Hadas


 

Un hada (del latín fatum: hado, destino) es una criatura fantástica y etérea, personificada generalmente en forma de mujer hermosa, que según la tradición son protectoras de la naturaleza, producto de la imaginación, la tradición o las creencias y perteneciente a ese fabuloso mundo de los elfos, gnomos, duendes, sirenas y gigantes que da color a las leyendas y mitologías de todos los pueblos antiguos. Se puede provocar el contacto con ellas desarrollando la visión etérea según las leyendas. La mayoría de ellas se representan con alas.

Características

Las leyendas celtas hablan del reino de los Áes Sídhe (pronunciado Os Shi) también conocido en idioma inglés como Fairy Folk, y donde la mejor traducción a nuestro idioma sería Hadas, si bien es importante recalcar que no se habla de la concepción victoriana de la Hadas, esos seres diminutos con alas de mariposa, las cuales son en realidad pixies. Los Áes Sídhe, son seres semidivinos que viven entre este y el otro mundo, con conexiones importantes con la naturaleza y las deidades, la mayoría de los relatos los representan como gente no muy alta, pero de aspecto y altura humana, de tez blanca, ojos claros y pelo muy negro.

En los relatos medievales, las hadas (a veces llamadas «El Buen Pueblo» o «La Buena Gente») aparecen relacionadas con encantamientos y hechizos, conocedoras del poder y las virtudes de las palabras, las leyendas y las hierbas, que les permitían mantenerse jóvenes y bellas, y acumular grandes riquezas.

En algunos libros, se menciona que las hadas hacen todas las cosas inocentemente, aunque su comportamiento pueda llegar a ser perverso. En muchos escudos heráldicos de esta época se refleja el mundo de las hadas. Muchos aristócratas querían hacer ver que provenían de un linaje de las hadas.

En la mitología cántabra se las llama anjanas, entre las que están las Ijanas del Valle de Aras, cuya característica es que tienen pechos descomunales y son feas, pero pueden cambiar de apariencia a voluntad. Este mismo tipo de hadas se encuentra en la isla de Gotland, en Suecia. En Galicia se llaman sacias, en Asturias reciben el nombre de fades, en Cataluña además de fada, se le llaman goljas y en Baleares Damas de aiguo.

La mitología nórdica y la griega -encarnada en las ninfas y dríades de Homero y Ovidio- influyeron en el concepto que los primeros bardos se formaron de las hadas, pero andando el tiempo los escoceses, irlandeses, galeses y otros pueblos europeos llegaron a poseer un cuerpo lleno vivo de tradiciones, fundado principalmente en las leyendas celtas.

Baile de las hadas, por Nils Blommér (1816-1853).

Inicialmente se atribuyeron a las hadas proporciones humanas, pero las diminutas y etéreas criaturas de Shakespeare influyeron poderosamente en las concepciones posteriores de los poetas ingleses.

Varios rasgos comunes caracterizan a estos habitantes del ultramundo en todos los países: se clasifican en benéficas y perversas, precisan ocasionalmente de apoyo humano, sus órdenes deben cumplirse estrictamente so pena de terribles castigos, etc.

Algunas de ellas son hadas convertidas en tales pero que antes habían sido mujeres humanas. Estas se convirtieron en hadas a causa de alguna infracción contra la naturaleza (ya que es el sitio en donde viven), siendo castigadas por ello a tener tal apariencia, incluso a vivir en el mundo de las hadas. Pueden ser desencantadas de diversas maneras en fechas concretas del año, como en La noche de San Juan y por ejemplo cuando se asoman a las aguas cristalinas y piden ser desencantadas. Para las que se convertían en hadas o cruzaban el límite existente entre el mundo humano y el de las hadas, el tiempo en el espacio cambiaba ya que un día o un mes podía ser un año o un siglo.

Hay varias hadas con poderes nocivos que lo llegan a utilizar contra los humanos, la mayoría de las veces por maltratar la naturaleza (talar un bosque sería una auténtica catástrofe para su mundo). Llegaban a raptar a niños para cambiarlos por seres feéricos totalmente iguales a los niños raptados. Así intentaban crear una estirpe entre humanos y hadas, aunque los niños morían al poco tiempo, ya que eran pálidos y enclenques. En la Edad Media a todos aquellos niños que estaban pálidos y delgados se les consideraba que eran hijos de las hadas y habían ocupado el lugar del verdadero hijo.

