EL KARMA DE LAS ALMAS GEMELAS

Carmelo Urso y André Reinoso

Ningún Karma viaja solo –siempre lo hace en grupo… ¡en grupos de Almas!

Ningún Karma –en soledad– podrá destejer los hilos que lo atan a la gran rueda de la ilusión… ¡imperativo es que halle a su par!

Al Arca de Salvación se entra de par en par… y un Karma solitario es un marino que boga sin brújula en la mar que conduce a la Salvación.

¡Preciso es que descubra a su Alma Gemela y experimente con ella la plenitud del Amor incondicional!

Las Almas Gemelas están unidas por una indisoluble conexión karmática… dos seres de Luz que han desarrollado una inusual afinidad, extraordinaria sintonía de Amor durante varias existencias.

Las Almas Gemelas, en ese tránsito interdimensional, pueden postergar esa divina unión por muchas, muchas encarnaciones…

Pueden dedicarse a explorar otros Karmas, otros cuerpos, otros sentimientos, otras sensaciones… en esa búsqueda eterna por encontrar su propia identidad, su más genuino reflejo: ¡hallar a su igual!

Cada Karma –fruto de su insaciable curiosidad– puede dedicar largas encarnaciones a interpretar los roles más disímiles: víctima o victimario; verdugo o mártir; casto o libertino; santo o pérfido; héroe o genocida…

…pero no importa qué tantos cuerpos ocupe un Alma o que tantos papeles desempeñe en el azaroso Juego de la Vida

…no es un cuerpo lo que anhela hallar ese Karma

…es la chispa divina de su Espíritu Mellizo… la única en el Universo capaz de encender la Luz del Amor Eterno en el inmarcesible pebetero de su Alma.

Por eso, llega un momento en que esas Almas deben tormar una decisión…

…hacerse Uno entre ellas… y Uno con el Amor.

Cada postergación, es una oportunidad fallida, perdida… ¡para siempre!

…aunque el Juego de la Vida, en su magnificencia, siempre concederá a las Almas Gemelas la posibilidad de reencontrarse…

…¡y dejar atrás todas esas ilusiones, todos esos espejismos, todos esos falsos sentimientos que pretendieron sustituir al Amor!

 
Fuente: http://carmelourso.wordpress.com

AGUA DE CRISTAL

Uno de los métodos más conocidos para curar todo tipo de enfermedades y para energizar el aura es llamada agua de cristal. Esta se prepara con un cris­tal de cuarzo blanco, aunque algunas personas prefieren usar piedras de colores para alimentar los distintas chakras.

Para preparar el agua de cristal se llena un recipien­te de cristal o vidrio transparente con agua. En el fondo

del recipiente se coloca un cristal de cuar­zo blanco de tamaño mediano, este cristal se programa de an­temano con la intención de que va a energizar el agua. Recuerden que el cristal tiene que haber sido limpiado antes de ser programado. El cristal de cuarzo blanco generalmente se usa como método preventivo, para evitar enfermedades. También se usa para energi­zar el aura y las chakras. Cuando una persona ya está enferma y se desea preparar el agua de cristal para ayudarla en el proceso curativo, se recomienda usar una amatista no muy grande, preferiblemente sin pu­lir, va que este cuarzo violeta es muy bueno para todo tipo de curaciones. Igual que el cuarzo blanco, la amatista o cuarzo violeta tiene que ser limpiada y programada antes de ponerse dentro del agua.Una vez que el cristal está programado y colocado dentro del recipiente se sensibilizan las manos frotán­dolas rápidamente una contra la otra hasta que están bien calientes. Inmediatamente se colocan sobre la boca del recipiente de agua, con las palmas hacia abajo las manos de la persona son sensitivas y su concentra­ción es fuerte, va a sentir una especie de vibración en­tre sus manos y el agua. En estos momentos la persona comienza a mover las manos en forma de cír­culo sobre el recipiente, en la dirección que se mue­ven las manos del reloj, es decir, hacia la derecha. Este movimiento se repite tres o cuatro veces. Si la persona ha sensibilizado bien sus manos va a notar un cambio definitivo entre las manos y el agua de cristal. Lo que ha sucedido es que a través de su magnetismo perso­nal la persona ha logrado cambiar las propiedades fí­sicas y electromagnéticas del agua de manera que ahora éstas son idénticas a las de la piedra de cuarzo. El cambio es evidente al probar el agua, la cual cam­bia de sabor al efectuarse la transmutación de ener­gías. Este intercambio de energías entre la piedra y el agua incluye, no sólo los atributos y los poderes cura­tivos de la piedra y sus vibraciones enérgicas, sino también la programación que se le hizo antes de colo­carla dentro del recipiente.Al tomar el agua, la persona que la ingiere absorbe todas sus cualidades curativas, la programación recibi­da y sus energías específicas. Si la persona necesita esa energía de inmediato, puede tomar el agua tan pronto ésta ha sido preparada. Pero siempre es aconsejable que el recipiente se coloque en un sitio donde le dé sol por un mínimo de veinticuatro horas. Es también posible, para intensificar las energías del agua de cris­tal, cubrir el recipiente con una pirámide hedía con cuatro pedazos de cartulina cortados en forma de triángulo y pegados con cola.
Muchas personas preparan agua de cristal para cada una de las distintas chakras utilizando el cristal o pie­dra que le corresponde a cada una. Cuando desean energizar un chakra en especial, toman el agua de cristal que le pertenece a esa chakra. Por ejemplo, para preparar agua de cristal de la chakra del corazón, se utiliza un cuarzo rosa, para la chakra del plexo solar se usa una malaquita, y así sucesivamente.
El agua de cristal se puede preparar para otras per­sonas. En estos casos se debe preparar en casa de la persona que cura y luego dársela en una botella bien cubierta al enfermo, con instrucciones específicas de cómo debe tomarse el agua. Cuando una persona está muy enferma, se recomienda tomar un vasito peque­ño de agua cada quince minutos durante la primera hora, y luego en dosis más pequeñas durante el resto del día. Cuando sólo se desea adquirir energía adicional, sólo es necesario tomar un vasito del agua de cris­tal una vez al día mientras se necesita.
Nahiza Bal Al.

