. Pero en tiempos remotos, las tradiciones célticas se confundían con las tradiciones paganas de los países nórdicos, donde el año comenzaba el 25 de diciembre con una fiesta que se llamaba la Noche de las Madres. Sin duda, esta fiesta estaba relacionada con diversos aspectos de la gran diosa Madre, en épocas anteriores al patriarcado que se evidencia en el mito de Odín.
La noche de las Madres coincidía con una vieja celebración llamada Yule del viejo inglés jul o jolque (significa “rueda”), aparentemente por una relación con la esfera solar. Esta fiesta ha sido celebrada desde la antigüedad marcando el solsticio de invierno con numerosas manifestaciones concernientes a la abundancia. En las primeras civilizaciones humanas la importancia de Yule era obvia. Como las noches se ponían más oscuras y largas, y los días más fríos y cortos, era importante que el Sol se sintiera atraído nuevamente por la Tierra. La festividad era importante porque los mantenía en sintonía con el ciclo de las estaciones y lo festejaban como el inicio de un Año Nuevo reuniéndose con sus amigos y familiares para adorar a los Dioses y las Diosas con alegría y agradecimiento.
La rueda gira, se marca la pausa del período que muere para dar lugar a un nuevo ciclo y el dios solar Balder renace de la Diosa Frigg. El dios representaba el Sol que vuelve después de la época más oscura del año y renace en la noche más larga para traer otra vez la fertilidad y el calor a la tierra. Yule es el más celebrado de todos los Sabbats porque sus costumbres y tradiciones han invadido las culturas populares, las corrientes religiosas y la cultura en casi todos los pueblos del mundo que, de alguna manera, han festejado el regreso del Sol desde su punto más débil. El antropólogo inglés Wallis Budge afirmaba que Navidad fue celebrada por primera vez como una fiesta religiosa hace 12.000 años.
La Navidad es una festividad que nace en Babilonia, luego es llevada a Roma conocida como la fiesta de «Saturnalia» y posteriormente fue ordenada su celebración en todo el imperio en el siglo V, como un festival oficial en honor a “Jesus”. En rigor, un lindo envoltorio cristiano en donde la masa participa sin cuestionar su origen y llevándolas a un consumismo totalitario.
Conocemos como Yule o Yuletide las fiestas en celebración del solsticio de invierno que se llevaron a cabo en los pueblos germanos paganos, entre ellos los vikingos. En nórdico antiguo se conoció como júl o jól y se trataba de un festival precristiano que duraba alrededor de doce días; una fiesta dedicada tanto a la familia, a los parientes y amigos ausentes como a la fertilidad y que coincidía con el solsticio de invierno, alrededor del 21 de Diciembre.
No sabemos exactamente las fechas entre las que oscilaba; para los vikingos este festival de casi dos semanas habría estado probablemente dentro de los dos meses de su calendario que se correspondían con el final del año, desde mitad de Noviembre hasta mitad de Enero. Se trata de una celebración que se pierde en los albores del tiempo ya que las referencias históricas más antiguas alrededor de esta palabra las encontramos en los primitivos nombres germanos que designaban los meses; Jéola, que significaba “antes de Yule” y Aeftera Jéola, que significaba “después de Yule”. En nórdico antiguo parece ser que ýlir se habría referido a este periodo de tiempo y que jól habría sido el evento concreto según lo que podemos leer en el Skáldskaparmal. La lengua gótica o el inglés antiguo también comparten estas características.
No es una fiesta exclusiva de los vikingos, con sus variantes muchas sociedades paganas han dedicado celebraciones a los cambios de estación ya que la naturaleza y los hombres y mujeres en el mundo pagano formaban un vínculo indesligable. Los hombres imitaban lo que veían. Lo amaban y lo temían. Lo respetaban y lo honraban. Y dentro de estos cambios Yule es la luz y la fertilidad, es el nuevo comienzo de la vida. La importancia de los solsticios en los países septentrionales es indiscutible ya que son países en los que se viven grandes periodos de tiempo bajo el manto de la oscuridad y donde el sol hace fugaces apariciones y especialmente es en ese momento, en esos doce días alrededor del solsticio de invierno, cuando el sol está más escondido, cuando la noche es más profunda y más oscura, antes de que sol comience a dejarse ver un poco más y a hacer los días un poquito más largos.
Parecía que el sol se tomaba un descanso antes de volver a comenzar el ciclo y por ello los días de Yule eran un momento de descanso, una imitación del sol, una vez terminados los trabajos otoñales y antes de comenzar con los del siguiente año. Es por ese motivo que la festividad estaba especialmente dedicada a la fertilidad ya que se pedían buenas cosechas y prosperidad para el año que estaba a punto de comenzar y se bebía “til aar og fred”, para la paz y las buenas cosechas, una máxima en la idiosincrasia vikinga.
¿En qué consistía esta celebración? Como en casi todas las celebraciones que rodearon la vida – y la muerte – de los vikingos, Yule se celebraba con un gran sacrificio o blót que no sabemos exactamente a quién iba dirigido, aunque más que probablemente fuese a los dioses – dísir –  relacionados con la fertilidad, las cosechas y la protección, como Frey y Thor. Posteriormente se celebraba un gran banquete, donde se comían los animales que se habían sacrificado y el juilskinka; el jamón de Navidad.
Los vikingos también tenían una característica muy suya para todo tipo de celebraciones, igual que no podía faltar el banquete tampoco podía faltar la cerveza. Éstos fabricaban cervezas especiales para los distintos acontecimientos (un ejemplo de ello son las bodas y su cerveza especial), y en Yule/Jól, se bebía la jólaöl (donde öl es cerveza).
Parece ser que los juegos y la diversión no habrían faltado, así como otra de las máximas de la idiosincrasia vikinga; la hospitalidad. Hemos dicho que principalmente Yule era una fiesta familiar donde se reunía la familia y dónde se recordaba a los familiares y a los amigos ausentes. De hecho, ante sus tumbas y en su memoria es donde se ponía la mesa del banquete. Por ello, se hospedaba con la máxima comodidad y cariño a los que venían – siempre con las manos cargadas de regalos, acción que sería compensada con unas manos cargadas de regalos de vuelta, otra característica vikinga, dar y recibir –; se les preparaban baños de vapor para paliar el frío de las travesías en barco, ropas secas con las que vestirse, camas mullidas, fuego y, por supuesto, comida y gran cantidad de bebida.
Era la tradición de encender el leño de Yule, un gran tronco del año anterior, que debía arder toda la noche. Es una versión “indoor” de la hoguera de Litha (el solsticio de verano, la hoguera de San Juan). Espantaba a los malos espíritus, alumbraba toda la velada de reunión y las cenizas se esparcían por los campos bajo la creencia de que así se harían fértiles y darían buenas cosechas para el año siguiente. Esta tradición es de absoluta procedencia pagana y se puede encontrar en muchas culturas europeas, no sólo en la nórdica. Hoy en día es un dulce con forma de tronco, muy similar estéticamente a un brazo de gitano de chocolate.