Otras veces engatusaban a un hombre de noble estirpe transformándose en mujeres de belleza inigualable para quedarse embarazadas de estos y dar a luz un ser mitad humano y mitad feérico. Para que el ser sobreviviera el marido no debía de rezar nunca y jamás deberían ver a las hadas desnudas por completo.

Este conjunto de supersticiones, derivadas de las creencias anímicas de todos los pueblos antiguos, ha inspirado a notables literatos sus fabulosos «cuentos de hadas».

La variedad de labores que llevan a cabo las hadas es casi infinita además de cantar y bailar, ayudan a los hombres en el campo, ejercen su control sobre el tiempo protegiendo las cosechas. Durante muchos meses ellas esperan impacientes la llegada de la primavera. También saben el día exacto en que brotaran las primeras flores pero prefieren mantener el secreto.

Tambien hablan las leyendas del mundo que las hadas suelen tener poderes psíquicos o mágicos que, podían hacer felices a los seres humanos, también se creía que eran hechizadas por las brujas de los siglos XVII y XVIII para que vigilaran a sus víctimas, por otro lado, también se decía que eran ángeles en su forma femenina, aunque a veces se veían hadas macho.

Clases de hadas

Hay muchas clases de hadas, siendo las más conocidas las:

  • Lamias, hadas de las cuevas;
  • Ninfas, hadas de las fuentes;
  • Dríades, hadas de los bosques;
  • Sirenas, hadas de los mares;
  • Sílfides, hadas de los vientos;
  • Salamandras, hadas del fuego;
  • Drinfas, hadas de la tierra;

(Wikipedia)

LA RUEDA DEL AÑO (STARHAWK)

 
 
 

Nacimiento, crecimiento, muerte, renacimiento: el girar de la Rueda es un círculo, pues el año es un viaje circular que realizamos alrededor del sol. Empieza en la oscuridad del año, cuando hay una grieta en el tiempo, un momento en el cual el velo es delgado, y los que se han marchado antes que nosotros y los que llegarán después no están sep …arados de nosotros. En ese fértil momento en el cual presente, pasado y futuro se encuentran, el Niño Año es concebido. Lo que es concebido es Toda Posibilidad, pues el Niño todavía no está formado.

Decimos que el cielo nocturno es la Matriz de la Diosa, porque es oscuro como el útero y nos rodea y, dentro de él, el billón de estrellas vivas son puntos de luz, como las almas de los

muertos que nadan en la oscura caldera del útero en dirección al renacimiento.

Decimos que en el Solsticio de Invierno, la Gran Madre da a luz al Sol. Pero, ¿qué es lo que nace en realidad? No se trata del sol físico, de esa ardiente bola de gas. Es el Sol Espíritu que nade de la Noche Espíritu. Es el Hijo de la Promesa que despierta en nuestro interior, recordándonos que podemos ser más que lo que somos. Y, a medida que el año va creciendo, el Niño que no está formado empieza a adquirir una personalidad, a crecer adoptando la forma y el rostro que muestra ese año, a pedirnos la promesa de lo que ese año exige. Lo que es potencial echa raíces, saca retoños y echa hojas.

El espíritu del Sol entra en las semillas de la primavera. Llama a la Hija Semilla del Sol, porque ella crecerá hasta madurar, hincharse y darse a luz a sí misma. Llama al Hijo Semilla del Sol, porque él se elevará, se desparramará y volverá a caer. O llama a la Semilla Hija del Equilibrio, porque en ella se encuentran todos los opuestos. La oscuridad y la luz, el fuego y el agua, la tierra y el aire, el día y la noche son necesarios para su crecimiento.

Ahí donde hay equilibrio, hay tanto diferencia como igualdad, y de ellas nace el deseo. El deseo se sube recto, como la vara de Mayo, y el deseo se entrelaza, baila, en un arco iris de colores, como lazos colgantes, y el deseo parpadea y desprende un calor que se eleva y cae como las llamas de la caldera. Y cuando nos entregamos a las mareas crecientes de la vida, éstas nos llevan sobre la cresta de la ola: el Niño madura; el Potencial se realiza; la Semilla echa tronco y ramas y da un fruto, el cual debe caer.

La Rueda gira. Decimos que el Solsticio de Verano es el tiempo de Dar del Sol. Llamamos al Sol nuestra Madre, porque ella nos alimenta de su propio cuerpo. Llamamos al Sol el Dios Que se Entrega, porque él se consume para generar calor y luz. Llamamos Tiempo al Sol. Lo que sube debe caer para derramar su semilla.