MORGANA Y EL HADA TRAIDORA



Érase una vez una niñita, pequeña, gordita, con cara de hada…
Se acercó a Morgana que estaba sentada en su piedra de meditación. En la piedra a la que acudía para hablar con los Dioses y, en especial, con la Diosa.
Se acercó a ella y le dijo:
–         Morgana, acudo a ti porque estoy perdida. Eres mujer sabia, Suma Sacerdotisa de Ávalon y necesito que me ayudes a saber quién soy, que me ayudes a saber cuál es mi cometido.
Morgana la miró a los ojos y aunque algo de su mirada la estremeció, le erizó la piel, le respondió:
–         Tú lo sabes bien, pero juntas lo descubriremos.
Morgana la tomó bajo su tutela, aunque con reparo.
La llevó a la cueva de Ávalon, al Templo Sagrado de piedra, y la presentó a sus hermanas.
Eran momentos duros, complicados, de traiciones y alejamientos. Momentos en los que Morgana debía tomar decisiones complicadas y en esos momentos, siempre consultaba. Consultaba con sus consejeros y con Merlín y Vivana. Siempre estaban con ella, acudían a su llamada en esencia. Y Morgana tenía siempre a su lado, como consejero especial, a su fiel barquero.
Morgana dejó a la niña en manos de sus Sacerdotisas y salió de la cueva envuelta en su capa y con su espada al cinto.
Subió a su caballo dirección al bosque, cabalgando veloz hasta el círculo de piedra.
Allí se “encontró” con Merlín y Viviana y les preguntó:
–         ¿Quién es esa niña?
Merlín respondió:
–         Es una hada, pero cuídate de ella mi hija… Te pondrá trampas, te acercará a gente, te dirá que te ama… Pero sacará su puñal para clavártelo.
Y Viviana dijo:
– La oscuridad siempre está al acecho. Cuando Merlín estaba, cuando estaba yo y ahora que estás tú. Y siempre te va a perseguir porque las Sacerdotisas de Ávalon desprenden luz, son luz, y como Suma Sacerdotisa siempre serás la que más brilla.
Morgana se arrodilló ante Merlín y Viviana. Necesitaba de su protección y la solicitó.
Tanto Merlín como Viviana, le juraron lealtad y protección. No podía ser de otro modo. La estirpe no se traiciona y ahora ella era la Señora de Ávalon, la Dama del Lago.
Camino de vuelta, Morgana fue a ver a su fiel barquero. A la vez consejero, aunque por su condición masculina no podía estar “dentro” de Ávalon. También le consultó y el barquero le respondió:
–         Morgana, la oscuridad se acerca a la luz. Brillas. No puedo decir más, mi señora, y lo he dicho todo. Pero si por vos he de blandir mi espada, sólo llamadme y acudiré.
Una vez en Ávalon, Morgana convocó a las Sacerdotisas. Las reunió en la cueva, alrededor del altar.
–         Hermanas, nos acecha la oscuridad. Me he reunido con Merlín y Viviana. Nos hemos de cuidar. Nos mandan a sus siervos envueltos en un aspecto dulce. Pero llevan su daga en el cinto.
Debemos atender a esa niña con apariencia de hada. Pero con nuestro ojo del alma abierto. Nos preguntará, nos cuestionará y nos traicionará. Hagamos nuestro trabajo con cautela y unidas como siempre.
Todas salieron de la cueva y se fueron a sus quehaceres normales, diarios.
Morgana fue a ver a la niñita. Esta, cuando la vió, empezó a llorar. Le contó que había perdido a sus padres y hermanos, que se sentía muy sola y no sabía hacia a dónde caminar. Se sentía bruja, pero quería volar con sus alas.
Morgana la atendió amorosamente. La tomó como discípula predilecta, aún con las advertencias de sus tres consejeros especiales.