La cabra de Yule es uno de los símbolos escandinavos de la Navidad por excelencia que hoy en día consiste en decorar las casas con monigotes de cabras hechas de paja trenzada pero que, probablemente, remonte sus orígenes a época pagana, mucho antes incluso de los vikingos. El macho cabrío solía ser el animal que llevaba las ofrendas para los sacrificios y que en muchas ocasiones se sustituía por dos hombres ataviados con las pieles del animal y una cornamenta. Parece ser que con el tiempo disfrazarse así se convirtió en una tradición que consistía pasearse por el pueblo para hacer reír y dar sustos a la gente. Sin embargo, en sus orígenes más primitivos esta tradición debió estar ligada al dios Thor, un dios que muchos sólo asocian a la guerra o a las batallas, pero que también era el dios protector de los hombres, con influencia en el clima, las cosechas, la protección o la justicia. Thor viajaba en un carro tirado por dos machos cabríos mágicos llamados Tanngrisnir y Tanngjóstr que tenían la peculiaridad de que Thor podía cocinarlos para alimentarse y luego revivirlos cubriendo los huesos con la piel y utilizando el poder regenerador de su martillo. En el siglo XIX la cabra se convirtió en la portadora de los regalos en Escandinavia – probablemente como reminiscencia de aquella cabra que habría portado las ofrendas – y con el tiempo acabó derivando en las figuras de San Nicolás, Papá Noel o Santa Claus, que en los países nórdicos se llama Jultomten, Julenisse o Joulupukki.
El jamón de Yule era una tradición ancestral de los pueblos nórdico-germánicos, como hemos visto, ofrecer un blót (un sacrificio) a Frey, el dios de la cosecha y la fertilidad, para luego celebrar un gran banquete. Ello ha llegado hasta el día de hoy como el típico jamón de Navidad. Una cosa realmente curiosa es cómo la Iglesia lo adaptó también y lo convirtió en una prueba de auténtica conversión y fe para los judíos; los marranos – los judíoconversos o los criptojudíos, como se llamó a los judíos que se habían convertido pero seguían practicando sus rituales – lo habrían rechazado, en cambio, los conversos o nuevos cristianos lo habrían comido.
El wasselling consistía en ir de wassai por el pueblo; derivado del anglosajón “waes hael” que significa  “seas sano”. Se recorría el pueblo brindando y cantando con el wassailing bowl, un recipiente de madera con el que se brindaba con las personas, e incluso con los árboles y los elementos de la naturaleza en esa celebración que pedía por la fertilidad y un próspero año nuevo. Con el tiempo se convirtió en la práctica de ir cantando canciones típicas puerta por puerta, los Villancicos, o de ir cantando a las huertas para pedir buenas cosechas.
El árbol de Yule: Se colocaba un árbol perenne en la casa – posiblemente un abeto –, que representaba el Yggdrasil, el árbol de la vida o del universo en la mitología nórdica, que adornaban y decoraban. Más que probablemente de aquí venga la tradición del árbol de Navidad.
Otra tradición era llevar a cabo una vigilia nocturna, junto a los familiares y amigos, en un gran banquete y festín esperando la salida del nuevo sol, dejar una vela encendida junto a la ventana o decorar las viviendas con muérdago, que procede del roble, un árbol muy apreciado – y utilizado – por los nórdicos.
¿Cómo se ha llegado de una festividad pagana a una de las mayores festividades cristianas como es la Navidad? Los pueblos paganos fueron muchos, no sólo los vikingos o los germanos, y antes de la llegada del cristianismo existieron otros grandes pueblos paganos como los celtas, los íberos, los griegos o los romanos.
Cuando el cristianismo comenzó a imponerse y extenderse la Iglesia se dio cuenta rápidamente de una cosa, se pueden cambiar ideas, se pueden imponer ideas, pero no se puede cambiar la tradición y no se puede cambiar el ciclo de la vida de las personas. Estos pueblos paganos no sólo celebraban banquetes y libaciones en honor a sus dioses, sus dioses eran la propia tierra, la propia naturaleza y su adoración estaba ligada a ellos y a sí mismos. Celebraban el inicio de las cosechas y su fin, celebraban los solsticios, los cambios de estación, celebraban la vida y celebraban la muerte. ¿Cómo podía la Iglesia cambiar eso? ¿Cómo podía la Iglesia imponer unas nuevas ideas, cultos y celebraciones que no tenían nada que ver con lo que estos hombres y mujeres conocían y sentían? En un alarde de absoluta agudeza la Iglesia comprendió que no podría cambiar las prácticas paganas; aunque de iure se hubiesen convertido, de facto iban a seguir siendo paganos, por ello optó por adaptar y transformar las celebraciones y festividades paganas en festividades y celebraciones cristianas.
Así, el solsticio de invierno se convirtió en la Navidad, el solsticio de verano se convirtió en San Juan, Samhain (el equinoccio de otoño) se convirtió en Todos los Santos y el equinoccio de primavera en la Pascua, por poner unos cuantos ejemplos.
Uno de estos pueblos paganos era el propio Imperio Romano, donde también se celebraba el solsticio de invierno con un significado muy similar al de los vikingos o germanos, “cuando el sol vence a las tinieblas y los días empiezan a alargarse”.  Sin embargo, en el año 313 en emperador Constantino I decretaba la libertad de culto en el Imperio y el cristianismo dejaba de perseguirse a través del Edicto de Milán y en el año 380 el emperador Teodosio I promulgaba el Edicto de Tesalónica, por el cual el catolicismo se convertía en la religión única y oficial del Imperio.
Como era de esperar, el pueblo romano no se cristianizó de golpe y siguió celebrando sus festividades ancestrales, por lo que a la Iglesia no le quedó otro remedio que llevar a cabo esa estrategia de absorción de la que hablábamos, transformando las costumbres paganas dándoles un nuevo sentido cristiano.  Si lo que celebraban los romanos era que el sol que vencía a las tinieblas, la Iglesia le dio un nuevo significado; El nacimiento de Jesucristo era ese sol que vencía a las tinieblas.
Y así se adaptaron todas aquellas festividades paganas de muchas sociedades relacionadas con el solsticio de invierno en la Navidad cristiana.
Ya sabemos que la Navidad es una adaptación de las fiestas paganas, pero, ¿por qué el 25 de Diciembre exactamente? Algunos autores creen que es mera coincidencia y que ese día no tiene nada que ver con el paganismo, sin embargo esta teoría carece de bastante sentido cuando somos conscientes de que ninguna otra teoría histórica avala el nacimiento de Jesús como real en esa fecha. No hay evidencias históricas que así lo confirmen.
Otros autores creen que se escogió el 25 de Diciembre para hacerlo coincidir con esa celebración pagana de los romanos del solsticio de invierno de la que hemos hablado. Éstos tenían una festividad llamada Saturnalia, en honor a Saturno, que comenzaba el 17 de Diciembre y duraba siete días. Al final de Saturnalia, el 25 de Diciembre, se celebraba el Natalis Invictis Solis o Deus Sol Invictus, el nacimiento del sol invencible dedicado al dios Apolo. Ese mismo 25 de diciembre también se celebraba la fiesta de Brumalia que coincidía con el solsticio y que estaba dedicada al dios Baco, aunque para otros este nombre significa “fiestas de invierno“, del latín bruma  que significa “el día más corto“, e incluso, “invierno”, porque los brumales caían en esta estación. Durante esos días los romanos descansaban, no guerreaban, intercambiaban regalos e incluso los esclavos recibían prebendas como raciones extras de comida o, incluso, la liberación.