Lo que madura debe caer a la tierra y pudrirse. De modo que el Sol se convierte en el Viajante, El Que Desciende, El Que Conoce el  Otro Lado y nos trae un nuevo equilibrio en el tiempo de la siega, cuando para vivir debemos convertirnos en el segador de la vida. Llama a la cosecha Hija del Sol, porque cada ruta madura y cada grano es una nueva matriz. Llama a la cosecha Hijo del Sol, por la semilla que cae del rayo. Desciende, como la semilla desciende hasta el suelo. Entra en el Inframundo, el Tiempo de Soñar, el mundo del espíritu.

Llama al espíritu del Sol tu Nave y navega sobre los océanos que son inmunes a la luz del sol y de la luna, absueltos del tiempo. En la distancia, algo brilla. Es un punto de luz; es una única isla en la cual se encuentran presente, pasado y futuro. Lleva contigo la carga del pasado hasta que llegues al gozne de la espiral, donde vida y muerte son una, donde lo que ha sido consumido puede ser renovado y Toda Posibilidad es acelerada hacia una nueva vida por lo que ha sido. El ciclo llega a su fin y vuelve a empezar, y la Rueda del Año sigue girando y girando.

El inmortal Arturo


 
 

Arturo o Artús es, sin duda alguna, el más conocido de los héroes celtas.Alcanzó su mayor popularidad durante la Edad Media, cuando las hazañas de sus seguidores, los Caballeros de la Tabla Redonda, impresionaron sobremanera a la Europa Occidental.La iglesia permitió con ciertas limitaciones que este mito celta, una vez cristianizado, alcanzara gran protagonismo en la fantasía medieval.La Iglesia nunca vio con buenos ojos la historia del Santo Graal – también llamado Grial, Sangreal -, supuestamente llevado a Gran Bretaña por José de Arimatea, dado que sus milagrosas propiedades se derivaban claramente del caldero mágico celta, cuyo contenido concedía riquezas además del poder de la reencarnación.Muestra del aprecio del pueblo por el mito artúrico fueron los disturbios ocurridos en 1113, en la población de Bodmin (Cornualles), al no admitir los servidores de unos nobles franceses que visitaban entonces el país la condición inmortal del apreciado héroe.Aunque algunas de las primeras histories que hablan de Arturo se encuentran en poemas galeses, no hay duda de que el Rey guerrero forma parte de las tradiciones heroicas de Irlanda y Gales.Arturo aparece en numerosas leyendas irlandesas, una de ellas describe cómo consiguió robar los sabuesos del líder feniano Finn MacCool, durante uno de sus más osados ataques.Sin embargo, como guerrero, cazador de jabalís mágicos, exterminador de gigantes, brujas y monstruos e, incluso, como líder de unos caballeros cuyas aventuras les llevaron a experimentar maravillas y misterios incontables, Arturo tiene mucho en común con Finn MacCool.Según Nennius, monje del siglo IX, el admirado héroe fue un líder histórico que levantó al pueblo británico contra los invasores anglosajones tras la partida de las legiones romanas.Los relatos de Nennius mencionan doce victorias de Arturo pero no dice nada acerca de su muerte, relatada un poco más tarde en una historia galesa.Esta historia asegura que en el 537, tanto Arturo como su acérrimo enemigo Modred cayeron en la batalla de Camluan.Arturo era hijo del rey británico Uther Pendragon y de Igraine, esposa del duque Gorlois de Cornualles.Fue concebido fuera del matrimonio y criado lejos de sus padres por el mago Merlín.El hábil Merlín ya había ideado para Uther Pendragon un baluarte mágico donde ubicar la famosa Tabla Redonda en la que podrían tomar asiento 150 caballeros.Esta mesa tan especial puede tener cierta conexión con ]osé de Arimatea, cuando menos porque contaba con un lugar especialmente reservado para el Santo Grial.Se decía que mantuvo vivo a José de Arimatea cuando estuvo preso en Palestina.Más tarde lo llevó consigo a Gran Bretaña, extraviándose después a causa de la vida pecaminosa de sus gentes.La recuperación del Santo Graal se convirtió en la gran gesta de los Caballeros de la Tabla Redonda.Tras la muerte de Uther Pendragon, los Caballeros de la Tabla Redonda no sabían cómo reconocer quién sería su próximo Rey.Decidieron