Pasó el tiempo, todo parecía normal. Hasta que una noche Morgana se despertó de repente y vió salir a la niña de la cueva. Se levantó y lo primero que vió fue una piel en el camastro de la niña. Se sorprendió y salió tras ella. Fue fácil encontrarla, ya que vestía una capa roja. La siguió por el bosque, llegando hasta donde las brumas se disipan. Se arrepintió de seguirla.
La vió hablar con varias personas, seres. Era como un cónclave. Había hasta un Sacerdote Mayor, al que Morgana reconoció. Fueron unos segundos, pero suficientes como para reconocerle. La recorrió un tremendo escalofrío. Y regresó a su cueva, se acostó, se hizo la dormida y esperó al día siguiente.
Amaneció. El día empezó en Ávalon con toda normalidad. Aparente.
Morgana alertó a tres de sus hermanas. Las tres con las que más trabajaba, en las que siempre confiaba. Ya eran cuatro en alerta.
La niña fue hablando con todas. Tenía su encomienda, dada la noche anterior.
Morgana se apartó con sus tres hermanas y acordaron desenmascarar a la niña. Empezaron a hablarle, todas las Sacerdotisas en círculo. Al ir preguntándole a la niñ
a, poco a poco se fue derrumbando y quedó al descubierto. Su cometido quedó claro. No se pudo defender y empezó a mentir y a arremeter contra Morgana. Blasfemó, gritó y lloró.
Morgana la consoló y la llevó a la cueva donde le dió cobijo. Una vez allí recogió sus cosas, las metió en un atillo y la tomó de la mano. La montó en su caballo, delante de ella… no detrás y se dirigió al lago. Allí esperaba su barquero fiel junto con su compañero de remo. Subieron en la barca, aún montadas en el caballo. Cruzaron el lago, bajaron de la barca, la desmontó y le habló:
–         Mi querida niña, aquí termina tu adiestramiento. Ha sido breve pero porque tú has querido. Se ha de ser limpio de alma para permanecer en Ávalon y tomar allí enseñanzas. Tú no eres limpia de alma. Vete con tus congéneres, aunque las puertas de Ávalon no se te cierran. Feliz partida.
Morgana subió a la barca, con su corcel blanco cogido de la rienda, y partió de nuevo hacia Ávalon. La niña la miraba desde la orilla, con asombro y rencor. Sus ojos sólo mostraban ira.
Y Morgana lloraba. Lloraba por la niña y por una nueva traición… y en silencio pensaba si nunca terminaría esa persecución por parte de la oscuridad. Y lloró hasta llegar a Ávalon y poder abrazarse, en un eterno abrazo, con sus hermanas.
Nadie conoce los secretos de Ávalon tan bien como Morgana y sus Sacerdotisas. Ellas lo van a guardar y proteger eternamente y vida tras vida.
Y aquí termina la traición anunciada de la dulce hadita… la muy dulce hadita.
Autora: Morgana Barcelona. Registrado en:

Brujas.

Nosotras no somos malvadas.
No dañamos ni seducimos a la gente.
No somos peligrosas.
Somos gente común como tú.
Tenemos familias, trabajos, esperanzas y sueños.
Nosotras no somos un culto.
Esta religión no es una broma.
Nosotras no somos como tú piensas por ver la televisión.
Nosotras somos reales.
Nosotras reímos, lloramos.
Nosotras somos serias.
Nosotras tenemos sentido del humor.
No tienes que temernos.
Nosotras no queremos convertirte.
Y por favor no trates de convertirnos.
Sólo danos el mismo derecho que te damos: vivir en paz.
Nosotras somos mucho más de lo que piensas.
Nosotras somos uno con la Naturaleza…
Autora: Andrea Paulina.