La palabra Navidad proviene de la palabra latina nativitas que significa nacimiento y se refiere particularmente al nacimiento de Jesucristo, sin embargo, en ninguna parte de la Biblia se menciona la fecha exacta de su nacimiento. Los romanos, al cristianizarse, adaptaron estas festividades, unas de las más importantes y que no podían quitarle al pueblo, y las convirtieron en el nacimiento de Jesús y en el día de Navidad en ese mismo 25 de Diciembre.
En el año 336 aparece por primera vez la palabra Natividad y Navidad en el calendario romano, sin embargo el consenso es poco y otros autores dicen que hay que esperar al 379. Lo que sí está claro, sea como sea, es que a partir de mediados del siglo IV dejó de nacer el Sol y comenzó a nacer Jesús.
Como hemos visto antes, estas fiestas duraban varios días. Concretamente se cree que en muchos lugares duraron esos doce días de tinieblas que mencionábamos, por lo que no es en absoluto trivial, ni casual, que si a la noche del 24 al 25 de Diciembre le sumamos esos doce días encontremos otra fecha muy cristiana y que muchos países celebran, la noche del 5 al 6 de Enero, la Epifanía, los Reyes Magos.
Origen del árbol de Navidad
Se enlaza habitualmente con una fecha fundamental en el calendario de los festejos cristianos y católicos. Sin embargo, posee lejanos antecedentes paganos. Aunque el moderno árbol de Navidad se originó en Alemania. Pero los germanos lo obtuvieron de los romanos, quienes lo obtuvieron de los babilonios y egipcios.
Su origen está en los mitos nórdicos, el árbol era el centro del universo. Para los germanos, la vegetación también estaba asociada con la agonía mortal del sol; hecho coincidente éste con las Saturnalias. Los antiguos indo-europeos observaban que hacia la mitad del invierno el sol quedaba inmóvil cerca del oriente meridional y luego se elevaba paulatinamente. A este fenómeno astronómico se lo conoció como el día del solsticio (sol detenido).
Temiendo que la oscuridad de Diciembre venciera al sol y lo ocultase, se decoraban la casa con acebo, hierba, muérdago y laurel, ya que estas hojas perennes, al seguir en el mismo estado aparente después de ser arrancadas, eran símbolo de inmortalidad. Además, se encendían leños; se hacían grandes fogatas y se prendían velas. Esta iluminación durante esa noche actuaba como una especie de magia imitativa que intentaba revivir al sol. Por lo tanto, los árboles iluminados no sólo eran símbolo de fertilidad sino de renacimiento solar.
Si bien existen varias teorías en torno al origen del árbol de Navidad, una de las más extendidas defiende que proviene especifícamente de los celtas de la Europa central, quienes empleaban árboles para representar a varios dioses. Además, coincidiendo con la fecha de la Navidad cristiana celebraban el nacimiento de Frey, dios del Sol y la fertilidad, adornando un árbol. Tenía el nombre de Divino Idrasil (Árbol del Universo) y en su copa se halla el cielo y en las raíces profundas el inframundo.
Entre los años 680 y 754 d.c, San Bonifacio evangelizador de Alemania, entendió que era imposible arrancar de raíz esta tradición pagana, por lo que decidió adaptarla dándole un sentido cristiano. Fue así como cortó con un hacha un roble que representaba al dios Odín y en su lugar plantó un pino, que por ser perenne simbolizaba el amor de Dios, adornándolo con manzanas y velas. Las manzanas representaban el pecado original y las velas, la luz de Jesús.
Ya en la Edad Media, el leño era parte de un impuesto en productos naturales que el vasallo debía pagar a su Señor Feudal. Los cánones exigían que se pagaran productos determinados según las fechas y en evocación a rituales pasados. Así como en Pascua se exigían huevos, en Navidad se exigió un leño. Este no era un leño pequeño sino que consistía en una enorme porción de árbol. Durante la Navidad, el leño se quemaba en el hogar; acto seguido, toda la familia iba a los servicios religiosos dejando el leño encendido. Si la leña ardiente se apagaba por alguna razón, esto era presagio de desgracia.
Posteriormente, con la evangelización de esos pueblos, los cristianos tomaron la idea del árbol para celebrar el nacimiento de Jesús. Se cree que el primer árbol de Navidad, tal y como lo conocemos en la actualidad, apareció en Alemania en 1605.
Lutero fué quien cambio esta costumbre entre los protestantes. Así, en lugar de quemar el leño, se le encendían velas. Dicha costumbre comenzó a difundirse en América para 1761 importada directamente de Alemania.
George III, coronado como soberano de Inglaterra, en 1762, y su mujer, la reina Charlotte, oriunda de Alemania, fueron los primeros en adornar su palacio con un abeto doméstico, aunque no fue hasta medio siglo después, cuando la buena sociedad inglesa cayó hechizada por la idea de reproducir, en sus casas, lo que sus ojos habían visto en el palacio de Windsor habitado, entonces, por la soberana Victoria y su esposo, el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo. Un noble germánico que introdujo el árbol como la última moda en las navidades de la sociedad victoriana, poco después de contraer matrimonio con la Reina, en 1840.
Alberto de Sajonia (nacido en Coburgo) llevó consigo a Inglaterra la memoria de un país en el que ya, en torno al siglo XVII, se empiezan a reunir las familias alrededor de un árbol de Navidad. Es así que en aquel entonces algunas familias alemanas, después de buscar alguna excusa para que los niños salieran de casa, aprovechaban la ausencia de éstos para decorar el árbol con frutos y juguetes el mismo día 24 de diciembre.
La antigua creencia germánica era hacer un árbol gigantesco, el que sostenía al mundo y el que soportaba (esto explica la costumbre de poner luces a los árboles), en sus ramas, el peso de la luna, el sol y las estrellas. Un árbol que era, además, el símbolo de la vida ya que, en invierno, cuando casi toda la naturaleza aparecía muerta, éste no perdía su verde follaje.
Ya para 1850, por primera vez, en Nueva York comenzaron a iluminarse los árboles a gas. En España, concretamente, parece ser que la primera vez que se colocó un árbol de Navidad fue en Madrid, durante las navidades del año 1870. Y en el Vaticano en 1982 a petición de Juan Pablo II.
La decoración del árbol ha ido evolucionando hasta nuestros días pero los elementos más característicos siguen siendo la estrella (pentagrama) colocada en la cima, las esferas de colores, que al inicio fueron manzanas, las luces como iluminación divina y los lazos como símbolo de unión. A pesar de que la religión cristiana y católica lo rechazó durante muchos siglos por considerarlo un ritual pagano finalmente acabó aceptándolo y hoy en día es, sin duda, uno de los elementos más simbólicos de la Navidad.
El Papa Benedicto XVI dijo lo siguiente:  “En las próximas semanas el árbol de Navidad será motivo de alegría […] Su forma en punta, su color verde y las luces de sus ramas son símbolos de vida. Además, nos remiten al misterio de la Nochebuena. Cristo, el Hijo de Dios, trae al mundo oscuro, frío y no redimido, al que viene a nacer, una nueva esperanza y un nuevo esplendor. Si el hombre se deja tocar e iluminar por el esplendor de la verdad viva que es Cristo, experimentará una paz interior en su corazón y será constructor de paz en una sociedad que tiene mucha nostalgia de reconciliación y redención”
El Origen de Santa Claus