que Merlín les indicara el camino.El mago les dijo que el sucesor de Uther sería aquel que pudiera extraer la espada mágica clavada en una piedra que había aparecido misteriosamente en Londres.Años más tarde, Arturo asistía a su primer torneo en Londres.Uno de los competidores era un caballero del que el muchacho era escudero por orden de Merlín.Encontrándose sin espada, envió a Arturo a conseguir una.Sin saber el significado del acero clavado en la piedra, Arturo lo extrajo y se lo entregó al atónito caballero.Así se dio a conocer el sucesor de Uther Pendragon.Incluso entonces hubo caballeros que no aceptaban a Arturo.Con ayuda de Merlín pudo el joven Rey vencer a sus oponentes y pacificar Inglaterra.Su dependencia de la magia fue evidente durante los primeros años de reinado.Tras desenvainar su espada contra uno de sus hombres sin causa alguna, Arturo se sintió abatido al ver cómo se quebraba la hoja.Viéndole desarmado, Merlín le salvó sumiendo al caballero en un profundo sueño.En otra ocasión, cuando el apesadumbrado Rey vagaba sin rumbo por la villa de un lago, vio con asombro primero una mano y luego un brazo que surgía de las aguas empuñando otra espada mágica: Excalibur.La Dama del Lago, le entregó la famosa espada asegurándole que sería su más firme apoyo.Armado de nuevo y lleno de confianza, Arturo se convirtió en un excelente rey. Venció a los anglosajones, ayudó al rey Leodegraunce de Escocia en sus guerras contra los irlandeses, e incluso llevó sus campañas hasta las puertas de Roma.Como recompensa por esa ayuda, el rey escocés le concedió la mano de su hija Ginebra.Al principio Merlín se opuso a este enlace, ya que conocía el amor que sentía Ginebra por sir Lancelot, el más apuesto de todos los Caballeros de la Tabla Redonda.Sin embargo, más tarde dio sus bendiciones a esa unión.No obstante, la Reina y Lancelot se hicieron pronto amantes y cuando Arturo lo descubrió, Lancelot huyó a Bretaña.Arturo persiguió a sir Lancelot y lo sitió en su fortaleza bretona.Sin embargo, hubo de levantar el asedio al conocer que su sobrino sir Modred, en su ausencia, había sitiado Camelot e incluso había obligado a Ginebra a casarse con él tras hacerla creer que el Rey había muerto en campaña.De vuelta a Inglaterra, Arturo reunió a sus caballeros pare combatir a los rebeldes.Antes de la batalla, se acordó que el Rey y su sobrino se encontraran con sus respectivos ejércitos para intentar la paz.Como no se fiaban el uno del otro, ordenaron a sus hombres iniciar el ataque si veían desenvainar una sola espada.Un caballero descuidado empuñó la suya para matar una serpiente, la terrible batalla comenzó y el resultado fue la pérdida de la flor y nata de la caballería británica.Solamente dos caballeros de Arturo sobrevivieron en el campo sembrado de muertos y moribundos.El Rey, aunque victorioso, tuvo que ser transportado por estos caballeros ya que se encontraba muy malherido.Sabiendo que llegaba su fin, arrojó la espada Excalibur a un lago, donde fue rápidamente recogida por una mano y luego, tras embarcarse en una nave mágica, desapareció.Sus últimas palabras fueron para decir que se iba a Avalon a curarse de sus heridas para regresar un día y guiar nuevamente a su pueblo.La inscripción de la tumba de Arturo en Glastonbury recoge la idea celta de la reencarnación, diciendo: «Aquí yace Arturo, el que Rey fue y el que Rey será».Sin embargo, esa inmortalidad no fue suficiente pare proteger su debilitado reino de los anglosajones.Todo el mito artúrico gira en torno a la desintegración del vínculo de caballería establecido por la Tabla Redonda, sentimiento de unión destruido por el odio implacable entre Arturo y Modred.

 

Ernesto Miguel

Lady Ginebra

 

 

Ginebra (en el llamado protocéltico: Uindā Seibra – Sombra Blanca o Hada Blanca–, en britónico: Vino-Hibirā que luego dio origen a los nombres Ishara y Jennifer, en córnico y en bretón: Gwenhwyvar o Gwined-yar y en galés Genhwyfar ; Guinevere en inglés, Ginevra y Ginebra o Genoveva en italiano y español, respectivamente; Geneviève en francés), era la esposa del Rey Arturo.

Según las leyendas asociadas al mito artúrico, Ginebra fue infiel al Rey Arturo con Lancelot, uno de los caballeros de la Mesa Redonda. La leyenda asocia la infidelidad de Ginebra con Lancelot a la caída del reino de Camelot, de ahí que sea considerada como un símbolo de la fragilidad de la condición humana y de la perversión. En el contexto del mito de Arturo se señalará que Ginebra era uno con la Tierra, y que con su enfermedad o malestar la tierra y las cosechas se resentían. Tras el desliz de Ginebra con Lancelot, Inglaterra (o el reino de Arturo), otrora un sitio de gran prosperidad, decae.

 

Leyenda

Según el mito, Ginebra sería la hija del rey Leodegrance de Cameliard. El rey Arturo envia a Lancelot a que la traiga a Camelot para casarse con ella, y en el viaje ambos se enamoran. En cuanto llegan a Camelot, Arturo y Ginebra se casan, y Ginebra se convierte en el centro de la corte.

Tiene en general buenas relaciones con su esposo, pero se enemista con la bruja y hermanastra de Arturo Morgana al expulsar de la corte a Sir Guiomar, amante de Morgana y sobrino de la propia Ginebra. Morgana guardará siempre rencor hacia la reina y se lo transmitirá a sus hijos.

Aunque casada con Arturo, el amor que Lancelot y Ginebra sienten durará hasta la muerte de ambos. En todo caso, los enemigos de Arturo aprovecharán esta relación para fraguar la acusación de adulterio y conspiración que lanzan sobre Lancelot y Ginebra. Esto lleva a una condena de muerte para la reina y una orden de expulsión del reino para Lancelot.

Lancelot no puede permitir la muerte de Ginebra y, al intentar salvarla, mata a dos de los hijos del rey Lot de Lothian y de Morgause (hermana mayor de Arturo), lo que deriva en guerra abierta entre dichos reinos y Camelot, y supuso al final la muerte de todos los caballeros de la Mesa Redonda.

La condena a muerte de Ginebra no se materializa en la leyenda. Ginebra recibe la noticia de la muerte de Arturo y de todos los caballeros de la Mesa Redonda cuando estaba en la torre de Londres, donde voluntariamente se había encerrado para no caer en las manos de Mordred. Se viste con ropas de luto y ordena a sus damas que hicieran lo mismo. Se dirige a Amesbury, en Wilshire, donde habría un convento en el que la reina decide tomar los hábitos. Pasa el resto de su vida de forma anónima. Años después fue elegida superiora del convento.

En el convento, poco después de la muerte de Arturo, tiene una última entrevista con sir Lancelot. Posteriormente, Lancelot abandona la vida de caballero y se convierte en monje ermitaño. Años más tarde Lancelot tiene un sueño donde un ángel se le aparece y le dice que debe fabricar un féretro, ponerle ruedas y dirigirse con él a Amesbury donde encontraría muerta a la reina. Así lo hace: al llegar a Amesbury recoge el cadáver de Ginebra y lo lleva a enterrar junto al de Arturo.

 

Familiares

En la inmensa mayoría de las historias Ginebra no tiene descendencia. Las dos principales excepciones son el Perlesvaus y la Alliteraitve Morte Arthure. En el primero, un personaje llamado Loholt es en apariencia hijo de Ginebra, aunque en otras obras se lo mencione como hijo ilegítimo de Arturo. En la segunda, Ginebra acaba convirtiéndose en contra de su voluntad en la esposa de su hijastro Mordred, con el que tiene dos hijos. Existen además menciones a los hijos de Arturo en las Tríadas Galesas, aunque su parentesco con Ginebra es dudoso. Otras relaciones de parentesco para con Ginebra son igualmente confusas: en el Lancelot-Grail y en en el romance alemán Diu Crône su hermanastra y un hermano juegan papeles antagonistas, pero ninguno de ellos es mencionado en ninguna otra leyenda; la tradición galesa presenta a una hermana de Ginebra, Gwenhyvach, y abunda en la enemistad entre ambas; aunque la literatura posterior suele nombrar a Leodegrance como padre de Ginebra, su madre no suele ser mencionada pese a que a veces se la mencione como viva y en otras ocasiones como ya fallecida. Ello ocurre por ejemplo en el romance en inglés medieval The Awntyrs off Arthure (Las Aventuras de Arturo), en el que el fantasma de la madre de Ginebra se le aparece a la reina y al sir Gawain en el bosque de Inglewood.