El mito de “Santa Claus” ciertamente proviene de una transformación de los antiguos mitos nórdicos de Odín y de la fiesta de Yule a los que se le agregan varias leyendas medievales de San Nicolás de Bari, distribuyendo regalos.
Odín era un dios que vivía en una estrella. Además, tenía una larga barba blanca, con un ojo y un extraño sombrero. Los teutones creían que, después de la fiesta del sol, el 25 de diciembre, Odín cabalgaba con las almas de los difuntos hasta el 6 de enero. El ventarrón que levantaban tras su paso atraía las semillas: de esta manera fertilizaba la tierra. Relacionado con esto, se efectuaba el ritual de poner por la noche heno en las botas y zuecos bajo la creencia de que los caballos necesitaban alimento, especialmente el caballo gris de Odin, llamado Sleipnir. En lugar del heno, Odín dejaría oro.
Odín es todo poderoso y a menudo es asociado con la guerra, la brujería, la muerte, la sabiduría y casi todo lo demás que se puede atribuir a una deidad.
Cuando Odín quería viajar entre los mortales sin que se notara, asumía la apariencia de un viajero y a menudo se hacía referencia de él como «Odín el Vagabundo” representándolo como un anciano con una larga barba, de un solo ojo y un sombrero de ala ancha, llevando un bastón.
También en el solsticio, Odin se sabe que entraba en las casas a través de agujeros de fuego (chimeneas) y recompensaba a los leales del bien que luchaban contra el mal. Los niños podrían poner sus zapatos cerca de la chimenea y Odin los llenaría de dulces y golosinas.
«Odín se aventuró hasta el pozo de Mimir, cerca de Jötunheim, la tierra de los gigantes bajo la apariencia de un caminante llamado Vegtamr. Mímir, que vigilaba el pozo, para permitirle beber de éste le pidió que sacrificara su ojo izquierdo, siendo esto un símbolo de su voluntad por obtener el conocimiento»
La mitología de San Nicolás está fuertemente inspirada en el dios Odín. Por ejemplo, se representa a Odín acompañado por su caballo Sleipnir y por dos cuervos que lo ven todo, así como en numerosas representaciones de San Nicolás, éste está acompañado de su caballo y de dos pierrots negros.
Nacido en el siglo IV en Patara, ciudad del sud-oeste de la actual Turquía, Nicolás fue sucesor de su tío el obispo de Myra. Desde su niñez, Nicolás destacó por su bondad y generosidad con los más pobres, preocupándose siempre por el bien de los demás. Siendo todavía muy joven, el muchacho perdió a sus padres, presas de una epidemia de peste, y se convirtió en el heredero de una gran fortuna. A sus 19 años, Nicolás decidió dar toda su riqueza a los más necesitados y marcharse a Myra con su tío para dedicarse al sacerdocio. Allí fue nombrado obispo y se convirtió en santo patrón de Turquía, Grecia y Rusia. La figura de San Nicolás difiere bastante del actual Santa Claus, empezando por su vestimenta, ya que este vestía en muchas ocaciones de verde.
El emperador Dioclesano que reinaba entonces en toda Asia menor persiguió cruelmente a los cristianos. Ello condujo al aprisionamiento de Nicolás que fue obligado a vivir cierto tiempo en el exilio.
En 313 el emperador Constantino restableció la libertad religiosa y Nicolás pudo retomar su cargo de obispo. Nicolás murió en Diciembre entre 343 a 345 d.c seguramente víctima de persecuciones religiosas del Imperio Romano. Fue enterrado en Myra, pero sus restos fueron robados en 1087 por mercaderes italianos que los llevaron a Bari, en Italia. Puesto que esa fecha está muy próxima a la Navidad, se decidió que este santo era la figura perfecta para repartir regalos y golosinas a los niños en el Día de Navidad.
Luego de su muerte, la iglesia de Roma lo elevó a los altares y desde ahí que pasó a ser “San Nicolás o Santa Claus”, a quien todos los niños esperaban ansiosamente, para recibir los regalos en época navideña. Más tarde, este “San Nicolas” adoptó el nombre de “Papá Noel” de la raiz francesa que a su vez deriva del latín “Natalis, natal”, osea “padre de la navidad”.
Este Papa Noel trascendió hasta occidente y ya en época contemporánea, fue introducido en diversas historias que hablaban de su origen, relacionándolo con el polo norte, con la participación de gnomos y renos que lo trasladaban en su tarea de repartir “regalos” por todo el mundo.
Posteriormente, en el siglo XII, la tradición católica de San Nicolás creció por Europa, y hacia el siglo XVII emigrantes holandeses llevaron la costumbre a Estados Unidos, donde se suele dejar galletas o pasteles caseros y un vaso de leche a Santa Claus. Por cierto, como curiosidad, el nombre Santa Claus se creó a raíz del nombre del santo en alemán, San Nikolaus.
En el siglo XVII, en Holanda, era conocido como «Sinterklaas» y fue retratado como un hombre viejo con una barba larga. En este momento, Sinterklaas se asoció con la antigua fiesta pagana de Yule. En algún momento alrededor del solsticio de invierno (que está a pocos días de la Navidad moderna) Sinterklaas montaría por el cielo en su blanco caballo de ocho patas y celebraría la derrota del mal. Con los años, el caballo de ocho patas de Sinterklaas se convirtió en ocho renos voladores.
El mito llega a Norteamérica con los colonos alemanes y holandeses. San Nicolás, Sankt Niklaus o Sinterklaas se deforma en “Santa Claus” por las malas pronunciaciones, y de este personaje se desprenden connotaciones religiosas originales y forma parte, en principio, de la cultura popular y comercial norteamericana.
Los inmigrantes holandeses que fundan la ciudad de Nueva Amsterdam, después llamada New York, llevaron con ellos sus costumbres y también su santo patrono San Nicolás (Sinterklaas) cuya fiesta se celebra en Holanda entre el 5 y el 6 de diciembre.
Mas adelante, hacia 1863, el dibujante alemán Thomas Nast crea la conocida figura de gordo barbudo y bonachón, para sus tiras navideñas en Harper’s Weekly. A mediados del siglo XIX, el Santa Claus estadounidense llega a Inglaterra y de allí pasa a Francia, donde se funde con Bonhomme Noël, el origen del actual Papá Noel, quien tenía parecido físico con Santa Claus, pero vestía de blanco con vivos dorados. También a finales del siglo XIX, se crea la tradición de que Papá Noel procedía del Polo Norte y se popularizan los renos como medio de transporte de Santa Claus, a partir de un anuncio estadounidense de la Lomen Company.
El mito actual cuenta que “Santa Claus” vive en el Polo Norte y que la noche del 24 al 25 de diciembre parte en un trineo mágico y volador tirado por renos guiados por el reno Rodolfo que conoce el camino. Esta imagen tiene una fuerte influencia de Yule y de la cabalgata nocturna de Odin montando el caballo de ocho patas “Sleipnir”. El trineo de “Santa Claus” está repleto de regalos y juguetes que los niños han pedido a través de cartas.  Este se desliza por una chimenea o por una ventana para distribuir los regalos si los niños han sido buenos y obedientes.
En 1920 Papá Noel apareció por primera vez en un anuncio de Coca-Cola publicado en The Saturday Evening Post. De aspecto serio, este primer Santa Claus fue creado por el ilustrador Thomas Nast, y durante algunos años Coca-Cola usó en su publicidad diferentes diseños de este personaje desarrollados por otros ilustradores.
Sin embargo fue en 1931, cuando Coca-Cola puso en marcha una campaña de publicidad y de marketing navideña siendo Santa Claus la figura principal, y para darle un empujón más, la marca decidió otorgarle los colores corporativos (rojo y blanco) los cuales siguen hasta la actualidad.
 