En algunas ocasiones, no obstante, Ginebra no es hija de Leodegrance, sobre todo en aquellas más tendientes hacia la historicidad del personaje. Geoffrey de Monmouth cuenta que Ginebra es descendiente de una familia noble romana, siendo pupila de Cador, Duque de Cornuales. La versión de de Monmouth es bastante distinta a la más tradicional, pues narra cómo Arturo deja a Ginebra en Inglaterra al cuidado de su sobrino Mordred mientras viaja a Europa Continental para enfrentarse contra el ficticio procurador romano Lucio Hiberio. En su ausencia, Mordred seduce a Morgana, se declara Rey y la toma como esposa. Al regresar Arturo, se enfrentará contra un Mordred usurpador en la Batalla de Camlann, en la que ambos fallecen.

Otras obras mencionan a algunos primos o sobrinos de Ginebra como sir Guiomar, aunque en general no suelen ser mencionados en ninguna otra obra.

 

Valoración

Ginebra ha sido retratada con todo tipo de características, que la pintan desde una traidora oportunista y débil hasta una dama noble y virtuosa que cae ingenuamente en el pecado. Prácticamente todas las leyendas artúricas en las que aparecen se centran en su infidelidad con Lancelot y sus consecuencias para el reino de Arturo. Este amor fuera del matrimonio es muy comprensible para un lector de la Edad Media: es propio de una época en la que los matrimonios se celebraban en muchas ocasiones por motivos económicos o políticos, y en los que el amor no siempre surgía entre los casados.

El amor entre Lancelot y Ginebra, en efecto, suele estar caracterizado como un ejemplo del llamado «amor cortés», en el que la dama era considerada un objeto de culto al que se adoraba, regalaba, e incluso cuando el adorador era capaz, se le hacían versos o canciones que alababan su belleza. Hasta ahí lo permitido; pasar de esos gestos era enfrentarse a las normas eclesiásticas y sociales que, evidentemente, Ginebra y Lancelot rebasan. Las leyendas suele incidir en ese punto en ciertos aspectos de la relación en base a los cuales puede concluirse desde la perversidad de ambos, infieles a Arturo, hasta un ejemplo trágico de la fatalidad. Así, hay ocasiones en que se incide en la pureza del amor que sentían el uno por el otro y se retrata la terrible fatalidad con que dicho amor a todas luces imposible intenta triunfar y acaba por llevar a la caída de Camelot. El paralelismo con Helena de Troya es en esos casos patente: ambas llevan a un gran reino a su decadencia y caída a raíz de un amor equivocado. En otras ocasiones directamente se los condena por adúlteros y pecadores, y se los muestra con un cariz más perverso.

Conforme avanza el desarrollo histórico de la leyenda artúrica, la caracterización de Ginebra fue variando. En los primeros romances en verso se la suele mostrar desde un punto de vista desfavorable o incluso se omite toda mención a la reina, mientras que autores posteriores emplearon sus buenas o malas cualidades para abundar en un personaje más profundo y que juega un papel mucho más preponderante en el mito. Fue Chrétien de Troyes el primero en elaborar en algo más allá de mera esposa de Arturo el personaje de Ginebra, posiblemente para agradar a su público, consistente en las damas de la corte de la condesa Marie de Champagne. En Yvain, Caballero del León de Chrétien, Ginebra es alabada por su inteligencia, afabilidad y gentileza, mientras que en el Lanval de Marie de France y en el Sir Launfal de Thomas Chestre aparece retratada como una adúltera vengativa que disgusta al protagonista y a todos los caballeros de bien.

La esterilidad o carencia de hijos de Ginebra suele interpretarse como un castigo divino por su infidelidad, y a veces se incide en la contrariedad que ello supone para Arturo, quien por lo demás no dudará en serle él mismo infiel a Ginebra sin que ello suponga para él ningún perjuicio social. En todo caso esta carencia de hijos suele mencionarse en las leyendas posteriores, dónde se usa para algún fin narrativo o moralista; en las leyendas más antiguas suele sencillamente omitirse la mención de cualquier hijo suyo, pero sin declarar explícitamente que la reina no tuviera descendencia. (Wikipedia)