Fuente: Varios libros de mitología nórdica y celtismo.

El Árbol de la Vida – El Crann bethadh

La cultura celta se ha transmitido durante generaciones de forma oral. La lengua celta no tenía caracteres para ser representada de forma escrita. Esto ha hecho que los únicos documentos escritos de los antiguos celtas sean los de los historiadores romanos, con la consecuente interpretación y pérdida de conocimiento. Todo esto ha hecho que no sepamos exactamente cómo era la cultura celta en su apogeo, y que los libros sobre el tema no digan lo mismo sobre quiénes eran sus dioses o lo que significaban los símbolos, por ejemplo. Depende de la fuente, variaran las fechas de los árboles o a qué protegía cada dios, pero la esencia es la misma.

El Árbol de la Vida – El Crann bethadh
No cabe duda de que los árboles tienen una gran importancia en la cultura celta. La vida de los hombres está íntimamente relacionada con los bosques. Éstos les proporcionan protección, cobijo, la leña que alimenta las hogueras y en ellos se abastecen de caza y frutos necesarios para su alimentación. Algunos árboles como el roble, son elementos sagrados a los que los celtas guardaban un profundo respeto. Los druidas utilizaban los bosques como aulas donde impartían sus enseñanzas y conocían profundamente los secretos de las plantas, de las cuales extraían los ingredientes principales de sus remedios medicinales y sus pócimas. Por lo tanto, dentro del estudio de los símbolos, es acertado empezar hablando de los árboles, esencia de la vida.
El árbol establece la comunicación entre los tres niveles del cosmos: el subterráneo, por sus raíces; la superficie de la tierra, por el tronco; y el cielo, por la copa y sus ramas. Es por tanto el eje del mundo que establece la relación entre la tierra y el cielo. El árbol de la vida surge de un recipiente, una vasija que simboliza a la madre tierra, de la que nace toda la vida.

El árbol era el eje del mundo
Debido a que las raíces del árbol se sumergían en el suelo mientras sus ramas se elevaban al cielo, el druida lo consideraba el símbolo de la relación tierra-cielo.
Poseía en este sentido un carácter central, hasta tal punto de que suponía la esencia del mundo.
Son muchas las civilizaciones antiguas que han establecido su árbol central, ése que era tenido como el eje del mundo: el roble de los celtas; el tilo de los alemanes; el fresno de los escandinavos; el olivo de los árabes; el banano de los hindúes; el abedul de los siberianos, etc.
Tanto en la China como en la India el árbol que es considerado el eje del mundo se halla acompañado de pájaros, lo mismo sucedía con los celtas, ya que éstos reposan en sus ramas.
Lo considerábamos estados superiores del ser, que se hallaban vinculados, al mismo, con el tronco del árbol.
Los pájaros eran doce, lo que recordaba el simbolismo zodiacal y el de los Aditya, que constituyen la docena de soles.
La misma cantidad suman los frutos del árbol de la vida, los cuales son signos de la renovación cíclica que se produce en todo lo vivo que hay sobre la Tierra.

El árbol cósmico para los druidas era el centro, el eje: su savia suponía el rocío celestial y sus frutos proporcionaban la inmortalidad (el retorno del ser o un estado paradisíaco).
Asimismo, hay dos categorías de árboles: los de hojas caducas y los de hojas perennes. Están afectados por signos opuestos: uno simboliza el cielo de las muertes y renacimientos; y el otro representa la inmortalidad de la vida, es decir, dos manifestaciones diferentes de una misma identidad.
© Morgana Barcelona

Brian y la Luna.

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Brian había salido a vigilar las cercanías de la fortificación donde vivía con los suyos, porque en los últimos meses habían sufrido algunos ataques de una de las tribus vecinas. Durante las últimas horas, se había alejado del poblado divagando por el bosque. Podríamos decir que todo empezó allí, aunque tal vez todo había comenzado mucho tiempo antes.

En la zona en la que ahora se encontraba, la espesura del bosque era tal que permitía un grupo no demasiado numeroso aparecer y desaparecer en cuestión de segundos y si además la niebla hacía notar su presencia, la situación se tornaba aún más peligrosa.

Pero Brian y su familia estaban allí desde… desde que el padre de su abuelo llegó procedente del norte en busca de buenos pastos y bosques en los que subsistir. Aquel robledal salpicado de hayas se había convertido en  lugar sagrado, los druidas se internaban en la espesura del bosque donde tenían sus altares, a los que nadie excepto ellos osaban acercarse.

Aquella noche de fina bruma, Brian, un joven guerrero, estaba dispuesto a vengar las afrentas recibidas por los suyos en los últimos días. Se separó del grupo para buscar un sitio que le permitiera tener mejor visibilidad sobre esa parte del bosque. Luego de haber caminado unos metros, reparó en una gran piedra granítica que se elevaba justo debajo de las copas de algunos árboles, y pensó que ese era el lugar ideal para observar los movimientos en el bosque.

Se dispuso a escalarla para poder comprobar la bondad de aquel punto de vista, dejando todas sus armas en el suelo, a excepción del puñal corto que siempre guardaba en su cintura. La  piedra apenas presentaba fisuras a las que agarrarse, su base estaba sembrada de pequeñas rocas puntiagudas que hacían más peligrosa la escalada en caso de caída, pero las dificultades, lejos de limitar a Brian, le infundían valor.

Una vez en la cima, se dio cuenta de que aquella roca extraña y difícil de escalar estaba justo en aquel momento orientada en dirección a la luna. Calculó por la posición de la luna respecto al bosque que debía ser medianoche. Soplaba una suave brisa que no era demasiado fría pues la primavera ya había llegado y se había prendido fuego a las hogueras como ofrenda a los dioses para que el resultado de las cosechas fuera bueno y para que sus almas se purificaran de malos espíritus.

De pronto, nuestro valiente guerrero quedó cegado por una luz cuyo origen ignoraba. Se  agachó sobre al apéndice puntiagudo en el que terminaba la roca, y esforzándose por no perder el equilibrio debido a la falta de visión, pasaron algunos segundos y un sudor frío empezó a resbalar por su frente. Su primera idea fue que se encontraba  frente a la manifestación de alguna divinidad del bosque que moraba en las cercanías de esa piedra, y él había osado molestar entrando en sus dominios. Había roto la única regla que por generaciones su familia había obedecido y temido.

Comprendió entonces, que ante esa situación su fin estaba cercano, aunque sus ansias juveniles de vivir le obligaron a seguir pensando, él había sido buen seguidor de las enseñanzas de los druidas, siempre había sido respetuoso al extremo en los sacrificios a los dioses, y ahora se preguntaba porque había caído en su desagrado.

Mientras tanto la luz había ido disminuyendo en intensidad sin que el céltico guerrero lo hubiera notado, pues mantenía sus ojos sellados de temor. Escucho un susurro seguido de una brisa de aire que le dio suavemente en la cara como devolviéndole el aliento a su espíritu, se reanimo de tal forma que abrió los ojos. Poco a poco fue teniendo una visión clara de lo que frente a él se encontraba. Desde la misma luna una intensa luz iluminaba un cuerpo de mujer joven, Brian tímidamente la miró. Vestía  blanca túnica, su pelo era como el de Brian, del color de los campos sembrados de espigas, del color del sol y su gesto dulce, lo tranquilizó.

Vio también que la mujer que se encontraba frente a él no se apoyaba sobre ningún elemento, y sin embargo estaba a la misma altura que él sobre la cima de la roca. Su temor volvió a aflorar, era el miedo a lo sobrenatural, a lo divino. Pensó que la única alternativa era saltar de esa roca y salir corriendo a encontrar al resto de su grupo antes de que ese espíritu decidiese mostrar su poder. Tensó sus músculos y se dispuso a saltar al suelo, la altura de la roca era como de unas diez veces la longitud del cuerpo de Brian, pero eso no le importaba, solo quería correr y seguir viviendo. Cuando estaba a punto de saltar, la mujer que estaba frente a él callada, sonrío con dulzura, y Brian que seguía teniendo un miedo atroz, se quedó paralizado por unos segundos, perplejo ante la belleza de la imagen que frente a él se encontraba, como si fuese teniendo menos miedo por instantes.

Transcurrieron algunos segundos más, durante los cuales el joven no se atrevió ni a pestañear, pero de pronto la luz fue perdiendo intensidad hasta que desapareció del todo,

El aire volvió a soplar de nuevo y el guerrero se encontró de pronto de nuevo en la conciencia de su situación anterior, los demás del grupo seguro que debían andar buscándole y él no podía saber que tiempo había transcurrido desde que se separó de ellos, para él había sido como una eternidad.

Destrepó los pasos de roca hasta llegar a la base de la piedra, recuperó el resto de sus armas y empezó a correr en la dirección en la que había abandonado el grupo, tras avanzar unos metros se volvió a mirar hacia la roca y la zona del bosque más iluminada que ahora se encontraban detrás de él, la luna seguía clareando esa parte del denso hayedo como si fuese pleno día.

Brian mientras corría al encuentro de sus compañeros, pensó que esa noche se había encontrado frente al espíritu de la mismísima luna en el bosque, y estaba seguro de que él y los suyos esa noche iban a vencer a sus enemigos de la tribu vecina, porque esa noche iban a contar con una ayuda inestimable. Esa noche tenían como aliada a la LUNA.

Leyendas Celtas.

La magia del acebo

El Acebo o Ilex aquifolium es un árbol de hoja perenne de 1-20 metros de altura, sus hojas son de color verde oscuro y tiene espinas, Las flores son pequeñas, blancas y rosadas, posee un fragante aroma, que se siente en la base de las hojas.

El fruto es de color rojo y son bayas de 8 mm de diámetro. Cada baya contiene 4 semillas (que se encuentran en la planta, de agosto a diciembre). El hábitat del acebo: crece en bosques, parques, jardines y en las zonas de llanuras y montañas. La planta es nativa de Europa, se cultiva como árbol ornamental en América del Norte y África del Norte.

En el Ogham, el antiguo alfabeto de los irlandeses y los pictos, se decía que el acebo, o «tinne», era «el mejor en la lucha», ya que ayudaba a equilibrar tanto los aspectos negativos como los positivos, y siempre era señal de buena suerte, porque ayudaba a señalar la buena dirección a tomar. Para estos pueblos, el abeto era símbolo de buena suerte y fortuna, y particularmente sagrado para los druidas celtas. También se decía que una rama de acebo constituía un buen talismán para protegerse de los rayos, y una fuerte protección contra los malos espíritus. Según las tradiciones populares irlandesas, cuando se coloca una ramita de acebo bajo la almohada se ayuda a que los sueños se hagan realidad.

Relacionado con la diosa de la Tierra, Dana, el gato, el unicornio y la lanza de fuego, el acebo tiene como piedra tutelar a la popular cornalina roja. Los astrólogos lo asociamos a la parte del zodíaco comprendida entre los 15 grados de Cáncer y los casi 12 de Leo. El color con el que se asocia, igualmente, es el gris oscuro, y su flor, la ulmaria (también llamada Reina de los Prados). Entre las propiedades mágicas que se atribuyen al acebo figuran la protección, la potenciación de la sexualidad, el don de la profecía y la capacidad para hacer magia.

Se dice de aquellos que se encuentran bajo la protección del acebo que son prácticos, capaces y firmes frente a la adversidad. Gente prudente, lógica y eficiente, poseen una pronunciada buena visión para los negocios. En las relaciones son protectores y posesivos, y siempre están empeñados en una eterna búsqueda de la perfección. Poseen una enorme integridad personal y capacidad para influenciar, aunque normalmente gustan más bien de situarse detrás de la escena. Su punto más débil es su extrema sensibilidad a las críticas.

Su gran necesidad de afecto, y de atención y reconocimiento, puede volverles muy exigentes en sus relaciones personales, tanto de amistad como familiares o de amor. No asumen riesgos hasta estar seguros, pero una vez decididos nada ni nadie podrá detenerles. Poseen la capacidad para resolver problemas difíciles mediante el uso de la lógica, y requieren de un lugar tranquilo, un reducto de paz personal para tomar un respiro frecuente, o se resentirá su salud mental y física debido a los muchos enfrentamientos y responsabilidades a los que se brindan.

Parece bastante probado que, en la prehistoria, el acebo era utilizado junto con el sílex para fabricar flechas resistentes y ligeras, así como puntas de lanzas de las mismas características. La naturaleza de los protegidos por el acebo es enérgica, y se encuentra poderosamente ligada a la tierra. Como los animales, poseen un sexto sentido que les permite librarles de los peligros que les acechan, por muy poderosos o escondidos que éstos se encuentren. Sin embargo, esta cualidad les hace mostrarse y aparecer como soberbios frente a los oponentes, lo cual puede depararles más de una sorpresa (doy fe).

La gente del acebo es ambiciosa y apasionada, y gusta del prestigio social. Sabe muy bien dónde quiere ir, y no le gusta perder el tiempo en empresas mediocres. Su gran confianza en sí mismo le impulsa hacia el éxito, y no le importa esperar: se tomará todo el tiempo necesario para preparar el camino. Debe cuidar la alimentación porque tiene tendencia a padecer trastornos digestivos. Las exposiciones pictóricas y los museos le hacen disfrutar tanto como un buen paseo por el monte o por la playa.

Se dice que el acebo proporciona a sus protegidos un alma ardiente y una gran dosis de pasión. También se dice que el acebo da gusto por el poder y el dinero.., dones que no serán derrochados por estos nativos, una vez sean conseguidos.

Los druidas decoraban con acebos sus cabañas durante Giamos, el Periodo Oscuro del año, y esta planta llegó a ser el emblema de varios clanes de las tierras altas de Escocia. Un mito celta relacionado con el acebo es el relato en el que los protagonistas son Gawain, señor del roble, y El Caballero Verde, señor del acebo, donde se describe la virtud del honor. Es un árbol que ayuda a crecer interiormente, y como dicen las leyendas, no se le puede engañar o mentir, y él mismo representa el arquetipo de la sinceridad.

En muchas narraciones mitológicas inglesas y escocesas existe la figura del Rey del Acebo.

Según la sabiduría popular, este árbol se tiene que plantar en los al­rededores de la casa para protegerla de los rayos, los ladrones y la desgracia, por­que sus espinas alejan los factores negativos.

Es una de las plantas más utilizadas en la tradición céltica, ya que es muy común en el norte de Europa y en las zonas montañosas del centro y del sur.

Al tratarse de una mata perenne, es símbolo de inmortalidad, y se usa para reforzar los ri­tuales y hacerlos duraderos en el tiempo.

En el periodo de Navidad se venden coronas de acebo que pueden secarse y conservarse en las puertas como talismán contra los males.

Junto al muérdago, es una de las plantas mágicas del solsticio de invierno y por mimetismo, también de la Navidad.

El poder del acebo deriva del color verde de sus hojas, que permanece todo el año y que representa la vida eterna; de sus bayas rojas, que simbolizan la sangre del sacrificio, y de sus espinas, que ahuyentan a los malos espíritus. También es una planta asociada a la fortuna.

Partes tóxicas: Las hojas, corteza, bayas contienen ingredientes activos, no hay información disponible sobre las raíces.

Género: Masculino.

Planeta: Marte.

Elemento: Fuego.

Poderes: Protección general, protección para los rayos, suerte y magia de los sueños.

Usos mágicos:

  • Es una hierba protectora por excelencia, el acebo protege del rayo, del veneno y de los malos espíritus. Plantado alrededor de la casa, protege la casa y a quien vive en ella.
  • Si se lanza a animales salvajes, les hace tumbarse apaciblemente.
  • El agua de acebo (en infusión o destilada) se usa como pretección para los niños recién naci­dos.
  • El acebo también es un talismán para la buena suerte, sobre todo en los hombres, ya que el ace­bo es una planta «masculina».
  • También se cuelga al­rededor de la casa para obtener bue­na suerte en Navidad.
  • En viernes, pasada la mediano­che, arran­car nueve hojas de acebo y guardarlas en un paño de algodón verde, ha­ciendo nueve nudos para unir los extremos. Póngalo debajo de su almohada y los sueños se harán realidad.
  • Dos ramas cortadas al amanecer permiten descubrir tesoros ocultos y, como amuleto funciona muy bien para proteger negocios.

Propiedades Curativas: De frutos (bayas), rojos y carnosos, parecidos a la cereza, tiene un efecto purgante y emético. Las frutas o bayas de estos árboles son algo vomitivos y también algo purgantes; por la misma causa conviene usarlos con cuidado.

Indicaciones: Como antipirético y sudorífico, en los estados febriles y gri­pales. Como calmante de los dolores de estómago e intestino. En las úlceras, cólicos y espasmos, etc. También es útil contra el agota­miento, ya que confiere vitalidad general.

Preparar 30 g. de hojas, previamente pica­das, en un litro de agua y hacer hervir dos minutos. Se toman dos o tres tazas al día, para el reuma, la fiebre y como desinfectante intestinal. También para hacer sudar, lo que ayuda a sacar haciar fuera los virus.

También se puede preparar una cataplasma con la corteza (por medio de la ebullición de la corteza con agua, hasta su reducción) y se usa para vaciar forúnculos y abscesos.

El remedio tradicional de las Flores de Bach representado por Holy (el acebo) está indicado especialmente en casos de ira causada por celos, envidias, odios o sospechas. Holy se utiliza para sentimientos muy negativos y agresivos, en donde el problema básico de la persona es la ausencia de amor. El remedio afronta la generosidad de espíritu y la apertura hacia los demás, contemplando el mundo con una perspectiva más magnánima.

© Morganna Barcelona.

En qué creemos y en qué no creemos l@s wiccan@s

Creemos:
– Creemos en la reencarnación.
– Creemos en los aspectos femenino y masculino de la divinidad.
– Mostramos respeto no solo por los seres humanos, también por la tierra, los animales y las plantas.
– Respetamos profundamente la Madre Tierra, porque ella les da toda la vida.
– Las estaciones cambiantes marcan nuestros Sabbats (festivales),
– Hay ocho Sabbats en el año solar y 12 o 13 Sabbats lunares.
– No hacemos proselitismo, solo por opción personal se hace uno Wiccano.
– Los hombres y las mujeres somos iguales y ambos necesarios.
– Valoramos la educación.
– El Circulo Mágico es un espacio sagrado usado para la adoración y protección, es como un altar para un católico.
– Las tres «r», reducen, reutilizan, y reciclan.
– No poseemos la tierra, nos consideramos sólo administradores de la tierra.
– Valoramos todas las religiones y la libertad religiosa.
– Apreciamos la diversidad de razas.
– Nos esforzamos por ser buenos ciudadanos de a pie.
– Creemos en los hechizos y trasportación de esa energía através de las palabras,(Aunque existen Wiccanos que no parctican la magia blanca, sólo la escencia del Arte Wicca)
No creemos:
– No adoramos a Satán en Samhain. Nunca adoramos a Satán. No creemos ni honramos a la deidad conocida como Satán. No creemos en el Infierno, sólo sabemos que existe la Maldad.
– No realizamos pactos con el diablo.
– No sacrificamos, ni seres humanos (bebes incluidos) o animales, para adorar Dioses.
– No utilizamos fetos abortados en rituales.
– No vamos en contra del cristianismo, ni de los cristianos, ni de Jesús ni de la Biblia. De hecho Jesús para nosotros fue un gran maestro.
– No tenemos una sexualidad desenfrenada y perversa.
– Los Sabbats y los Esbbats Wiccanos, no son orgías de droga y sexo.
– No practicamos la magia negra. Nunca hacemos daño al prójimo.
– No secuestramos a los niños, ni matamos animales, ni reclutamos gente.
– No forzamos a nadie a hacer cualquier cosa en contra de su voluntad.
– No adoctrinamos a nuestros hijos en la Wicca, ellos deciden por si sólos.
– No estamos intentando derrocar el cristianismo.
– No efectuamos ni realizamos «misas negras».
– No cometemos ningún crimen en el nombre de Wicca.

Soy Wicann@

Soy Wiccan@
Soy parte de la naturaleza; las rocas, los animales, las plantas, los elementos y las estrellas son mis parientes. Los humanos son mis hermanos y hermanas, sea cual sea su raza, color, genero, orientación sexual, edad,nacionalidad religión y estilo de vida. la tierra es mi hogar. Soy parte de la gran familia de la naturaleza, solo eso. Tengo como todos, mi papel y busco descubrirlo para hacerlo lo mejor posible. Busco vivir en armonía con los demás integrantes de la familia de la naturaleza, tratándoles con respeto.
Soy Wiccan@. Honro las estaciones en mi vida diaria: nacimiento, crecimiento, fructificación, cosecha, final, descanso y renacimiento. La vida es un círculo con muchos ciclos. Con cada fin viene un nuevo comienzo. Con la muerte hay promesa de renacimiento. Honro las estaciones climáticas haciendo honor a mi tierra, sin ellas no sería posible todo esto.
Veo círculos de cambio y renovación no solo en mi vida, sino también en mi herencia. Creo en la reencarnación, veo mi vida como un círculo que conecta con los círculos vitales de mis antepasados que son parte de mí vida. La magia es parte de mi espiritualidad, sin embargo no es prescindible. Para cada problema hay por lo menos una solución efectiva, así como una oportunidad de crecimiento. Yo creo mi propia realidad con mis pensamientos, sentimientos y acciones. Todo lo que enviamos, regresa.
Quiero tener presente la Rede Wiccan. «Si no hieres a nadie, haz lo que quieras». Cuando hago rituales mágicos, antes de dirigir energía, busco tener siempre una imagen global dentro de la cual mis necesidades son solo una parte. Procuro trabajar por el bien de todos, como por el mío propio. Cuando surgen problemas en mi camino, busco entender su causa y sus mensajes como parte de mi búsqueda de soluciones. En trabajo de sanación, busco las subyacentes causas de orden espiritual de la enfermedad, más que aliviar sus síntomas.
Si, soy Wiccan@. Trabajo con la luna para ayudar y sanar a otros, a mi mismo y al planeta. La Triple Diosa de la Luna me guía. Activo comienzos en la Luna Creciente, energizo manifestaciones en la Luna llena y limpio obstrucciones con la Luna Menguante y la Luna Obscura. Tomo parte en rituales de Luna nueva y Luna llena, y sé que mis círculos son parte de una gran red de círculos que se encuentran en esos momentos alrededor el mundo.
Abrazo el Panteísmo, el reconocimiento de que lo divino está en todo y en todas partes. Honro la Divinidad que está en los Robles de la floresta, en las hierbas en el jardín, en los pájaros silvestres que cantan en los árboles, en las rocas de las laderas de las colinas, en mí y si también en «cosas» como mi coche, mi ordenador, mi tele, todo esto es energía. Entiendo que todo lo que está insuflado de espíritu tiene cuerpo espiritual además de cuerpo físico. Lo físico y lo espiritual están íntimamente interconectados. Honro la interconexión entre el creador y la creación.
Como Wiccan@, se que la Divinidad tiene muchas facetas que experimento a través de Diosas, dioses y otras formas espirituales. También honro a la Divina Unidad, la Diosa única.
Mis «encuentros» con Diosas, Diosas y otras formas espirituales han transformado y enriquecido mi vida. Morrighan aparece como la muerte para enseñarme desprendimiento y renacimiento, me limpia y me renueva. Mi práctica espiritual incluye auto aceptación y entendimiento en lugar de auto rechazo. Mi práctica espiritual incluye auto aceptación y entendimiento en lugar de auto rechazo. Comparto mis ideas con otros cuando siento que es lo correcto, pero no hago proselitismo, pretendiendo que mi camino es el único camino válido para todos. Hay muchos senderos que suben la montaña del conocimiento espiritual, no hay «caminos únicos».
Mi adoración es Divina comunión con la naturaleza. Mis rituales pueden hacerse en cualquier sitio; mi círculo es «portátil». Donde quiera que esté puedo hacer un círculo sagrado con siete invocaciones: A los cuatro puntos cardinales, al Cosmos, al planeta y a la integración espiritual.
Soy Wiccan@. Viajo astralmente, viajo al otro mundo en sueños, meditación y rituales. Uso aquello que me ayuda en el trabajo mágico y manejo de energías como: Calderos, cristales, velas, incienso, cálices, pentáculos, campanas, escobas, varas, espejos, athames, bolas de cristal, péndulos, oráculos, etc. Vuelo con mi conciencia por el tiempo y el espacio. Exploro otras dimensiones y regreso con conocimiento y poder. Voy entre los mundos tras sanación, crecimiento y transformación.
Sintonizo mi ser con los 4 elementos de la naturaleza, -tierra, aire, fuego, agua- y con el 5 elemento, el espíritu, como símbolo de nuestra fe formando el Pentáculo, la fuerza espiritual que lo conecta todo. Veo esos elementos en la naturaleza: La tierra en las rocas, el aire en el viento y la atmósfera, el fuego en el rayo, las llamas y la electricidad, el agua en los arroyos, ríos, lagunas, mares, lluvia, etc. y el espíritu como unidad Divina manifiesta en múltiples deidades. Los elementos también están en mi ser. Mi cuerpo físico es tierra, mi intelecto y pensamiento son aire, mi voluntad y acción son fuego, mis emociones y sentimientos son agua y mi alma es espíritu. Debo procurar armonizar estos elementos para hacer mi ser saludable y esto no es ajeno a una vida armonizada con el medio ambiente.
Oigo llorar a la madre tierra lamentándose del maltrato dado por la humanidad a la naturaleza. Se han polucionado 3 elementos: La tierra, el agua y el Aire. Y con el fuego se está jugando al maldito juego de las armas nucleares y otras formas de destrucción. También me siento implicado en la polución espiritual del planeta. Egoísmo, adición, ambición de dinero y poder, violencia, desigualdad. Así como percibo estos problemas, percibo también que dando balance y equilibrio a mi propia vida, puedo comenzar la mínima aportación a mejorar la situación, que requiere una mayor toma deconciencia colectiva. Se que mi actitud y mi forma de vida pueden hacer una diferencia. Quisiera ser un canal de sanación y balance. La responsabilidad medio ambiental es un compromiso cotidiano. Quiero vivir en armonía con mi familia, la naturaleza.
Soy Wiccan@. La espiritualidad natural es mi religión y la base de mi vida. la naturaleza es mi maestro y mi libro sagrado. Soy parte de la naturaleza y la naturaleza es parte de mi. Mi comprensión de los misterio del cosmos crece en este sendero espiritual.
Bendiciones
Oración Popular

Wivre

Se asocia a la cultura céltica aunque en realidad se desconoce su origen.

Se representa con dos serpientes entrelazadas entre sí, significa la fuerza y todas las cualidades del elemento tierra .

Dicen que no puede ser tocado por el agua ya que, de hacerlo, su poder se veria reducido drásticamente.

Además de protección, este símbolo proporciona a quien lo lleva “poder de amor”.

Según Jean Markale significa lo desconocido, el guardián de los tesoros escondidos de la tierra y la personificación de la sabiduría. Para los pueblos celtas, la serpiente era una divinidad sagrada de los bosques.

Hay quien afirma que podría ser también un símbolo fálico ya que en diferentes restos arqueológicos, aparecen serpientes brotando de fuentes con forma de vagina. Es por lo que muchos historiadores asocian este símbolo a la fertilidad y la prosperidad.

Las serpientes se han empleado como símbolo a lo largo de la historia por muchas civilizaciones asociando su significado al esfuerzo, al sacrificio, a la energía y a la unión.